Tras tres décadas dedicadas a la atención primaria en Tarancón y su comarca, la doctora se despide de su consulta al alcanzar la jubilación. Con emoción contenida, repasamos junto a ella su trayectoria profesional, sus vivencias, sus retos y el significado humano de la medicina.
¿Cómo se siente después de más de 30 años de profesión en Tarancón?
Siempre resulta difícil hablar de sentimientos y más los que se experimentan cuando hay un cambio vital, como es pasar de desarrollar una vida profesional activa a la jubilación. Son muchos sentimientos los que en estas semanas estoy experimentando, quizás el más intenso sea el de incertidumbre. Han sido muchos años, en los que mi vida y mi familia se ha ido modelando en torno a las exigencias de mi trabajo y por eso me surge el ¿ahora que? Entre otros muchos sentimientos que experimento, creo que el siguiente por su intensidad, es el de la sensación de abandonar una responsabilidad, que durante muchos años he cargado en la mochila de mi vida. Me refiero a los problemas de salud de mis pacientes, con los cuales aún no he roto el cordón umbilical invisible que ata a ellos y a su resolución. También la ilusión de abrir paso hacia poco dibujando un horizonte de oportunidades para hacer cosas diferentes de las que hasta ahora venía haciendo o al menos hacerlas con menos prisas y estrés.
¿Cómo recuerda sus primeros años en Tarancón?
Me acuerdo con nostalgia, pero con verdadero cariño. Venía de un centro de salud pequeño, con poca población y ya el edificio me pareció soberbio. Mi primera consulta fue en Belinchón y La Zarza, por motivos organizativos, para ya al día siguiente hacerme responsable de mi plaza en Torrubia y El Acebrón. De ese primer día y de los siguientes no puedo recordar nada significativo, pero si de los sucesivos más de 6 años que estuve en esa plaza: porque disfruté del buen acogimiento de la gente de ambos pueblos, y aún hoy tengo buenos amigos entre ellos. Si que antes que recuerdo que me impactó, y aún lo hace, aunque menos, el blanco blanquísimo de las paredes de sus casas y la «cintilla gris» que pintaban, en especial en Torrubia. Se explica porque yo venía de pueblos ubicados en la sierra de Guadalajara con casas de piedra o fachadas más oscuras.
¿Qué le llevó a elegir medicina de familia?
Te agradezco esta pregunta, porque me toca el corazón. Para contestarte voy a contarte la historia de una niña de unos 8 o 9 años que vivía en una pequeña ciudad burguesa de Aragón, algo más grande que Tarancón. La historia se desarrolla a finales de los años 60. Por entonces no toda la población disponía de asistencia sanitaria gratuita. Ese era el caso de los abuelos de esa niña que eran agricultores y ganaderos. Si enfermaban solicitaban consulta con un médico particular o este acudía a su domicilio si era preciso. Así fue cómo esa niña conoció al Dr. Garchitorena, al que sus abuelos respetaban mucho y había entre ambos un aprecio mutuo. Aun recuerdo con fuerza el pensamiento de esa niña, de querer ser como aquel hombre porque sabía mucho. Yo quería saber mucho y para eso tenía que ser como él… tenía que ser médico algún día y como él: «… médico de cabecera»… lo que actualmente se llama médico de atención primaria.
¿Cómo ha vivido el hecho de atender a varias generaciones de una misma familia?
Es cierto que he atendido y tratado a pacientes de dos generaciones, la tercera (los nietos de la primera) aún están al cuidado de los pediatras. Me produce satisfacción este hecho, al ver que esos primeros pacientes confiaron en mí como médico y me confiaron recién en día la salud de sus hijos. Quiero creer que llegado el momento, si no mediase la jubilación por medio también podría haber tratado a sus nietos.
¿Cómo ha cambiado la medicina desde sus inicios?
Mi actividad como médico comenzó a primeros de los años 80 desde, entonces no es difícil imaginar, que el cambio ha sido a todos los niveles. Por elegir una palabra con fuerza y que podría incluso quedarse corta, diría que el cambio ha sido total. Se pasó de trabajar 24 h al día, todos los días de la semana a los centros de salud, con un horario ordinario de consulta y guardias periódicas según un turno rotatorio. Se pasó de consultas (en especial en el medio rural, que es en el que yo me movía) poco equipadas, sin enfermería, pruebas diagnósticas/terapias inexistentes, a pruebas complementarias escasas, acceso a las mismas largas y costosas para el paciente a todo lo contrario, como así lo atestigua nuestro centro de salud de Tarancón. Podría extenderme y enumerar todas estas mejoras en la AP y por supuesto otras tantas o más en la atención especializada, pero creo que hablar de ese aspecto de la sanidad de hoy en España corresponde a otros profesionales. Pero sin lugar a dudas, las mejoras han sido muchas y extraordinarias.
¿Qué retos ha enfrentado como médica?
