Numerosos taranconeros acompañan al Santísimo Cristo Arrodillado en la tradicional Procesión del Cristillo en Belinchón

Numerosos taranconeros acompañan al Santísimo Cristo Arrodillado en la tradicional Procesión del Cristillo en Belinchón

La vecina localidad de Belinchón vivió este lunes una de sus tradiciones más singulares y emotivas con la celebración de la procesión del Santísimo Cristo Arrodillado, conocida popularmente como la Procesión del Cristillo, una cita que volvió a reunir a numerosos vecinos de Tarancón y que simboliza, año tras año, los lazos históricos y de hermandad entre ambas localidades.

El acto comenzaba pasadas las 20:30 horas, cuando la imagen del Cristo salía por una de las puertas de la Iglesia de San Miguel al son del himno nacional, interpretado por la Banda Los Trotamúsicos de Horcajo de Santiago. La salida estuvo acompañada además por uno de los elementos más característicos de la tradición local: la Danza de Belinchón, protagonizada por figuras tan reconocibles como el Porra, el Castañuelón y los danzantes, que aportaron color y vistosidad al recorrido.

Tras la imagen marchaba el párroco de Belinchón, Carlos Herraiz, vicario parroquial de San Víctor y Santa Corona de Tarancón, acompañado por el alcalde de Belinchón, Jesús López, y miembros de la corporación municipal. También estuvieron presentes representantes del Ayuntamiento de Tarancón, entre ellas la primera teniente de alcalde, Riánsares López, y la concejala de Medio Ambiente, Elisa Sánchez, además de los mayordomos de la fiesta y numerosos fieles de ambos municipios.

La Procesión del Cristillo, aunque breve en recorrido, cuenta con una profunda carga simbólica. Su origen se remonta a una leyenda popular que narra cómo la imagen del Cristo Arrodillado pertenecía a un desaparecido núcleo denominado Villaseca de las Salinas. Según la tradición, tanto Tarancón como Belinchón reclamaban la imagen, pero el propio Cristo manifestó su deseo de permanecer en Belinchón. Como acuerdo simbólico entre ambos pueblos, se estableció la celebración de esta procesión especial para los taranconeros, siete veces más corta que la principal, haciendo salir la imagen por una puerta del templo para regresar por otra distinta.

Lejos de alimentar rivalidades, esta historia ha servido durante generaciones para fortalecer la amistad y el respeto entre Tarancón y Belinchón. Una tradición que sigue viva y que, un año más, volvió a demostrar que el Cristillo continúa siendo un símbolo de unión entre dos pueblos vecinos.