Tarancón a través de la prensa del siglo XIX (II): La Parroquia

Tarancón a través de la prensa del siglo XIX (II): La Parroquia

(Artículo de Juan Peñalver Alcázar)

Que el edificio más notable de nuestra localidad desde el punto de vista artístico e histórico es la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción es algo en lo que todo el mundo estará de acuerdo. Siendo además el centro de la vida religiosa de nuestro pueblo durante muchísimos años y el lugar donde cada 28 de enero y 8 de septiembre se celebran los actos en honor de nuestra patrona. Y esta consideración de edificio más notable y singular de la localidad no es sólo una apreciación actual, motivada entre otras causas por la bochornosa gestión de nuestro patrimonio de modo que otros posibles “competidores” directamente han desaparecido, sino que ha merecido la atención de cuántos nos han visitado en el pasado.
         Por otro lado, en la primera entrega que dediqué a las referencias que podemos encontrar de Tarancón en la prensa del siglo XIX mencioné algunas crónicas relativas precisamente a esas celebraciones religiosas que tenían como epicentro la parroquia, por aquel entonces, única de nuestra localidad. Pero nuestra parroquia no sólo es protagonista de noticias, que podríamos llamar como “festivas” sino también de noticias muy alejadas de estás. Me refiero a noticias de sucesos, noticias o referencias que encontré durante la preparación de esa primera entrega.
         En esta ocasión voy a tratar de recoger por un lado las impresiones y descripciones que de nuestra parroquia he ido encontrando a medida que buscaba información en la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional y esas noticias más específicas donde se detallaban determinados sucesos en los que la parroquia aparece como “lugar del suceso”. Y aunque son dos enfoques aparentemente distintos, lo cierto es que esas noticias pueden complementar a la información que se obtiene de otro tipo de fuentes en lo que a obtener una idea de cómo ha cambiado nuestra parroquia en todos estos años.

La primera descripción que voy a recoger es la que plasma Antonio Ponz en su obra “Viage por España” publicada entre 1771 – 1792, obra que está organizada en 18 tomos, de los cuales el Tomo III se dedica a Cuenca, Madrid, Arganda, Uclés, Huete, Requena, Valencia y Chelva. Y en este tomo, encontramos dentro de la Carta VI una breve descripción de nuestro templo parroquial. Nos informa que consta de tres naves, muy espaciosa y que de su anterior estilo gótico permanecen una de las fachadas, el crucero y la capilla mayor, no sabe si esa reedificación en lo que ahora llamamos estilo renacentista se produjo por amenazar ruina. Dice: “El altar mayor, que es bastante antiguo, tiene riesgo de ser arrimado, y de que entre en su lugar algún otro; pero si se hiciera con buen dibuxo, y por sugeto que entendiese la materia, como es debido, pudiera alabarse la determinación. La iglesia tiene tres fachadas; la que mira al poniente es todavía gótica, con adornos menudos, pero de lo mejor en aquella línea. La más bien hecha es la del norte, que consiste en quatro columnas de orden jónico sobre pedestales, y es de buen gusto, é inteligencia en el arte, cono también la que mira al mediodía, bien que sin más adornos que el de pilastras llanas. En esta misma banda hay una ventana de la sacristía graciosamente adornada de pilastritas, friso dórico, frontispicio”

Como se ve es una descripción breve, que no dedica prácticamente ninguna atención al interior del templo ni especifica si la puerta de Mediodía comunica con el cementerio situado anexo a la parroquia, aunque no mucho antes (1762) de la visita de don Antonio Ponz se había construido el “pretil y el paredón” que daría una mejor apariencia al cementerio, así como evitaría los deslizamientos de tierra. Así mismo, es curioso cómo no menciona en ningún caso a la “nueva” torre de la Parroquia, terminada en 1731 y que quizás hubiera merecido alguna reseña.

Damos un salto de casi 80 años, estamos en 1848 y Pascual Madoz publica su “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar” que constaba de un total de 16 volúmenes, siendo el número 14 donde encontramos a Tarancón. Dice así de nuestra parroquia: “Iglesia parroquial Ntra. Sra. de la Asunción de buena arquitectura, con curato de término, servida por un cura, 2 beneficiados y un teniente. Hay 2 campos santos, uno en el que actualmente se entierra sito a corta distancia de la población y otro contiguo a la iglesia parroquial, este sirvió hasta el año 1834 que se construyó el anterior”.

