ÚLTIMA HORA
“32 comarcas, 919 municipios en la Mancha” • La Diputación de Cuenca acoge la entrega de premios del VI Concurso Nacional de Cultura Clásica “Ciudad de Cuenca” • El Casino La Unión de Tarancón celebra a partir del lunes 25 de mayo su Semana Cultural • La Diputación de Cuenca reconoce el talento de 63 jóvenes deportistas de la provincia con sus becas deportivas • La nueva Ley de Calidad Ambiental dotará a Castilla-La Mancha de un marco normativo propio, alineado con la normativa estatal y europea

El poeta de Tarancón Javier Navarro presentó este fin de semana su tercer poemario «Renaceres de Esperanza» en el Hotel Ansares de la localidad

El poeta de Tarancón Javier Navarro presentó este fin de semana su tercer poemario «Renaceres de Esperanza» en el Hotel Ansares de la localidad

Este fin de semana el poeta taranconero Javier Navarro ha presentado su tercer poemario «Renaceres de Esperanza» en Tarancón, el viernes en el Hotel Ansares y el sábado en el Casino La Unión.

Una velada agradable la del viernes a la que asistió un nutrido grupo de personas, que disfrutaron con el buen hacer del joven escritor que demostró también sus grandes dotes interpretativas, no en vano es estudiante de Arte Dramático, durante el mismo Javier Navarro reflexionó junto al público sobre temas existenciales como Dios, la felicidad, el amor, la muerte, la vida…

El acto finalizó con la actuación del grupo local «Sotanillo» que amenizó la parte final de la presentación con varios temas de su repertorio.

A lo largo de este verano el escritor taranconero Javier Navarro ha presentado también su libro «Renaceres de Esperanza» por distintos pueblos de la geografía conquense, y a finales de octubre hará lo propio en Casa Parada.

El libro según cuenta el propio autor, tiene un propósito medioambiental, ya que por cada libro vendido, plantará un árbol en la Ermita y por cada árbol donará un Euro a Ecomar que es una asociación para limpiar los océanos… y se puede adquirir en «Tienda de las Palabras».

El poeta taranconero Carlos Morales nos ofrece su particular visión del acto de presentación: 

«Hace unos días tomé mi garrotín y me lancé carretera «alante» hasta llegar al Hotel Ansares, en cuyo auditorio el joven poeta taranconero Javier Navarro Catalan presentó su libro Renaceres. Me llamó poderosamente la atención la voluntad escénica que impulsaba su escritura, muy en la línea, aunque salvando las distancias, de la que nos regala Alejandro Céspedes en sus comparecencias. Coincidí en ello con mi amiga Paqui Lozano Lozano, que se confiesa confesa admiradora del poeta de los astures. Navarro «representó» literalmente sus cantos a la esperanza, con la pasión enardecida que es propia de la juventud, para la que nunca habrá murallas ni barrotes suficientemente poderosas como para detener el vuelo de sus pájaros. El suyo era un arte casi global con el encanto de aquellos cantos de cordel, donde los viejos juglares medievales recitaban sus versos señalando con un junco los dibujos en un papel arrugado y sucio con que intentaban ilustraban ilustrar las historias de amor y de venganza. En sus gestos resplandecía la fe fabulosa que arde en el pecho de la juventud en que es posible reconstruir las puentes que nos lleven a un mundo nuevo donde pueda crecer la individualidad hacia lo alto y los velos de la dicha. Y de pronto, para la dicha de todos, aparecieron los chicos del Sotanillo, estirando la voz y meneando las guitarras a los cielos de la añoranza y también de la melancolía, mi amigo Antonio Rey Lirio, al que sus apellidos le obligan por sí mismos a su hermoso oficio de librero, mi amigo Benito, que en los tiempos de su juventud fuera actor, la blanca cabellera de don Enrique, que parece un caballero sacada de un cuadro del Greco, y Jose Antonio Luis y don David, con las letras de Machado y el hervor de la humildad de sus canciones. Todo aquello me sirvió para acordarme de lo que yo mismo intentaba hacer en los años de mi obscena juventud, y del pequeño lugar del mundo en que nací, y adonde no hago otra cosa que volver, con toda mi gratitud, y algún que otro poema colgado en el ojal de mi camisa».