(Artículo de Manuel Valencia Alonso)
A estas alturas del relato, sobre el terrible suceso que está teniendo lugar en Ceuta, supongo que ya se han proferido todo tipo de insultos y críticas al gobierno. Han inundado de noticias y opiniones tanto los medios audiovisuales como los impresos, sin que esto haya provocado una reacción determinante por parte de los gobernantes. Muchas reuniones ahora, después del regreso de las vacaciones, comparecencias públicas y propósitos de una solución definitiva.
Todo es normalidad en Ceuta, pretende el relato político, pero los hechos televisados a diario demuestran lo contrario. Si a esta “normalidad” le añadimos las manifestaciones reivindicativas del gobierno marroquí, las soflamas de la extrema derecha y la protesta comprensible de los ciudadanos ceutíes, tenemos un retrato perfecto de los graves acontecimientos que están sucediendo. ¿Cómo van a prescindir los gobernantes de sus vacaciones? —De ninguna de las maneras—. Esto, que es un derecho de los trabajadores, no se cambia para ellos, aunque “arda Troya».
Esta pretendida normalidad, confirmada por las manifestaciones: «Es un socio fiable y las relaciones con Marruecos son inmejorables; incluso hay que agradecerles la colaboración que han tenido». Estas palabras son de aurora boreal. Pues quedó se lo pregunten directamente a los españolitos de a pie y sobre todo a los ceutíes.
Ahora, después de un mes, se reúne el Consejo Nacional de Seguridad, para poner de relieve la gravedad de los acontecimientos, que desde el primer momento ha supuesto un problema de seguridad nacional. También se establece en el Consejo de Ministros un mando único, dirigido por el ministro Torres. Pero los ciudadanos nos preguntamos. ¿Por qué no está al frente P. Sánchez? ¿Por qué no autoriza el gobierno que el rey vaya a Ceuta? ¿Por qué no se ha llamado a consulta al embajador de Marruecos? En fin, ingenuas preguntas que nos gustaría que fuesen respondidas, para entender qué es lo que está ocurriendo.
Yo sé que no es bueno alarmar a la población y que todos los gobiernos tratan de minimizar la situación. Pero una cosa es esto y otra muy distinta es hablar de “normalidad”, que parece un sarcasmo.