Quizás los de los primeros años donde los problemas de salud eran similares a los actuales, pero los recursos y medios sanitarios eran muchos menos. Las jornadas de trabajo eran más largas y al menos donde yo comencé carecía de ayuda de un profesional de enfermería. Un reto para mí importante fue la zona colindante donde me movía, era la climatología, el hielo y la nieve dificultaba los desplazamientos entre los diferentes consultorios a mi cargo e incluso ponía en peligro mi vida.
¿Cuál considera su mayor logro profesional?
M. Carmen, me haces una pregunta que no puedo responder de forma concreta. Cada diagnóstico y tratamiento certero es un logro y mas cuando el paciente te expresa su satisfacción por ello porque le has ser consciente de ello. Cada acción medico administrativa que preocupaba al paciente y he podido resolver o encauzar de forma adecuada es para mí un logro. Cada vez que un paciente en la consulta te dice «gracias» o «que Dios la bendiga» es un logro. Cada vez que por la calle me saludan con una sonrisa es también un logro. Todos estos logros son fruto de tener unos padres que posibilitaron de una u otra manera que respondiese adecuadamente a la oportunidad que me ofrecieron de forjarme un futuro en lo que yo deseaba. Sin dudarlo otro logro es haber transmitido a mi hija esa responsabilidad y buen hacer que ha hecho que siga mis pasos con acierto.
¿Cómo fue su llegada a Tarancón?
Vine un 1 de Marzo de 1991, recién aprobada la oposición convocada por sanidad y que te hacía funcionario de Castilla La Mancha, en ese momento, con destino como médico en Tarancón. Fue como un comienzo, pues ya me sentía segura laboralmente y podía mirar el futuro con tranquilidad. Mi marido estableció aquí su negocio, mi hija nació cuando ya estábamos viviendo aquí, se crió y educó en esta ciudad. Es cierto que ni mi marido ni yo somos de aquí, y en un primer momento teníamos la idea de trasladarnos cuando saliese el concurso de traslados a Guadalajara por motivos familiares – emocionales. Pero poco a poco nos adaptamos a la vida en Tarancón, hicimos amigos, mi hija se integró bien y esa idea se fue diluyendo, hasta olvidarla.
¿Qué significa para usted el cariño y reconocimiento de la gente?
Yo creo que en alguna contestación anterior he hecho mención a lo que me supone el cariño y reconocimiento de las gentes de Tarancón y otros pueblos de la zona donde trabajé y viví. Los seis primeros años de estar aquí viviendo en Torrubia del Campo, allí se escolarizó mi hija y quiero desde estas líneas dar las gracias a su ayuntamiento, entonces por las facilidades que nos dieron y siempre estar agradecida a la maestra que impartió a mi hija y a 5 niños más de entre 2 a 3 años sus primeros años de escuela. Pero volviendo a tu pregunta, sinceramente confieso que para mí el cariño y el reconocimiento de mis pacientes en mi quehacer profesional y como persona lo son todo. Dan sentido a mi vida.
¿Alguna anécdota o recuerdo especial?
No doy por seguro que las habrá habido, graciosas, simpáticas e incluso inverosímiles, pero no puedo recordar ninguna en concreto o que merezca ser contada. Sí que recuerdo las risas con los pacientes tras alguna situación o comentario y con los compañeros. Mas que anécdotas recuerdo con cariño las guardias de los días señalados de la Navidad compartidos con los compañeros y donde muchos zapateros recién estrenados acababan por tierra o celebraciones de algunos jóvenes que se veían obligados a cambiar el baile por una silla, eso sí acompañados de unos nuevos y flamantes zapatos de vestir y unas buenas ampollas en los talones.
¿Qué hace especial a Tarancón y a sus gentes?
Tarancón es una ciudad geográficamente muy bien situada, creo que con un gran potencial de crecimiento económico y desarrollo. Tiene un buen comercio en todos los sectores, servicios para satisfacer todas las necesidades administrativas de sus ciudadanos, evitándoles desplazamientos y por supuesto un buen servicio de salud, accesible para todos sus vecinos y los de la comarca aglutinado en el Centro de especialidades. En cuanto a sus gentes les estoy agradecida porque tanto a mí como a mi familia nos han tratado bien, no nos han hecho sentirnos «forasteros», al revés nos han abierto las puertas para integrarnos en las actividades y responsabilidades del municipio. (miembro de la AMPA del colegio Gloria Fuertes, AECC de Tarancón, Coro Franciscano, participación en homenajes en el día de la mujer trabajadora…)
Compromiso Social y Humano
¿Qué significó para usted ser presidenta de la AECC en Tarancón?
El ser parte de la junta local de Tarancón de la AECC, fue como he dicho antes, una de las puertas a las que se me invitó a entrar. Fue una labor gratificante, y para la cual dadí mi profesionalidad y iniciativa. Todo médico o sanitario libra durante el desarrollo de su profesión una batalla contra las enfermedades. Constaté que la gente de Tarancón y su comarca se volcaban en la cooperación con la AECC: organizando actos para recaudar fondos, siendo generosos en las campañas de cuestación. Se mantuvo activo el grupo de voluntarios, sin los cuales era muy difícil o imposible montar actividades de la propia AECC, como lo son las campañas de sensibilización y prevención de enfermedades neoplásicas. La población general respondía bien a estas campañas, tanto por sus donativos como por el interés que mostraban en la información que les dábamos oralmente de forma breve pero que acompañábamos con información escrita. Quiero desde estas líneas dar las gracias a todos ellos y un reconocimiento muy especial: los miembros de la Junta Local de la que formé parte porque con su dedicación hacían que pareciese sencilla toda nuestra actividad, facilitándome grandemente la parte que a mí me correspondía.