Pues bien, entre ambos documentos, se produce la siguiente noticia que recoge el diario La Abeja[1], en el número del 29/01/1836: “Acaba de suceder un lance muy escandaloso en este pueblo. Ayer sábado, yendo el sacristán a abrir la iglesia de la única parroquia, halló al llegar al altar mayor que el sagrario estaba descerrajado, y las formas que tenía el copón puestas sobre el hule que cubría la mesa de altar. Pasó enseguida a la sacristía, cuya puerta encontró también descerrajada, y dentro tirados por el suelo los ornamentos y demás ropas. Convenciéndose de que la iglesia había sido robada de todo lo mejor que tenía, a saber: una cruz grande de plata y otra pequeña, la custodia que era muy bonita, el vaso o urna preciosa para el monumento de viernes santo, un platillo, una cajita de feligrana, cuatro cálices, uno sobredorado, dos cetros, la naveta del incienso (por fortuna se salvó el incensario), la crismera, cuyo aceite habían derramado, y el copón que estaba en el sagrario. Dejaron alguna otra alhaja, sin duda por no tener tiempo: y de ropas sólo se llevaron dos capas de coro de terciopelo doble con galón de oro, y los broches de otra igual, que no se atina porque la dejaron. Según parece los ladrones entraron por la puerta que mira al mediodía, al campo santo antiguo (pues cuando el cólera se hizo el nuevo de santa Marina). Sospéchase que los autores del robo sacrílego sean forasteros de a caballo, según unos en número de 4, y según otros en número de 8, pero acaso no sean ellos solos. Se han circulado veredas a los pueblos, a la capital y a la corte para ver si se descubre algo, y se evita la venta de las prendas y las alhajas robadas”

Como ya indicará el diccionario de Madoz en 1848, la parroquia comunicaba a través de la puerta de mediodía con un cementerio que estuvo vigente hasta 1834, y la puerta estaba accesible, esto es importante porque como veremos más tarde en algún momento posterior la puerta debió tapiarse. ¿Qué paso en 1834? La noticia nos lo desvela. La epidemia de cólera. Aunque no es el asunto principal de esta entrega, merecería una especifica sin duda, un par de pequeños apuntes. Tenemos una referencia fechada el 23/09/1834 recogida en el diario El Eco del Comercio donde se indica que el número de muertes ha disminuido notablemente y esto coincide con lo recogido en la obra:  Instrucción popular sobre la cólera-morbo epidémico, basadas sus doctrinas en una minuciosa estadística de la epidemia ocurrida en Cuenca y su provincia en el año de 1834 con destino á ilustrar á los pueblos, y evitar los estragos de tan cruel azote del doctor Joaquín Gassó y que fue publicado en 1854. Los datos indican, que en Tarancón la epidemia se mantuvo desde el 15 de julio hasta el 26 de septiembre, para una población de 4200 personas, hubo 157 enfermos de los cuales se curaron 110 y 47 fallecieron.

Con respecto a los enterramientos fuera de las iglesias y la existencia de cementerios fuera de las poblaciones, hay que señalar que fue Carlos III con una Real Orden del 3 de agosto de 1784 quién en primer lugar prohíbe los enterramientos dentro de las iglesias, medida que fue seguida de otras disposiciones en los años siguientes, como en  1799 cuando se emite una Real Orden  acerca de la disposición de los cementerios extra muros, o en 1804 con una Circular con fecha 28 de junio sobre reglas para la construcción de cementerios, pero en 1834 Tarancón no cumplía con este precepto y es precisamente en 1834 cuando una Real Orden del 18 de febrero vuelve a incidir en este asunto. Parece pues que el detonante definitivo para el traslado del camposanto fue la terrible epidemia de cólera.

         La noticia no aporta más en cuanto al estado del edificio, pero la relación de objetos robados parece indicar que la parroquia contaba con un ajuar importante. Tampoco lo indica la noticia, pero es de suponer que los ladrones forzarían la cajonera existente en la sacristía.

