La lluvia y el frío impidieron la merienda en la ermita, aunque los taranconeros mantuvieron vivo el ritual gastronómico en sus casas y visitaron al Santo en el Santuario
La festividad de San Blas en Tarancón ha estado marcada este año por una meteorología adversa que ha condicionado los planes de los vecinos. El mal tiempo, protagonista indiscutible de la jornada, impidió que la pradera de la ermita se llenara, como es habitual, de familias y grupos de amigos.
Debido a las inclemencias climáticas, fueron pocos los valientes que se animaron a mantener la costumbre de compartir la merienda al aire libre. Sin embargo, el temporal no pudo con el paladar taranconero: el menú típico de San Blas —compuesto por la tortilla, el chorizo y la naranja— fue degustado de forma masiva en gran parte de las casas de la localidad, trasladando la convivencia del campo al calor del hogar.
Fidelidad en el Santuario de Riánsares
Más allá de lo gastronómico, el sentimiento religioso y la tradición permanecieron intactos. Pues vecinos y vecinas desafiaron la lluvia para desplazarse hasta el Santuario de Riánsares.
Allí, cumplieron con el ritual de visitar la imagen de San Blas, que estos días preside el altar mayor acompañando a nuestra patrona. Un gesto que demuestra que, aunque el tiempo obligue a cambiar el escenario, el compromiso de Tarancón con sus raíces sigue siendo inquebrantable.


















