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45 años a celebrar. Lecciones por aprender

45 años a celebrar. Lecciones por aprender

(Artículo de Paco de la Rosa Secretario general de Comisiones Obreras Castilla-La Mancha)

Sin optimismo es imposible transformar la realidad, así que permítanme ser optimista y agitar hoy 6 de diciembre estas tres banderas: Convivencia; pluralismo político; un orden económico y social justo. No es el programa extremista de ningún gobierno extremista, es parte de la Constitución Española que conmemoramos.

Desde Comisiones Obreras Castilla-La Mancha vivimos cada año esta efeméride como algo propio, desde la legitimidad de haber sido uno de los movimientos protagonistas para que el país se dotara de esta Carta Magna y dejar atrás los tiempos oscuros. Porque ese trabajo lo hizo la oposición al dictador y sus ganas de seguir adelante con un franquismo sin Franco, incluso amnistiando delitos de sangre en un ejercicio de altura de miras del que nos conviene aprender.

Ese trabajo tiene la marca de la clase trabajadora organizada, hombres y mujeres que desde mucho antes de la agonía del dictador pusieron la lucha clandestina, las huelgas, las protestas, la propia vida. Hombres y mujeres que sufrieron las represalias, los despidos, los arrestos, la tortura, la cárcel, el exilio.

Es obligado recordar este preámbulo a la Constitución, esta Historia de España de hace apenas medio siglo, sobre todo ahora que hay quien se atreve a llamar “constitucionalistas” a los que levantan el brazo, loan al dictador y a la dictadura, y hasta alegremente tildan de dictadura el tiempo político actual. Se equivocan, y justamente se equivocan los mismos que hace 45 años profetizaron el fin de los tiempos al aprobarse la Constitución.

Los paralelismos de entonces y ahora obligan a practicar el optimismo con el que empezaba este artículo, y convencer a los no convencidos de que esta sociedad española nuestra y sus expresiones políticas necesitan como nunca antes dar una oportunidad al diálogo, emplear la Constitución como un instrumento de camino compartido, y no como un arma que tirarnos a la cabeza unos a otros. En el trabajo sindical estamos muy habituados a sentarnos a la mesa con quien disentimos, con quien confrontamos, sin que eso impida reconocer el papel del contrario y el imperativo de hablar con él, trabajar para el acuerdo, sin perder ni un ápice de firmeza o convicción. ¿Ese punto de partida no sirve para la política? ¿De verdad es tan osado dar una oportunidad al entendimiento, cuando hemos vivido los frutos de la crispación, la polarización y el enfrentamiento?

En este 45 aniversario de la Constitución desde luego España no se rompe, y si tiene grietas son las provocadas de quien ha legislado contra la igualdad de hombres y mujeres, contra el empleo digno, quienes allá donde pueden niegan la violencia contra la mujer y los derechos de las personas migrantes. Que se guarden sus malos augurios los que han venido fallando una y otra vez en sus pronósticos para este Gobierno de coalición (han errado el tiro una y otra vez sobre la evolución de la economía y el empleo). Porque pese a la hipérbole, al ruido y a las amenazas de algunos, estoy seguro de que este es tiempo para el diálogo, para la sensatez, tiempo de reclamar y conquistar derechos sociales ejerciendo el diálogo social que tan buenos frutos ha dado en estos años. Y hay que hacerlo desde el optimismo que siempre alimenta la paz y la palabra.

Tomemos nota de las lecciones de hace 45 años, aprendiendo también del recorrido hecho desde entonces, donde hay quien quiere ir hacia atrás, incluso invocando ideales que les quedan muy grandes, como la igualdad o la libertad. Aquella democracia joven supo orillar a los fundamentalistas, y decirles que su tiempo pasó. Ese tiempo, el de la hipérbole, el ruido y las amenazas, no puede ser nuestro tiempo nunca más.