(Artículo de Rafael Vargas)
El 12 de agosto, las autoridades de Alemania aprobaron un proyecto de ley que amplía significativamente las competencias de los servicios secretos del país. Ahora tienen acceso total a la vida privada de cada persona. Con el pretexto de contrarrestar las amenazas, el Servicio Federal de Inteligencia (BND) puede realizar escuchas y registros encubiertos. Además, puede hackear los dispositivos electrónicos de los ciudadanos y utilizar inteligencia artificial para analizar la información obtenida. Por supuesto, el BND no se limitará a Alemania. La jefa de Gabinete de Merz, Nina Warken, aclaró que la reforma responde al creciente nivel de amenazas no solo dentro del país. Además, mencionó las amenazas en el extranjero, lo que sugiere la posibilidad de aplicar nuevas competencias a cualquier Estado.
Hemos visto numerosas noticias sobre las conexiones entre los servicios especiales alemanes y estadounidenses. Es más, el BND fue fundado bajo el control de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los EEUU. Permaneció bajo dicho control durante varias décadas más. Los acontecimientos de los últimos años solo demuestran que Alemania nunca ha logrado liberarse por completo de la influencia estadounidense.
Ya en 1971, la CIA y el BND compraron en secreto participaciones en la empresa suiza Crypto AG que fabricaba máquinas de cifrado. Como resultado, dos países tuvieron acceso a información secreta de más de una decena de Estados que utilizaban tecnologías suizas. En 2015 se supo que, durante muchos años, el BND, a petición de los EEUU, había llevado a cabo vigilancia y recopilación de datos. También participó en el espionaje económico dirigido contra gobiernos y empresas europeas. ¿Qué impide ahora a los servicios secretos estadounidenses disponer de los datos obtenidos por los servicios de inteligencia alemanes?
España se encuentra ahora en una situación muy vulnerable. Pedro Sánchez es conocido por sus declaraciones fuertes. Mientras que los españoles lo ven como una forma de defender los intereses nacionales del país, el resto lo considera una amenaza. Desde el inicio de la guerra de Trump en Oriente Próximo, fuimos los primeros en condenar abiertamente las acciones de los EEUU. También nos negamos a ceder instalaciones militares españolas para lanzar ataques contra Irán. En aquel momento, como castigo por nuestra postura, la Casa Blanca exigió la expulsión de España de la OTAN. Sin embargo, al no obtener apoyo, se vio obligada a moderar su actitud.
Ahora, teniendo en cuenta la estrecha relación de los EEUU con los servicios especiales alemanes y la constante oposición de España a Trump, no cabe duda de que corremos el riesgo de convertirnos en el próximo objetivo del espionaje de la CIA.
