(Artículo de la alcaldesa Patricia García Sánchez)
Hay imágenes que dicen mucho de un pueblo. Y la entrada de un municipio debería ser, precisamente, una de esas imágenes que hablan de lo que somos, de cómo cuidamos nuestro entorno y de la importancia que damos a quienes viven en él y a quienes nos visitan.
Sin embargo, en Valdemoro-Sierra hay una imagen que se repite cada vez que llega un puente, un periodo de vacaciones o aumenta la afluencia de vecinos y visitantes: los contenedores de cartón y plástico desbordados, con cajas, bolsas y envases acumulándose alrededor y ocupando incluso la entrada del municipio.
Y ya está bien.
No hablamos de un problema puntual ni de una situación excepcional. Es algo que se repite una y otra vez. La alcaldesa, Patricia García Sánchez, lleva días trasladando la situación a la Diputación Provincial y a los responsables de Medio Ambiente, enviando avisos, reclamaciones y fotografías y exigiendo que se proceda a la recogida.
Pero los días pasan y los residuos siguen ahí.
En ocasiones, según denuncia la alcaldesa, se llega a esperar hasta diez días para que los contenedores sean retirados. Y mientras tanto, el problema crece y la imagen del municipio se deteriora.
Quizá algún vecino pueda pensar que desde el Ayuntamiento no se hace nada. Pero conviene aclararlo: reclamar, insistir y exigir soluciones también es trabajar. El Ayuntamiento está trasladando el problema a quienes tienen la responsabilidad de prestar el servicio. Otra cuestión diferente es que tenga capacidad para realizar directamente esa recogida.
La alcaldesa asegura estar tan indignada como los propios vecinos. Y es comprensible.
Porque todos sabemos cuándo llegan los puentes, las vacaciones y los momentos de mayor afluencia. No es una sorpresa. Si sabemos que durante esos días aumenta la generación de residuos, ¿por qué no se refuerza la recogida? ¿Por qué tenemos que esperar a que los contenedores estén completamente llenos para actuar?
La planificación de los servicios públicos debería servir precisamente para anticiparse a estas situaciones.
¿Qué imagen estamos dando?
La entrada de un pueblo llena de cajas, bolsas y plásticos no es solo una cuestión estética. Es una cuestión de calidad de vida, de respeto hacia los vecinos y también de imagen.
Perjudica a quienes viven allí, ofrece una pésima impresión a quienes llegan de fuera y transmite una sensación de abandono que ningún municipio debería aceptar.
Y aquí aparece una cuestión todavía más importante: hablamos constantemente de la España vaciada, de la necesidad de fijar población, de atraer visitantes y de garantizar que nuestros pueblos tengan futuro.
Pero quizá deberíamos empezar por algo mucho más básico: que nuestros pueblos estén cuidados y dispongan de servicios públicos dignos.
Porque quizá el problema ya no sea solamente la llamada España vaciada. Quizá deberíamos empezar a hablar de una España abandonada, cuando determinadas localidades quedan relegadas a un segundo plano y tienen que reclamar una y otra vez servicios que deberían funcionar con normalidad.
Mantener vivo un pueblo no consiste únicamente en organizar actividades, promocionar sus fiestas o atraer visitantes. También significa mantener sus calles limpias, cuidar sus espacios públicos y garantizar que los servicios esenciales funcionen.
No podemos pedir a los vecinos que reciclen y colaboren con el cuidado del medio ambiente si después los contenedores permanecen llenos durante días. Tampoco parece razonable exigir responsabilidad ciudadana cuando no se ofrece una respuesta adecuada desde los servicios encargados de la recogida.
Y, sobre todo, no podemos resignarnos.
Desde el Ayuntamiento de Valdemoro-Sierra se seguirá reclamando una solución a la Diputación Provincial y a los responsables del servicio. Pero lo que se reclama no es un privilegio. Es algo mucho más sencillo: planificación, previsión y cumplimiento.
Los vecinos tienen derecho a un pueblo limpio y cuidado. La alcaldesa tiene derecho a exigir que los servicios responsables funcionen correctamente.
No hacen falta excusas. Hacen falta soluciones.
Que se prevea el incremento de residuos durante los periodos de mayor afluencia. Que se refuerce la recogida cuando sea necesario. Que los contenedores se vacíen cuando corresponda. Y que la entrada de nuestros pueblos vuelva a ser una carta de presentación de la que sus vecinos puedan sentirse orgullosos.
Porque si realmente queremos luchar contra la despoblación, empecemos por no abandonar nuestros pueblos a su suerte.
Basta ya de contenedores desbordados. Basta ya de esperar días para que se recojan. Y basta ya de aceptar como normal una situación que debería estar prevista y solucionada.
Un pueblo vivo merece servicios a la altura de sus vecinos.


