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“Nadie narra los defectos del pueblo”

“Nadie narra los defectos del pueblo”

(Artículo de Jesús Millán Muñoz)

A lo sumo se cuentan los defectos de un estrato social o de un oficio o profesión, pero raramente nadie se atreve a contar y cantar los defectos de todos y de todas.

Hemos entrado en una etapa histórica o en una fase histórica, que no es lo mismo, que hemos pasado de que en multitud de entes comunicativos y de opinión, se narraban defectos de las personas, en general, desde sermones hasta las cátedras y hasta los periódicos, a una situación o fase en la cual, nadie se atreve a indicar que tal realidad humana o social, es un error moral o un error psicológico o un error económico…

Cierto, que sobre algunos temas todavía se indican, pero incluso cada vez más matizados y con más perfiles de suavidad. En definitiva, que parece que de la noche a la mañana, se ha pasado en unas décadas, en una utilizada frase, de España negra y triste y caínita, a una España suave y de colores. Antes, todos eran errores morales o pecados, ahora, todo está bajo la bandera de la libertad y de la propia autoidentidad, y, por tanto, todo y todo y todo está bien o menos bien, pero bien.

Hemos confundido, en mi modesto entender, dos conceptos: que una cosa es la tolerancia, que tolerar, pongamos el caso de siempre, toleramos al que por las esquinas se va cayendo de la ebriedad que lleva todos los fines de semana, toleramos esa conducta, y, es más podemos sentir piedad y misericordia por ella y por esa persona y por ese individuo o individua. Y, otra cosa es que tengamos que expresar que esa conducta de ebriedad es buena en sí, o es aceptable, porque es mala, desde multitud de puntos de vista: psicológicos, biológicos, morales, afectivos, familiares, económicos, etc.

Este es el gran error, los viñetistas y humoristas, ya no saben que hacer, porque pueden realizar un chiste oral o televisado o escrito o una viñeta de humor, y, siempre habrá potencialmente, un grupo o colectivo o círculo que pueden demandarte o criticarte hasta la saciedad. Y, el humorista gráfico se encuentra frente al paredón del tribunal, que si es piadoso, lo deja estar y olvidar, pero de momento, ya tienen dolores de cabeza.

Hemos entrado en una sociedad, que nadie se atreve a indicar nada, nada contra colectivos, grupos y pueblo. Aunque siempre decirlo, con piedad y misericordia, siempre con tolerancia, pero degustar un kilo de jamón en una sentada, no creo que sea bueno para una persona, y, decirlo y expresarlo, creo que debería ser una cosa normal.

Pues hoy, hoy nadie se atreve, los catedráticos hablan para ellos mismos, y, por tanto, sus ideas no pasan de sus círculos, los periodistas cada vez tienen más cuidado por mil razones y mil motivos, los humoristas, qué decir, con un artículo jurídico que citan, el 115, que no sé muy bien lo que es y no sé, a qué legislación se refiere.

Miren ustedes, quién redacta estas palabras, ni en la vida normal y rutinaria y secular, rara y excepcionalmente, critica a alguien, sea persona o sea ente o sea colectivo, menos aún lo escribe, pueden comprobarlo. Pero si creo que hemos llegado a una situación en la cual, casi nadie se atreve a redactar ideas y datos y argumentos sobre cientos de temas, salvando los de siempre. Se centra toda la crítica en la política y políticos, en los ricos y semejantes, y, poco más y un poco más. Pero se dejan cientos de temas, cientos de sectores…

Porque cuándo alguien se atreve a criticar a los creadores de los caños de los botijos, pongamos un ejemplo imaginario, o a los que zurcen las capas de los señores con capa del siglo XIX, o quién sabe de aquellos que fabrican las cabezas de los alfileres, enseguida habrá una ente colectivo, formada por miles de personas o por una decena, que dirán enseguida que sientes fobia por los alfileres o fobia por los botijos o fobia por las capas del siglo XIX, y, vivirás durante varias semanas, esperando que te llegue la orden de juicio, administrativo o penal. O, se producirá un juicio mediático en las redes sociales, o en los comentarios de la prensa, serás el enemigo del pueblo, en una manera o nueva forma. O, no dirán nada, y, te meterán en el grupo de los que no eres de ellos, y, durante décadas, sin exagerar, no te dejarán ni el aire que respiras, ni pan, ni sal, -y, esto no es parábola, ni metáfora, esto sucede y ha sucedido y sigue sucediendo…-. Encima muchas veces, te achacan que has dicho cosas que no has dicho. Otro capítulo de la realidad social…

Decíamos que los catedráticos hablan para ellos, los periodistas apenas tratan muchos de los temas de la realidad, porque no se atreven, aunque digan los contrario, los escritores, salvo excepciones son leídos por sus madres y abuelas y algunos amigos, los curas en sus sermones cada vez son más suaves y más prudentes, y, cada vez, con menos escuchadores… Por tanto, nadie se atreve a indicar que los pájaros tienen plumas y que los cocodrilos tienen doble fila de dientes y que los peces nadan, aunque una especie da grandes saltos en el mar, como si volasen, quién sabe, si dentro de un millón de años nadarán y volarán al mismo tiempo, por eso de la evolución de Darwin

Yo, yo soy pueblo, yo formo parte del pueblo, y debo indicar, que nadie se atreve, yo tampoco a contar y cantar los defectos del pueblo, tampoco de los que no se consideran pueblo. Así creo que no iremos a ningún sitio o a ningún lugar. Es como si usted va al médico y se enfada con usted y con el galeno, porque le diagnostica que tiene alguna enfermedad…

Casi nadie se atreve a narrar las enfermedades y patologías y desarmonías de la sociedad, de grupos y colectivos. Todos tienen virtudes, pero todos tienen y tenemos defectos, todos los colectivos, grupos, individuos, oficios, profesiones, estratos sociales, etc.

¿Nadie narra los defectos del pueblo, para que se pierdan más y más en su laberinto? Paz y verdad y bien.