¿Qué aprendió de esa etapa?
Te das más cuenta que las personas y sus familias sufren por esta enfermedad, quizás de una forma diferente. El diagnóstico de cáncer o neoplasia, asusta, se asocia a un mal pronostico, a un fallecimiento cercano. Ciertamente las enfermedades neoplásicas están entre las que tienen una menor supervivencia, y siempre que no se diagnostiquen en estadios muy precoces y tienen tratamientos duros y prolongados. Pero con la mejora de la calidad de la sanidad, la investigación sobre ellas, los avances en los tratamientos y los buenos profesionales formados en oncología, como los que disponemos en el Hospital Virgen de la Luz de Cuenca, se ha conseguido doblegar muchos cánceres. Hay muchos pacientes que se curan otros viven con su enfermedad muchos años, se ha aumentado el tiempo de supervivencia en todos los casos. Todo esto era impensable cuando en los años 70 y 80 era estudiante de medicina. Por lo general, he observado que los pacientes oncológicos y sus familias plantan cara a esta enfermedad, se enfrentan a ella, confían en sus médicos y enfermeras. Y en caso de precisar alguna necesidad consultan con la AECC, para conocer los recursos que les puede ofrecer.
¿Qué mensaje transmitiría sobre prevención e investigación?
Algo muy claro y contundente: «hay que añadir calidad a los años, no años a la vida». Nuestra sociedad ya nos ha conseguido alargar la vida, aumentando la edad de supervivencia, toca ahora aumentar la calidad de vida de estos últimos años lo que secundariamente también redundará en alargar su número.
Despedida y Nueva Etapa
¿Cómo está viviendo estos últimos días de trabajo?
Pues realmente como siempre, intentando dentro de lo posible, dejar los procesos de cierta importancia terminados u orientados y despidiéndome de mis pacientes.
¿Qué va a echar de menos?
Creo que esta pregunta la podría contestar mas certeramente cuando pasen algunas semanas. Supongo que echaré de menos en mayor o menor grado todo, pero en especial la sensación de cada mañana al llegar, aparcar, subir las escaleras, abrir la puerta, ponerme la bata, encender el ordenador, revisar/crear pendientes y sentir que estoy donde quiero estar. Echaré mucho de menos los breves encuentros en pasillos o salas de espera con mis compañeros, el compartir dudas con ellos, su ayuda… Muy especialmente echaré de menos, pues han sido muchos años juntas a Esperanza Solera Martínez, la enfermera del cupo de pacientes del que conjuntamente hasta mi jubilación éramos responsables. Han sido unos 25 años de trabajar codo a codo e ir forjando una buena amistad. No me olvido de mis pacientes, los cuales seguramente en algún momento me vendrán al pensamiento, preguntándome ¿cómo marchará su salud?…
¿Qué le apetece hacer ahora?
Lo primero que me asalta el pensamiento es no hacer nada, descansar del estrés diario que ha supuesto hasta ahora compaginar el trabajo, la familia y las obligaciones sociales o lúdicas que vengo haciendo hace años. Ahora que aquello o otro daba sentido a mi vida ha llegado a su fin, me toca y me ilusiona el tener que reinventarme. Es decir, buscar y encontrar aquello que me llene y satisfaga como persona. Pienso que ese hay que buscarlo en actividades que supongan entregar tiempo y habilidades para los demás…..
¿Qué sueño o plan tiene pendiente?
Ideas muchas, concreciones pocas. Si que quiero poder compartir más momentos con amigos y familiares de aquí y con los que viven fuera, recuperando momentos y charlas pendientes.
¿Qué consejo daría a los médicos jóvenes?
Los médicos jóvenes vienen muy bien preparados, saben mucho y estoy convencida que tienen muchas ganas de hacer una muy buena atención a las personas enfermas. Lo que yo les diría ser médico debe tener mucho de vocación, de»servicio» al prójimo que además está enfermo y en muchos casos angustiado. Ser médico no es a veces un trabajo con horario. Les diría que además de poner su pericia al servicio del paciente, empaticen con él, derrochen humanidad e incluso a veces benevolencia. El resultado será doblemente gratificante para el profesional, pues recibirá del paciente un doble reconocimiento, como persona y como profesional.
Mensaje de despedida
Me gustaría en primer lugar disculparme con pacientes, vecinos y compañeros, si alguna vez se han sentido «maltratados» u ofendidos, nunca conscientemente ha sido esa mi intención. Despedirme con un gracias porque todos ellos han formado parte de mi vida y le han dado sentido profesional y humanamente. Mi último mensaje para todos ellos: que pacientes y sanitarios caminemos juntos en busca de la buena sanidad que ambos nos merecemos.


