Los operadores de cereales destacan la importancia de contar con una red profesional de almacenamiento y comercialización para ordenar una cosecha marcada por el calor final del ciclo y los daños provocados por los conejos.
La campaña cerealista de 2026 en Castilla-La Mancha avanza con una producción aceptable, aunque por debajo del potencial que presentaban los cultivos durante la primavera. Las estimaciones de ACCOE sitúan la cosecha regional de cereales de invierno en torno a 4,1 millones de toneladas, una cifra que confirma a Castilla-La Mancha como una de las grandes zonas productoras nacionales, pero que refleja también el impacto del intenso calor registrado durante la fase final del cultivo.
Tras un invierno favorable en precipitaciones, las expectativas iniciales eran elevadas. Sin embargo, las altas temperaturas de las últimas semanas de maduración redujeron el periodo de llenado del grano y limitaron los rendimientos finales. A este factor se ha unido la fuerte incidencia de la sobrepoblación de conejos, que continúa provocando pérdidas importantes en numerosas explotaciones de la región.
Según apunta Javier Saiz, de Cereales Saiz, la provincia de Cuenca refleja claramente esta irregularidad. En Mancha conquense y Manchuela, donde la recolección está muy avanzada, las producciones están siendo satisfactorias, con rendimientos medios en cebadas y trigos que se sitúan generalmente entre 3.000 y 3.500 kg/ha, acompañados de buenas calidades. Sin embargo, en zonas más tardías como Alcarria y Serranía los resultados son más discretos, con medias próximas a 2.500 kg/ha.
En Ciudad Real, donde la recolección está prácticamente terminada, informa Antonio Atienza, de Mercomancha, que la reducción de cosecha respecto al pasado año se sitúa entre el 20 % y el 35 % según zonas. Las lluvias de invierno dificultaron en muchas parcelas la aplicación de abonados y herbicidas, lo que ha condicionado los rendimientos y ha generado algunas partidas con mayor presencia de impurezas. A pesar de ello, las calidades de cebadas, trigos y triticales están siendo buenas.
La situación es igualmente desigual en el resto de provincias. Albacete está mostrando uno de los comportamientos más positivos de la región, aunque también condicionado por el final brusco del ciclo, mientras que en Toledo la variabilidad entre comarcas y los daños ocasionados por conejos han sido factores determinantes. En Guadalajara, con la cosecha prácticamente finalizada, las producciones también han quedado por debajo del potencial inicial.
Para los almacenistas y comerciantes de cereales de Castilla-La Mancha, esta campaña vuelve a demostrar la importancia de contar con una estructura comercial profesional capaz de acompañar al agricultor más allá del momento de la cosecha.
Como señala Sergio Baldominos, de Secebalsa, Guadalajara, la función del almacenista no consiste únicamente en comprar y vender cereal. Su trabajo aporta capacidad de almacenamiento, financiación, conocimiento del mercado y búsqueda del destino más adecuado para cada partida.
En un contexto de incertidumbre, con agricultores más prudentes en la venta y un mercado cada vez más exigente, el comercio cerealista vuelve a ser una pieza imprescindible para conectar la producción con la industria transformadora y garantizar el funcionamiento eficiente de toda la cadena agroalimentaria.
