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“Quién lee hoy el santoral y martirologio”

“Quién lee hoy el santoral y martirologio”

(Artículo de Jesús Millán Muñoz)

Un conocido/a diría o preguntaría ante la esta pregunta: ¿leen hoy los curas y las religiosas el santoral con su martirologio, no que oigan referencias sino que lo leen y mediten…?

Hubo un tiempo, no tan lejano, solo quizás dos o tres generaciones, que casi toda persona conocía sabía y conocía biografías, aunque sean sucintas, vitagrafías y hechos de personas que en el catolicismo se denominan santos y santas. Conocían algo de sus patrones o el santo de su nombre o de su ciudad o localidad. Se conocían para tal enfermedad y tal patología a qué santo había que pedir, incluso para cada una de las mil necesidades humanas, para una buena boda, para encontrar novio, para curar de las heridas, para evitar las pestes, para el mal de garganta, para un buen parto y mil otras cosas…

Pero ahora hemos entrado en Occidente, en Europa, en la Península Ibérica en una cultura y sociedad secularizante, secularizada, secularismo galopante. Y, hemos perdido muchas cosas del pasado que eran buenas. Toda generación, dicen, tiene que hacer una síntesis entre lo bueno de la anterior y de siglos anteriores, su presente que apenas entiende y comprende, y, lo que vaya a venir… Pero ahora, en muchos corazones humanos, carnes y mentes y almas humanas no quieren saber nada o casi nada de las realidades humanas, y, menos del santoral y del martirologio. Hemos llegado a una situación, que se recuerda personal y vivencialmente, como en una clase no conocían nada, ningún alumno/a de treinta quién era Noé, y, eso que han hecho varias películas…

Se estudia en las facultades de filosofía, en las asignaturas de ética y moral, las teorías y concepciones de mil filósofos, o de algunos cientos, pero jamás se citan a los grandes espadachines de la moral y de la ética, estudiadas y analizados como si fuese un juicio racional –sin mezclar religiosidad, para que nadie se ofenda-, que son los santos y santas del cristianismo. Estos, independientemente que estemos de acuerdo con ellos o ellas, que seamos ateos o teístas, que seamos agnósticos o no, creyentes en una religión o en otra. Estos llegaron a niveles morales y éticos –no entramos en lo de la espiritualidad y, tampoco en el problema de la gracia y de la voluntad humana-, sino en el terreno moral. Ellos y ellas llegaron a niveles muy alta de perfección moral. Son un verdadero ejemplo o al menos faro para entender mejor el mundo. Porque muchas veces, la verdadera moralidad, no está solo en lo que se hace, sino en lo que no se hace…

Estudiamos los cínicos, estoicos, neopitagóricos y la helenística en ética, y, estudiamos decenas de circunstancias y de frases, estudiamos multitud de aspectos de su vida y vidas, y, tenemos al lado, en el siglo anterior, decenas de santos, no digo ya los antiguos y de la edad moderna que también, sino de la época casi actual, que han sido grandes ejemplos morales, seamos ateos o no, y, ni siquiera los miramos: Pío de Pietrelcina, Juan Bosco, Leopoldo Alpandeire, y, una docena que cada día, de siglos o de ayer están representados y recordados y es su día…

Es como, un naufrago en un mar de agua dulce, se muriese de sed, por no saber o no querer acercar la mano al agua y llevarse gotitas que le den fuerza y esperanza de vida. Eso nos pasa en el tiempo actual, nos estamos ahogando, en la no-moralidad correcta, en la no-ética correcta. Nos estamos ahogando en nosotros mismos, unos caemos en la avaricia-codicia, otros en la lujuria, aquellos en la gula, los de al lado en la envidia, ira-cólera, pereza-acidia, soberbia-vanidad… y, mezclas. Y, cada uno, se revuelca en un pozo de pesadumbre, y, en definitiva, a la larga de dolor sobre sí mismos y de dolor a los cercanos, y, al final, de dolor a los demás –y, esos demás, pueden ser muchos o pocos, y, pueden ser que tengan ecos en generaciones futuras-.

No exagero, en todos los pueblos, de mediana extensión, que se conocen entre sí, todos y todas, y generaciones anteriores, saben que esa familia tal y equis, está pagando consecuencias todavía porque el bisabuelo le dio por el juego o por las mujeres o por la bebida o por… y, perdió casi todo su capital. Y, eso ha tenido consecuencias, a varias generaciones posteriores. En las ciudades grandes eso se olvida o no se conoce, pero tantas personas sabemos que llevan esa medalla de dolor y trauma y angustia. Y, ellos y ellas saben el qué y el porqué y el por qué y cuánto y cómo y cuándo y…

Hacer a los hombres/mujeres más morales y más éticos, en un mundo, que parece y, da sensación que existen poderes para que los humanos se hagan más amorales, no digo inmorales o antimorales. Porque todo el mundo tiene una moral, en cuanto, todo el mundo tiene un código de conducta, sea el que sea. Pero igual que no todo el mundo es Gento o Pelé en el futbol, no todo el mundo sabemos cual es la ética más correcta.

El drama de no conocer el santoral y algo de los santos y santas, de sus consejos y de sus actos, es que al final, nosotros mismos, no nos conocemos más y mejor. Porque la vida es ir haciendo de sí mismo una buena escultura, decían los maestros antiguos griegos, pero una escultura correcta y buena en verdad y bondad, y, hacer de nosotros mismos un buen pozo, pozo interior, que nos llegue y nos lleve más profunda y esencialmente a lo que somos. Que nos conozcamos a nosotros mismos más y mejor, en bien y verdad y bondad, consejo derivado del Oráculo de Delfos, con modestia y humildad sin hacer cosas raras, cada uno en su oficio y su vida rutinaria.

Eso es el vivir humano en la historia, irse conociendo y haciendo y haciéndose cada generación mejor, cada individuo mejor, pero no peor… Paz y bien…