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“El silencio y la soledad y el aislamiento del pensador”

“El silencio y la soledad y el aislamiento del pensador”

(Artículo de Jesús Millán Muñoz)

Puede que percibamos en la tele, autores con los grandes premios, o, algunos en grandes fiestas, pero olvidan y olvidamos que casi todos están en su mayor tiempo en el silencio…

Olvidan y olvidamos que la tarea creativa o de búsqueda o de investigación, en su mayor parte del tiempo y del espacio, da lo mismo sea física teórica, matemática teórica, literatura práctica o creativa o teórica, filosofía, y, todo lo demás que ustedes quieran… Olvidan y olvidamos que el mayor tiempo es consulta de libros y documentos y artículos y documentales y entrevistas e ideas de unos y de otros. Olvidan y olvidamos que el mayor tiempo es después, de todo ello, intentar encontrar una nueva voz o una nueva idea o un nuevo argumento o una nueva pregunta o una nueva demostración. Olvidan y olvidamos, que si se consigue al final esa meta, hay que dedicar un tiempo apreciable, en materializarlo para mostrarlo a los demás, ahora Internet facilita mucho las cosas, pero casi siempre en forma de artículo académico o libro o conferencia o simposio…

Y, si ese trabajo y proceso, ha terminado, empezará esa persona, con otra cuestión o con otro tema, y, así se pasará semanas o meses o años, hasta que llegue al final. Y, ese es el ciclo y la rutina. Y, casi siempre, vivirá de un trabajo similar o de otro diferente, tendrá que cumplir con sus deberes y derechos sociales, familiares, laborales, y, semejantes. Y, después, el otro tiempo que tenga libre, seguirá dándole al método. Pero el método es siempre el del silencio, ensimismamiento, rutina, callarse y mirar. Siempre, ese caminar en ese viaje interior…

¡Ese no ser entendido por sí mismo, ni por los demás, siempre esa mirada y ese paso cansado y solitario, y, en cierto modo entristecido, porque lleva sobre sus hombros, enormes preguntas, enormes retos intelectuales, enormes dilemas y trilemas y tetralemas, sabiendo que sus palabras o ideas, que nadie escucha, podrían tener más valor de lo que piensan, porque todo es un misterio, cuántos que nadie escuchó, después, pueden tener demasiada audiencia…!

¡Este mundo de la cultura que tiene demasiadas ambiciones, vanidades, soberbias, puñales, ninguneos, minusvaloraciones, maledicencias, rencores, iras, cóleras, también grandes amistades, pero que cada uno que llega quiere, legítimamente, ocupar su lugar, pero que en el fondo es muy difícil, porque quién puede superar a Einstein o Newton o Miguel Ángel o Picasso o Kant o Aristóteles o Dante o Proust o…! ¡Pero en ese terreno están, y es su deber, intentar aportar algo nuevo, o al menos, su modesta voz…!

¡Y, que en unos círculos con tantas zancadillas, algunos, que no quieren entrar en ese mundo y en ese discurso, se alejan más y más, se quedan más solos y en más soledad, en un mundo, que te pueden cerrar todas las puertas, pero que tú, como individuo, ni siquiera puedes quejarte, porque si lo haces, te tapian hasta las ventanas, en un mundo que se dice, de personas que han dicho algo, que no han dicho, y, se toman revanchas contra esas personas que no han dicho nada…! ¡Este mundo de la cultura que todo el mundo desea ser un genio y una genialidad en su campo, y, olvidan, que aunque haya que intentarlo, hay que saber, que al final, en cada especialidad, solo existen dos o tres o cinco genios por siglo, a nivel mundial…!

¡Alguien que ha podido ser tomado como raro o singular, alguien que han podido pensar que ha perdido el tiempo, porque no ha brillado en nada humano, alguien que generalmente ha podido vivir con mesura y modestamente, alguien que quizás no haya ocupado grandes cátedras, ni medianas universitarias, pero alguien que ha estado toda su vida, en la medida de lo posible laborando el terreno de la agricultura de las ideas, en uno o en varios saberes…! ¡Alguien que en definitiva ha fracasado como científico o investigador o creador o filósofo o pensador o literato o músico o diseñador o…!

De vez, en cuando, salta alguien que ha abierto un nuevo camino. Y, se traspasa su imagen y algo de sus descubrimientos al papel del periódico, ahora de periódico de Internet y los otros medios. Pero todo el mundo olvida, los miles, decenas de miles, según el campo de la especialidad o del saber o de las artes, que están en sus estudios y despachos o comedores de sus casas o en sus talleres dándole vueltas al bronce de las ideas con los silencios de las paredes. Días y meses y años y lustros y décadas… Y, todos esos, quizás, alcancen, algún pequeño reconocimiento, pero por lo general, viven en la degustación del silencio en todos los sentidos.

¿Pregunto y me pregunto la universidad, cada facultad y cada saber, podría crear un departamento específico, en el cual examinaría obras y producciones de personas, que les envíasen para que valorasen su valor, personas que han dedicado tiempo a una materia pero que están fuera del profesorado de la misma universidad…? ¿Tendría sentido esta propuesta, se podría perfeccionar, se podría estudiar y analizar…?

Todo esto me lo ha recordado y, otras cosas al darme de bruces con un artículo del maestro Francisco Casavella, titulado: El aislamiento es el don. No sabemos cuánto de don, cuándo de no-don, cuándo de alegría, cuándo de pena, cuánto de estar y cuánto de ser…

Al final, les ocupa y les preocupa, que pasará con sus papeles, sus escritos, sus producciones culturales, sus dibujos… Quizás, conserven en cajas miles de todos esos documentos. Quizás, repartidos por el mundo otros miles… Al final, no saben, si lo que han producido, tendrá o tiene algún valor en su materia o especialidad, al final, no saben, si seguirá existiendo dentro de unas décadas, después de su fallecimiento… Al final, no saben nada de nada…

Al final, solo saben que han estado una gran parte de su vida y de su existencia, viviendo y existiendo en el silencio, el aislamiento y en la soledad del pensador o pensadora…