(Artículo de Manuel Valencia Alonso)
En la antigua Grecia, existían diversos oráculos, donde los mortales podían comunicarse con los dioses mediante rituales establecidos por los sacerdotes de los distintos templos. El más importante era el del templo de Delfos, erigido al dios Apolo, donde una pitonisa daba respuesta ‒luego interpretada por los sacerdotes‒ a las consultas de los mortales.
En la España actual tenemos nuestro oráculo llamado CIS, donde se publican predicciones políticas, entre otras; cuyo “sumo sacerdote” es apellidado Tezanos, puesto al frente de esta institución del Estado ‒presumiblemente autónoma‒, de los designios del gobierno. Este siniestro personaje, a poco de cumplir su ochenta aniversario, se dedica a emitir predicciones políticas, basadas, según él, en encuestas realizadas a un gran número de encuestados.
En las encuestas del CIS, sobre la intención de voto de las innumerables votaciones que se realizan en nuestro país, se establece una estrategia espuria, que va en función del tiempo que falta para la celebración de la elección. De tal modo que, en las publicaciones a meses vista de los comicios, los resultados son siempre muy negativos para la oposición; destacando ‒como no‒ los magníficos resultados del partido del gobierno central y de sus socios; hasta el punto de resultar increíbles, incluso a los menos versados. Según se aproxima la fecha de la votación, cambia de táctica y sus pronósticos se aproximan más a la realidad ‒no vaya a ser…‒.
Este soberbio personaje, al cual los expertos sociólogos tachan de “cocinero” de las encuestas y los seguidores especializados de la opinión pública denuncian su inducción en la voluntad del electorado y, por lo tanto, contribuyendo a la manipulación del pronóstico, importante este para muchos de los votantes a la hora de decidir su voto. No debería ser un instrumento político más, la encuesta de intención de voto.
¿Son fiables las encuestas publicadas por el CIS?
