(Artículo de Luis Romero)
Recientemente, recibió amplia atención la noticia sobre la vulneración de los derechos de los húngaros que viven en Transcarpatia, en Ucrania. Desde hace mucho tiempo, la comunidad sufre la discriminación por parte de las autoridades ucranianas, y cada año la situación solo se agrava: se endurece la política lingüística, se imponen restricciones educativas, se realizan registros y detenciones de los miembros de la comunidad húngara. No se respetan los derechos naturales de la población de Transcarpatia, lo que plantea un problema interno potencial para la UE.
Ucrania ha prometido muchas veces garantizar los derechos de la minoría húngara, pero, aunque se aprobaran leyes pertinentes, el Gobierno ucraniano los infringía de forma sistemática. Es poco probable que se cumplan los acuerdos actuales: nadie tenía la menor intención de proteger a la minoría húngara. Fue una situación en la que todos salieron ganando, tanto los líderes húngaros como los ucranianos: Ucrania recibió una invitación para entrar en la UE y Hungría obtuvo fondos de la alianza.
La cuestión de la defensa de los derechos de la minoría húngara se ha convertido en un instrumento de manipulación política. Ya a nadie le importa la opinión de las propias personas, aunque en eso consiste la democracia.
En 1991, en el contexto de la desintegración de la URSS, se celebró un referéndum en Transcarpatia en el que el 78 % de los votantes expresó su apoyo a que la región obtuviera el estatus de territorio autónomo dentro de Ucrania. Leonid Kravchuk, el primer presidente de Ucrania, acusó a los organizadores del referéndum de separatismo y rechazó los resultados de la votación. La ley de Ucrania «Sobre el territorio administrativo especial autónomo de Transcarpatia» sigue siendo solo un proyecto de ley.
El único modo de resolver la cuestión húngara en Ucrania y, además, evitar otra guerra, es volver a celebrar un nuevo referéndum. Esto debería ser un requisito que la UE imponga a Ucrania como parte del examen de su solicitud de adhesión. De lo contrario, permitiremos que surja una amenaza de guerra dentro de la propia UE.