         En relación con este robo, las comunicaciones efectuadas por las autoridades surtieron efecto porque con fecha 6/04/1836 se nos informa de la detección de varios sospechosos. Lo recoge una noticia aparecida en el diario El Jorobado[2]. La noticia dice así: “Por carta de Tarancón sabemos que días pasados trasladaron a aquella villa dos ladrones en un coche (para mayor comodidad de los criminales) a fin de que fuesen reconocidos por sus moradores, y efectivamente lo fueron por veinte y uno de sus vecinos. Estos dos individuos en unión con otros, se presentaron el año pasado con sus pasaportes en regla y permanecieron algunos días en dicho pueblo, llamándoles muy particularmente la atención, la iglesia, a la que concurrían tanto a misa como a admirar exteriormente el edificio a distintas horas del día, hasta que una noche consumaron su proyecto, valiéndose de la obscuridad de la misma, como de la posición que ocupa la iglesia en uno de los ángulos del pueblo; y con llaves falsas o ganzúas penetraron en ella, arrojando de los vasos sagrados las formas y el óleo que contenían, llevándose en toda clase de efectos hasta cuatro arrobas de plata. Parece que los penitentes a esta pandilla tenían saqueadas ya varias iglesias en el discurso de pocos años a esta parte. Los nombres de los principales son Mariano Galveiro y el Tiñoso de Madrid. El comisionado que los conducía a Tarancón, se supone que tuvo sus recelos de que el pueblo trataba de hacerlos pedazos” [este robo tuvo que ser realmente gravoso para la parroquia ya que en la obra de don Dimas Pérez, Tarancón en la Historia, se recoge cómo todavía en 1850, el párroco don Felipe Pastor se quejaba de que las rentas de la parroquia no eran suficientes para sustentar los cuantiosos gastos entre los que es considerable la reparación del templo, ni reponer sus ropas y vasos sagrados robados en enorme cantidad en 1839 vemos que el año que señala el cura párroco no coincide con la fecha de la noticia que hemos rescatado, 1839 frente a 1836 ¿?]

                De nuevo los amigos de lo ajeno ponen a nuestra parroquia en los medios de comunicación, esta vez en 1860, concretamente el 12/12/1860. La noticia en este caso aparece de manera muy escueta en dos medios de comunicación El Constitucional y La Correspondencia[3]. Simplemente se indica que “la iglesia de Tarancón ha sido robada el domingo por la noche” sin más detalles. Y no será el último, porque en 1881, el día 25 de julio aparece de nuevo en el diario La Correspondencia la noticia, en este caso, de un intento de robo: “Un hecho sacrílego se ha cometido anteanoche en la iglesia de Tarancón (Cuenca). Por medio de un escalo abierto bajo las ventanas de la sacristía, se ha pretendido robar las alhajas del culto. Afortunadamente los ladrones no encontraron a mano más que objetos de poco valor y huyeron sin saberse hasta ahora su paradero”

         Pero este intento de robo, no fue el único suceso que tuvo como protagonista a nuestra parroquia, en el mes de febrero (el día 15 concretamente) de ese mismo año se publica en el diario La Política, la siguiente noticia: “En la mañana del sábado último se hundió en Tarancón una pared de la iglesia, cayendo los escombros sobre una casa inmediata, quedando ésta totalmente hundida. A pesar de los esfuerzos del vecindario, cuando removidos los escombros se encontró la familia que habitaba la casa, compuesta de seis personas, todos eran cadáveres”. Creo que el redactor de esta noticia no es preciso en cuanto a la localización de la pared que provoca la tragedia, porque (hasta donde yo sé) la parroquia siempre ha estado aislada del resto de casa vecinas, además que el hundimiento de una pared de la parroquia hubiera traído consigo el deterioro de alguna capilla interior, sospecho que quizás a lo que se refiere el redactor es al muro de contención del antiguo cementerio, lo que conocemos como la muralla, y que quizás se derrumbase sobre alguna vivienda del Caño.

         No será ya hasta 1894, cuando encontremos la última referencia en prensa de nuestra parroquia. Y que en este caso aporta de nuevo alguna pequeña información de cómo se encontraba ya a finales del siglo XIX. Además, coincide en el tiempo con otras dos publicaciones, de muy distinta naturaleza, de donde podemos extraer informaciones de su estado. Una de esas publicaciones se titula El consultor conquense obra de don Santiago López Saiz, que con un formato de fascículos recoge un montón de datos de tipo económico, social, artístico de toda la provincia a finales de ese siglo XIX. Y la otra publicación, a la que ya me he referido en alguna ocasión, es la Memoria médica de Tarancón obra del médico local don Rufino Alcázar.

