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La lectura no entiende de kilómetros

La lectura no entiende de kilómetros

(Artículo de Amador Pastor Consejero de Educación, Cultura y Deportes)

Hay políticas públicas que no hacen ruido, que no se anuncian con grandes cifras ni ocupan titulares llamativos, pero que sostienen de forma silenciosa la vida cultural y educativa de un territorio. El bibliobús es una de ellas. Cada 28 de enero celebramos en España su día, no como una efeméride menor, sino como una ocasión para reconocer uno de los instrumentos más eficaces de igualdad cultural y cohesión social.

En una comunidad extensa y diversa como Castilla-La Mancha, el acceso a la lectura no puede depender del tamaño del municipio ni de la distancia a los grandes núcleos urbanos. Garantizar el derecho a la cultura implica tomar decisiones concretas, y una de ellas es clara: cuando no es posible que exista una biblioteca fija, la biblioteca debe moverse. El bibliobús nace precisamente de esa convicción.

Actualmente, ocho bibliobuses recorren nuestra región de forma regular, realizando más de 350 paradas en 330 municipios y acercando los servicios bibliotecarios a cerca de 70.000 habitantes. Estas cifras no son solo un indicador de alcance territorial; son una expresión tangible de una política pública que entiende la cultura como un derecho y no como un privilegio condicionado por el lugar de residencia.

Vivimos en un tiempo marcado por la aceleración, la saturación informativa y el consumo rápido de contenidos. Frente a ello, el bibliobús propone algo tan sencillo y tan necesario como detenerse. La filósofa Remedios Zafra ha señalado que «el tiempo para pensar se ha convertido en un bien escaso». El bibliobús, con su ritmo periódico y su presencia esperada, devuelve ese tiempo: el de elegir un libro, el de conversar, el de leer sin prisa.

Nada de esto sería posible sin las personas que hacen funcionar este servicio. Bibliotecarias y bibliotecarios itinerantes que no solo gestionan fondos o conducen kilómetros, sino que conocen a sus usuarios, recomiendan lecturas con criterio y crean vínculos estables. Como recuerda Marina Garcés, «pensar no es una actividad solitaria, sino una práctica compartida». En cada parada del bibliobús, pensar y leer se convierten en una experiencia comunitaria.

El bibliobús cumple además una función social que va más allá del fomento de la lectura. Combate la soledad no deseada, refuerza la vida cultural local y acompaña el aprendizaje a lo largo de toda la vida. El sociólogo Richard Sennett ha escrito que «una sociedad decente es aquella que no humilla a sus miembros». Garantizar el acceso a la cultura, también en el medio rural, es una forma concreta de no humillar, de no excluir y de reconocer la dignidad de todas las personas.

Desde el Gobierno regional somos conscientes de que este servicio requiere inversión sostenida, planificación y renovación. Un bibliobús no es eterno: envejece, se desgasta y necesita ser cuidado para seguir cumpliendo su función. Apostar por su mantenimiento y mejora es una decisión política clara que conecta educación, cultura y equilibrio territorial. Porque la lucha contra la despoblación no se gana solo con infraestructuras, sino también con servicios que hagan habitable y deseable vivir en nuestros pueblos.

Hoy, Día del Bibliobús en España, quiero agradecer de manera expresa la labor de quienes lo hacen posible: profesionales comprometidos, ayuntamientos colaboradores y usuarios que esperan cada parada como quien espera algo importante. Porque un bibliobús no se mide solo en kilómetros recorridos, sino en oportunidades creadas y en vidas acompañadas.

Celebrar el bibliobús es reafirmar una convicción profunda: que la cultura compartida construye ciudadanía y que ponerla sobre ruedas sigue siendo, hoy, una de las mejores decisiones públicas que podemos tomar.