A partir hoy miércoles 20 de abril, el gesto de ponerse la mascarilla al entrar en cualquier espacio público cubierto deja de ser obligatorio en España después de casi dos años. Permanecerán vigentes varias excepciones: habrá que seguir llevándola en todo tipo de transporte público (autobuses, trenes, aviones, metros, barcos…) y discrecional (como taxis y VTC); también en todos los centros y establecimientos sanitarios, incluidos hospitales (excepto para las personas ingresadas, si están en su habitación sin visitas), centros de salud, farmacias, lugares de transfusión de sangre o similares. Por último, las mascarillas serán obligatorias en centros sociosanitarios (residencias) para las visitas y los empleados.
En los centros de trabajo la utilización del cubrebocas quedará en manos de los servicios de prevención de riesgos laborales de cada empresa.
Tanto las autoridades sanitarias como los expertos en salud pública recomiendan a las personas más vulnerables a la covid seguir llevando mascarillas en espacios cerrados, especialmente si hay aglomeraciones. Deben tener especial precaución todas las personas mayores de 60 años, los pacientes inmunodeprimidos y las mujeres embarazadas.
Otro factor de vulnerabilidad es no haber recibido la vacunación. Incluso personas jóvenes y sanas tienen más riesgo de contagiarse y enfermar gravemente si no han recibido la pauta completa: en España lo han hecho el 92,5% de las personas mayores de 12 años. La dosis de refuerzo es una protección adicional que disminuye la probabilidad de complicaciones. Uno de cada cinco mayores de 40 años no ha recibido este pinchazo.
El uso de la mascarilla no siempre tiene la misma utilidad. Existen tres vectores que sirven para guiarse sobre cuándo es más efectiva: el tiempo que se pasa en un recinto, su tamaño o ventilación y el número de personas que hay en él. Como resumen, se podría decir que el riesgo de infección baja cuanto menos se permanece en un interior, hay más espacio y menos gente.

