         En el número del 16 de agosto de 1894 del diario El Correo Español se recoge un artículo en el que se detalla la celebración de un acto de afirmación carlista, en el curso del cual se inauguró el Círculo Carlista de nuestra localidad, acto que estuvo organizado por los dirigentes carlistas locales don Luis de la Torre y don Pedro Albacete y que contó con la participación del marqués de Vallecerrato, el marqués de Cerralbo y el diputado Juan Vázquez de Mella. Pues bien, una de las actividades que se llevaron a cabo en dicha jornada fue función religiosa seguida de una visita guiada a la iglesia, dice así la noticia: “terminada la Misa recorrimos detenidamente la iglesia, acompañados del señor cura párroco, quien estuvo para con nosotros atentísimo en extremo. Es la iglesia de Tarancón desahogada, compuesta de tres naves; tiene en el altar mayor un magnífico retablo de estilo del Renacimiento, que ha sido restaurado pobremente, por desgracia, pues la falta de fondos y la desatención en que deja el Gobierno la restauración de nuestros templos, no ha permitido que se dore, como conviene, retablo tan artístico. Vense en la iglesia otros retablos más notables por su antigüedad que por su mérito. En el crucero está el altar, moderno, de la Patrona de Tarancón, Nuestra Señora de Riánsares, cuya hornacina acaba de restaurarse; también se halla en reparación una hermosa capillita detrás del altar mayor, y es notabilísimo un marco antiguo de grandes dimensiones, tallado admirablemente en madera que encierra un cuadro de Nuestra Señora del Carmen y está colocado en la nave lateral izquierda [actualmente este cuadro está junto al altar de Ntro. Padre Jesús de Medinaceli, es decir en el lateral derecho si tenemos el altar mayor de frente ¿estaría en otra posición en la época en la que se escribe esta noticia? O a lo mejor el redactor hace la descripción con el altar mayor a su espalda]. Es verdadera lástima que no se destinen fondos para la reparación de tan hermoso templo parroquial, siendo la única parroquia en una población de 1800 vecinos”

         La descripción recogida en El Consultor conquense pretende ser mucho más técnica y nos dice: “la iglesia parroquial situada en la parte Este de la villa, en punto que domina el Tarancón antiguo y que debió ser asiento del castillo señorial por el nombre de el Castillejo con que hoy se designa aquella parte de la población y los restos, aunque escasos de muralla que conserva a su alrededor. Su fábrica y estilo pertenecen al orden románico [error importante del autor, ya que en su concepción original obedecía al estilo gótico y en sus ampliaciones posteriores al estilo renancentista]: consta de tres naves: la central más elevada que las laterales, construida la primera por cinco bóvedas, cuatro de medio punto y cañón seguido y la quinta correspondiente al presbiterio, por arista de mampostería de aquéllas y esta de madera. Construida la última el año 1892 en sustitución de una magnífica bóveda vaida esférica cumplida, con profusión de molduras y rosetones que hubo necesidad de demoler por amenazar ruina. Entre las cinco bóvedas, hay sirviéndolas de apoyo, cuatro arcos transversales de sillería que se apoyan en ocho airosas columnas de base rectangular, y de la misma fábrica, sirviendo de apoyo a igual número de arcos que separan las cinco bóvedas por arista de que se compone cada una de las naves laterales: sirven igualmente de apoyo las columnas a los arcos que, volteados en sentido longitudinal, completan el apoyo de las bóvedas por arista. En el ángulo izquierdo anterior y ocupando el espacio de la primera bóveda, se eleva la torre de unos cuarenta metros de altura, de fábrica de mampostería ordinaria, con ángulos de concertada en los dos primeros tercios y de sillería en el último, en ella y en su parte Oeste, por encima de las cuatro campanas de que está provista hay un regular reloj a cuya altura se halla una balaustrada de sillería [en algunas fotografías antiguas se aprecia que el reloj llegó a estar colocado en la propia balaustrada que según parece es lo que describe este autor, no siendo ésta ni su disposición original ni por supuesto la actual] . En la parte correspondiente a la primera bóveda de la nave central se encuentra el coro, apoyado en el muro de la fachada Oeste y un atrevido arco escarzano que arranca de las dos primeras columnas. En el coro hay un órgano de algún valor [de este órgano, don Dimas Pérez nos habla en las páginas 403 y 404 de su trabajo Tarancón en la Historia detallándonos aspectos relativos a cómo llegó a Tarancón, toda la problemática en relación a su coste y como por desgracia se perdió durante la Guerra Civil]. La fábrica de los muros es de mampostería ordinaria en ángulo de concertada y en general muy bien hecha. A la derecha del presbiterio se encuentra una capilla y a la izquierda la sacristía. Además del altar mayor de estilo churrigueresco, hay otros muchos a los lados de la iglesia; el retablo del altar mayor tiene algunas esculturas de bastante mérito. El ingreso al templo se hace por dos espaciosas puertas, la principal situada en la fachada Oeste y la segunda a la del Norte. Frente a esta y por tanto a la fachada de Mediodía, hay otra puerta igual a la del Norte; ésta (la puerta de Mediodía) está tapada pues por aquella parte se encuentra un cercado que antiguamente parece que fue cementerio y que por lo tanto no puede dar paso a la iglesia, ni es necesario.”

