(Artículo de Manuel Valencia Alonso )
«Quien piensa que todo debe hacerse por amistad, es injusto»—decía Cicerón en “De Amiticia”—, en donde establece unos límites éticos, para que la lealtad no sirva de escudo para la corrupción, el favoritismo o el encubrimiento.
Es muy natural que, entre los dirigentes políticos, referido al ejercicio público de su función, tengan entre ellos amistad, incluso una estrecha amistad, aunque los límites estén establecidos por la ética y la moral, y esto no siempre se produce. No se puede defender a ultranza, por parte del gobierno, a un expresidente que ha sido imputado por la Audiencia Nacional. Creo que las manifestaciones que debería hacer el gobierno, a este respecto, deberían ser más prudentes; casi nulas, diría yo, a la espera de los distintos sumarios y disposiciones de los jueces. Cosa distinta, acusaría de forma más o menos velada la falta de objetividad y la invalidación de los distintos informes policiales, que se producen en la instrucción y al propio juez, y esto es otro asunto.
Si en las primeras manifestaciones, una vez conocido el auto del juez se habla de “lawfare”, juez fascista o allegado a posiciones próximas a la oposición; estaríamos desacreditando la sagrada labor del juez e intentando tapar la verdad. ¿Se puede criticar el auto del juez? Por supuesto, se puede y se debe; pero con argumentos jurídicos y no con impresiones producto de la amistad y menos aún, poniendo de pantalla los grandes méritos del personaje, los cuales no justifican, en absoluto, la presunta comisión de un delito.
La fiscalía como siempre “a por uvas”, cuando este es un caso que, en principio, viene del 2021 y ha nombrado a distintas personas vinculadas con el PSOE e incursas en otros procesos; pero la fiscalía no encontraba indicios suficientes de delito. ¿Y ahora por qué?, si los actores eran los mismos y las empresas a las que aludían también eran las mismas. ¿Acaso los casos relacionados con nuestros políticos tienen que denunciarlos la justicia europea?

