Este domingo 31 de marzo marca el inicio del horario de verano en Europa, con el primer cambio de hora de 2024. A las 02:00 horas de la madrugada, los relojes se adelantarán una hora, convirtiendo automáticamente las 02:00 en las 03:00.
Esta práctica, que se lleva a cabo dos veces al año en los países de la Unión Europea, tiene como objetivo principal aprovechar la luz solar y ahorrar energía. Sin embargo, no está exenta de controversia. Expertos, como los de la Sociedad Española del Sueño, han señalado en repetidas ocasiones los posibles efectos perjudiciales de estos cambios en el ciclo de sueño de las personas.
La tradición de cambiar la hora tiene sus raíces en el pasado. Se remonta a 1916, cuando Alemania y Austria implementaron por primera vez esta medida, seguidas por España en 1918, como medida de ahorro de carbón durante la Primera Guerra Mundial.
Aunque más de 140 países han alterado su hora en algún momento, aproximadamente la mitad ha abandonado esta práctica, mientras que 75 países, incluidos los de la Unión Europea, continúan haciéndolo. No obstante, hay excepciones como Islandia o Bielorrusia, que no ajustan sus relojes.
La controversia en torno a estos cambios horarios ha aumentado en los últimos años, llegando incluso a plantearse la eliminación de los mismos. En 2018 se inició un proceso para suprimirlos en 2019, aunque finalmente se consideró prematuro y se pospuso la decisión.
Con la llegada del cambio de hora, surge la duda sobre qué dispositivos deben ajustarse manualmente. Relojes de pared, despertadores analógicos y algunos electrodomésticos que no estén conectados a Internet necesitarán ser cambiados a mano. Por otro lado, los dispositivos con sistemas operativos modernos se adaptarán automáticamente al horario de verano, evitando madrugones innecesarios o retrasos.

















