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“Lo que vamos dejando y Ramón Serrano G.”

“Lo que vamos dejando y Ramón Serrano G.”

(Artículo de Jesús Millán Muñoz)

Todos hacemos cosas, todos hablamos cosas. Todos vamos dejando cosas en este mundo. Pueden que duren unos meses o unas décadas o unos siglos. Todos dejamos cosas.

Independientemente de que seamos de una ideología o de otra, de una posición social o cultural o económica o… todos dejamos cosas. Algunas cosas, quizás, no seamos conscientes de ellas, algunas permanecen o tienen sus ecos, en solo unos meses, otras pueden que duren décadas y siglos. Unas, pueden afectan a una persona, otras a cientos o, quién sabe a millones. Me llama mucho la atención el Puente Romano de Alcántara, realizado por personas libres, arquitectos o ingenieros romanos, pero también por la legión romana, eso dicen, y, posiblemente por personas a sueldo o libres, pero también por esclavos. Es una realidad que ha permanecido con nosotros veinte siglos, casi veinte siglos, empezó el 104 d.C.

Díganme ustedes, posiblemente, ninguno de los constructores, salvo los ingenieros son o fueron conscientes que hacían una obra, como todas las romanas, para que perdurasen durante siglos. Esa era su idea de construcción, según dicen los expertos. Pero quizás, no fueron conscientes que su civilización y su imperio caerían en decadencia, y, que después vendrían otros pueblos, otras culturas, otras religiones. Otros hombres.

Y, te sitúas frente al Puente de Alcántara Romano, también el Acueducto de Segovia y, otras obras, que han sido útiles durante siglos. Y, te dices, cuánta huella dejan los hombres. Posiblemente las personas que trabajaban a sueldos, los legionarios romanos, los esclavos que estuvieron construyendo en algún oficio para hacer este puente, no fueron conscientes que su obra, su trabajo, fuese grande o pequeño, -durase unos meses o unos años-, iba a tener una influencia para siglos y siglos, para generaciones de seres humanos, para millones de seres humanos…

Pues algo así, creo que nos sucede a los seres humanos. No sabemos si una palabra que digamos va a tener mucha influencia, si una frase, si un acto que realicemos… no sabemos, la huella de lo que decimos, deseamos, pensamos, hablamos, actuamos o no deseamos o no pensamos o no percibimos o no hablamos o no hacemos. Por eso, cada ser humano, se tiene que mirar en el espejo de la vida, e, intentar ser una “buena persona o una persona buena moralmente”. Porque sus actos, quién sabe como en el imperio romano, este puente, puede ser útil y eficaz durante siglos. Cuántos millones de personas habrán pasado por él. Cuántos corazones, con distintas intenciones, unos para casarse, otros para ir a trabajar, otros para conquistar otras tierras, otros para emigrar, otros para ir al hospital, otros…

En esta pequeña historia que voy haciendo sobre el articulismo de opinión de nuestro terruño ibérico o celtibérico, me he encontrado con un autor, Ramón Serrano G., que publicó un artículo o columna de opinión, en un periódico de Tomelloso, El Periódico del Común de la Mancha, titulada: El torno del alfarero, que si he entendido bien, como todo columnista nos habla de diversos temas. Pero nos dialoga con nosotros, diciéndonos de la importancia de las cosas pequeñas o medianas o grandes que hacemos. Que lo que hacemos deja huella.

A veces, me digo a mi mismo, cuándo encontramos y vemos las pinturas prehistóricas, acaso tenían idea, que durarían veinte o quince o treinta mil años. Y, que ahora nos fijamos en ellas, nos hacemos mil preguntas. Y, lo que es más importante, todavía influye en los autores de hoy. Mucha pintura del siglo veinte, mucha vanguardia está inspirada en las pinturas prehistóricas. Nos hemos dado cuenta, que en treinta milenios, desde Chauvet, apenas hemos avanzado en el arte plástico. Si hemos avanzado en algo, solo en algunas técnicas, pero quizás no, casi nada en el corazón y la esencia del arte plástico, porque al final el arte pinta o dibuja o escribe el corazón y el alma y la mente y la carne humana, y, ésta es esencialmente igual en estas últimas décadas de milenios –o, al menos eso dicen…-.

Quizás, haya que aprender y recordar, que un pequeño gesto, que una pequeña palabra, que una sonrisa pueda tener más importancia de la que pensamos. La inmensa mayoría de nosotros, no seremos gestores de grandes empresas, ni tampoco gestores de la rex pública, seremos personas normales, con nuestras familias o sin ellas, con nuestros oficios y profesiones o sin ellos, pero no nos recordarán dentro de cien años. Pero quizás algunos gestos que hagamos, quizás alguno de ellos, en alguna ocasión, quizás de alguna manera perduren. Perduren de una generación y en otra. El abuelo o bisabuelo que tuvo una virtud ha influido de alguna manera hasta los biznietos. El bisabuelo que tuvo una desvirtud ha influido, más de lo que se piensa, quizás negativamente en sus biznietos… Esta es la realidad…

Recuerdo, que Sánchez Ferlosio, escrito genial que se está olvidando, su padre Sánchez Mazas, que también era escritor y periodista, dice que su padre se encontró en la incivil guerra civil, en algún monte de los Pirineos, si mi memoria no me falla, se encontró en lo alto del monte, a un soldado republicano que con su fusil lo tenía encañonado, entonces Sánchez Mazas, pensó que era su fin, que moriría. Esa escena duró unos segundos eternos. Al poco tiempo, ese soldado republicano, bajó el fusil, y, se marchó. Por lo cual Sánchez Mazas, vivió y bajó a su regimiento o cuartel o compañía.

Me he preguntado muchas veces, qué sería de la vida de ese soldado del ejército  republicano, que no quiso matar a otro soldado adversario o enemigo, pero que no lo hizo. Quizás, si lo hubiese hecho, le habrían dado méritos, incluso quién sabe alguna medalla, o quién sabe algún permiso a su casa. Pero no lo hizo. Muchas veces, pienso y me pregunto, qué sería de ese soldado, moriría en el frente, volvería a su casa, estaría si vivó durante años o décadas trabajando en el campo, sin ser conocido por nadie, quizás en alguna fábrica de la migración… No sabemos si sería feliz o medio feliz, si tendría bienes de fortuna, si tendría hijos…

No sabemos nada, pero ese soldado republicano, sin saberlo, no solo permitió que una vida siguiese respirando, sino con el tiempo, ese soldado de aquel monte que no murió, al cabo de unos años tendría, tendría años después, a uno de los grandes escritores de esta Piel de Toro, Rafael Sánchez Ferlosio. Un pequeño gesto o un gran gesto, que ha tenido consecuencias enormes… Enormes, también porque los escritos de este escritor, esperemos perduren siglos… Aquel soldado de hace un siglo, aquel soldado como aquel otro legionario del Puente Romano, nunca sería consciente que ese gesto sus consecuencias tendrá siglos de ecos y permanencia…

Lean a este autor de artículos, vuelvo a reiterar, recuperen la memoria de este autor de artículos, que posiblemente, tenga obras inéditas en los cajones de sus familiares, Ramón Serrano G.