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Bibliocatessen, encuentro de bibliotecas rurales habitables

Bibliocatessen, encuentro de bibliotecas rurales habitables

Cuarenta profesionales de bibliotecas, edición, cultura y creación de doce provincias se dieron cita en Priego (Cuenca) en la tercera edición del Bibliocatessen, un encuentro bienal que entrelaza poesía, territorio y compromiso lector desde el ámbito rural.

“Ahí, donde termina la alta Alcarria, empieza el pino, hacen cuesta las viñas…”, con estos versos del poeta pricense Diego Jesús Jiménez recitados por Martín Muelas dio comienzo el programa oficial del tercer convite del Bibliocatessen, que este pasado fin de semana ha reunido en Priego a cuarenta profesionales de las bibliotecas, del sector del libro, el artístico y el cultural, de doce provincias españolas, para compartir sus experiencias.

Este encuentro, que celebró su primera edición en 2016 en Rodas Viejas (Salamanca), con Raúl Vacas e Isabel Castaño como primeros anfitriones, sirvió, en palabras de Félix Albo, generador e impulsor de esta iniciativa, para que “con tanto hilo de poesía se trenzara un cordel que decidimos urdir cada dos años”, aunque tuvieron que pasar casi ocho años para que la iniciativa se repitiese en 2024 en Tragacete.

En esta tercera edición, celebrada en Priego (Cuenca), que ha contado con el patrocinio de la Cátedra UCLM-Diputación de Cuenca de Oportunidades para el Reto Demográfico, la poesía ha vuelto a formar esa trenza que “conecta pasiones, militancias, donde hemos compartido dudas, caminares y compromisos y donde nos hemos sabido cómplices de quienes se mueven desde la profesionalidad, el convencimiento y las ganas”, explica Félix Albo.

Aunque las microponencias se reservaron para el sábado, la noche anterior los participantes compartieron un primer encuentro en la tradicional cena de “sobaquillo”, en la que cada cual aportó aquello que había elaborado o comprado para ponerlo en común. Un espacio distendido que sirvió para ir trenzando las primeras conversaciones mientras, afuera, arreciaba la lluvia.

Con la animada biblioteca de Priego como escenario, y acogidos por Mila, bibliotecaria de la localidad, por su alcalde, Salvador, y por Raquel, concejala del municipio, el Bibliocatessen contó con unos anfitriones excepcionales que, además, hicieron realidad los versos del poeta pricense: “Este / es tu pueblo. / Esta es tu casa.”

El sábado amaneció soleado en la tierra del mimbre, y la jornada se abrió con la citada ponencia inaugural de Martín Muelas Herráiz, quien propuso una reflexión de fondo sobre el presente y el futuro de las bibliotecas rurales en ¿Bibliotecas rurales o ruraltecas?. A lo largo del día, el programa recorrió experiencias diversas que pusieron el acento en el cuidado, la inclusión y la innovación. Ana María Ruiz López (Madrid) compartió, desde el ámbito sanitario, el poder terapéutico de la lectura en Entre sirenas y libros… que salvan vidas, mientras María Muñoz (Madrid) abordó los retos de las comunidades multilingües y el papel de la biblioteca como mediadora cultural en ¿Y tú qué hablas?. Dory Manzano del Mazo (Talavera de la Reina) presentó el modelo de bibliotecas de doble uso desarrollado en su ciudad como una fórmula eficaz para extender los servicios bibliotecarios a toda la comunidad.

La relación entre edición, territorio y comunidad estuvo presente en En el bosque Kalandraka, de Belén Sáez (Ávila), y en La biblioteca como libro habitable, de Rocío Domínguez y Velázquez de Castro (Berja), que mostró la biblioteca como un espacio que se vive, se recorre y se comparte. La dimensión cotidiana y relacional de estos espacios apareció en propuestas como La biblioteca en compañía, de Teresa Gomis Baixauli (Guadassuar), y La biblioteca, el cuarto de estar de la comunidad, de Laura Vázquez Gallego (Chinchilla de Montearagón), centradas en la biblioteca como lugar de encuentro intergeneracional.

El programa se completó con reflexiones sobre mediación lectora, planificación, memoria y acogida social: Igor Idoeta Irazabal (Markina-Xemein) cuestionó qué entendemos realmente por un plan municipal de lectura; Eva Andújar (El Saler) acercó la experiencia de las bibliotecas humanas y la potencia transformadora de la palabra escuchada; Manolo Sola (Purchena) compartió el proyecto Biblioteca de Acogida como corazón social de su pueblo; y Lorena Villegas (Gelsa) cerró el recorrido con Del río al bosque, una invitación a reconectar biblioteca y entorno natural. En conjunto, las intervenciones dibujaron un mapa vivo de bibliotecas entendidas como servicio público esencial, espacio cultural y refugio comunitario.

Mira, la claridad del campo. Este verso de Diego Jesús Jiménez podría servir de lema para la visita a la localidad y su entorno, acompañados por el alfarero y poeta del barro Jesús Parra. Los campos y cerros que rodean Priego se mostraban en toda su belleza tras tantos días de lluvia. La visita comenzó en el convento de San Miguel de la Victoria, con el río Escabas allí abajo, marcando el paisaje y la memoria de los siglos.

Ya en la ciudad, Parra fue guiando al grupo entre versos y leyendas desde el Torreón de Despeñaperros, pasando por el antiguo Palacio de los Condes de Priego, hoy sede del Ayuntamiento, en el corazón urbano, hasta atravesar el arco que aún conserva las huellas de la antigua muralla. El recorrido culminó en el alfar de Jesús Parra, donde el barro y las manos del artesano volvieron a obrar el misterio milenario de convertir la tierra en un botijo. Una escena tan cargada de magia que incluso pareció sonar Unchained Melody, de The Righteous Brothers.

Como dice el proverbio “islababeliense”, si a un papiro lo mece el viento, sueña con convertirse en cuento. Y si eso le ocurre a una biblioteca, el resultado fue un recital. Así fue como, tras la dinámica poético-emotiva-conclusiva, Félix Albo dio paso a un recital de cuentos breves en el que participaron, además de él mismo, Magda Labarga, Cristina Verbena, Eva Andújar y Mario Caballero. La jornada se cerró compartiendo las viandas de “sobaquillo”, acompañadas de carne de membrillo elaborada por el propio Chencho, alcalde de Priego.

Y el domingo, mientras quienes asistieron a este exquisito encuentro profesional regresaban a casa, la luna llena apareció en el horizonte y, en uno de sus mensajes, llegó el mensual mensaje de Félix Albo: “Me gusta cuando la niebla pinta el bosque, como de humo. Los árboles opacos parecen taparse con una sábana que cubre valles en escala de grises”. Lo que empieza con poesía, con poesía termina: “En noches como esta me paro y la observo. Primero la luna. Luego la sombra”.