         En el caso de la publicación del doctor Rufino Alcázar, la utilidad para el asunto que nos ocupa es que, dado que su “memoria” persigue analizar todos los factores que influyen en la salud de los taranconeros, dedica un breve comentario a los distintos edificios de uso público, y entre ellos está como no puede ser de otro modo la parroquia. Los datos que aporta son los siguientes: “ésta por su capacidad es suficiente para contener con holgura el número de fieles que asistimos a ella en las fiestas principales. Para casos de incendio y mejor ventilación en determinados días de fiesta en que la concurrencia es crecida convenia que se volviese a abrir la puerta tapiada que corresponde al Sur [como sabemos por otras descripciones la puerta que daba al cementerio; en algunas fotos antiguas de la parroquia tomadas desde la zona de las calles de Linde La Fuente y Cuesta del Peinado se puede apreciar este cerramiento]. Su piso está adosado sobre antiguas sepulturas que, por su hundimiento alternativo, lo hacían desigual, hasta hace dos años que su celoso cura párroco [debe referirse a don Antonio Santiago Cantillo] ha hecho uno nuevo de buena baldosa, fijada sobre tierra nueva, y hoy es bastante regular, igual y enjuto. Además, en el invierno se cubre de estera fuerte resulta relativamente abrigado”

         Si a finales del siglo XVIII la parroquia de la Asunción sufrió el hundimiento de la torre campanario durante la ejecución de las obras de esa misma torre, con el consiguiente destrozo que eso ocasionó en varias de las capillas del interior del templo parroquial, el final del siglo XIX también va a venir acompañado de un nuevo hundimiento que este caso provocó la pérdida de lo que sin dudad debía ser una muestra notabilísima de la arquitectura gótica. Es una pena que no dispongamos de descripciones más completas del interior del templo parroquial en esta época, sobre todo considerando que todavía faltaban por producirse los desmanes de la Guerra Civil y que provocarían la pérdida irreparable de elementos de nuestro patrimonio religioso y artístico. Es curioso, sin embargo, o al menos a mí me lo parece que la prensa de la época se hiciera eco por ejemplo del intento de robo en 1881, pero no se mencione (al menos no lo he encontrado) en ningún recorte de prensa el hundimiento de la bóveda del templo parroquial que desde luego tuvo que ser una noticia importante para la época. En cualquier caso, no todo son malas noticias, sabemos que se han llevado a cabo tareas de restauración: del retablo, de la capilla situada detrás del altar mayor, de la hornacina donde se coloca a la imagen de la patrona, así como del suelo del Templo.

         En definitiva, un edificio, nuestra parroquia, que acumula no sólo un montón de Historia sino también de pequeñas historias. Un edificio que ha visto pasar frente a ella no sólo a generaciones de taranconeros sino de visitantes que en mayor o menor medida nos han dejado sus impresiones y que nos han permitido conocer cómo ha envejecido y cómo ha sobrevivido a tantos percances. Un edificio que debemos cuidar, con el que tenemos una responsabilidad, y no sólo porque durante siglos ha sido el centro de la Fe de nuestra localidad, sino porque es el testigo de nuestra propia historia.


[1] Diario con una línea editorial progubernamental, desde cuyas páginas se defendía a la Regente María Cristina y a su hija Isabel II contra el carlismo, donde escribieron personajes como Donoso Cortés, Bravo Murillo y Ríos Rosas siendo dirigido por Joaquín Francisco Pacheco. Se publicó desde 1834 hasta el 31/05/1836

[2] Diario con una vida muy corta, de marzo de 1836 a agosto de ese mismo año y que nace con el fin de protestar específicamente contra el gobierno de Álvarez Mendizábal, con un marcado tono satírico y encuadrado dentro de la prensa “conservadora” de la época.

[3] Es el primer periódico que inicia el periodismo de empresa en España y como diario vespertino de carácter nacional estrictamente informativo e independiente de los partidos políticos. on un precio barato y un revolucionario sistema de venta callejera, en poco tiempo empieza a multiplicar su tirada, alcanzando en sólo un año veinte mil ejemplares diarios, un éxito fulminante y sin precedentes, superando en ventas, en 1864, a Las novedades y convirtiéndose en el diario más vendido de España con mucha diferencia sobre los demás. Desaparecerá en 1925.