Tarancón a través del anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración (IX): sanidad. Los médicos (1º parte)

Tarancón a través del anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración (IX): sanidad. Los médicos (1º parte)

(Artículo de Juan Peñalver Alcázar)

Hace unos años, se publicó la obra Historia de la sanidad en Tarancón de D. Enrique Luis Blanch Domingo y D. Jesús Garrido Gallego que considero que es la obra de referencia para conocer con todo rigor y aporte documental la gestión de la sanidad en nuestro pueblo en el pasado. No pretendo corregir nada de lo allí expuesto, ya que esa obra tiene un carácter académico que yo no poseo. Pero espero, que partir de los datos que yo he recogido de la consulta en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional se pueda completar lo recopilado por sus autores.

En esta ocasión, como siempre ha sido hasta ahora será el Anuario el que nos dé la primera pista para a continuación poder ir desenredando todo el ovillo de información que se encuentra en redes.

La relación de médicos – cirujanos que conocemos a través del Anuario para el período 1881 – 1911 es la siguiente (hay que tener en cuenta que no disponemos de la totalidad de los ejemplares de ese período, por lo que quizás se nos escape alguno)

NOMBRE PERÍODO DE ACTIVIDAD y ACTIVIDAD PROFESIONAL
Loreto Alcázar Médico 1882 – 1911
Rufino Alcázar Médico 1882 – 1902
Facundo Domínguez* Médico 1882 – 1894
Miguel Olivas Médico 1882 – 1894
Luis Sevilla** Médico 1885 – 1902
José Vega**** Médico 1885 – 1888
Joaquín Vicente Salto Médico 1898 – 1899
Emiliano García Huete Médico 1902 – 1911
Fernando Salto Médico 1902 – 1908
Gonzalo Martínez Pinedo Médico 1906
José Pola Médico 1909 – 1911
Severiano Sola Médico 1911
Saturnino Fernández Cirujano 1882 – 1885
José López Cirujano 1882 – 1894
Manuel Rubiato Cirujano 1882 – 1894
Mauricio Sánchez Cirujano 1882 – 1911 como practicante desde 1906
Pedro Castillo o Castellanos Cirujano 1885 – 1894 y como practicante de 1908 a 1911
Santiago Rubiato Cirujano 1885
Luis Fernández*** Cirujano 1885 a 1911 como practicante desde 1906
Telesforo Sánchez Practicante de medicina y cirugía 1906 – 1911
Tomás de la Osa Practicante de medicina y cirugía 1908 – 1911

*El anuario indica que, en 1894, era médico en Tarancón, pero este dato debe estar erróneo ya que D. Facundo Domínguez licenciado en medicina y cirugía falleció el 6/09/1891 en los Baños de La Isabela, según se indica en la necrológica publicada en el diario La Fe (número del 14/09/1891) tenía 59 años, casado con Dña. Carmen Azorín y Bugeda, su hijo era D. Isidoro Domínguez Azorín.

**En el número del 22/11/1901 de La Lealtad, se publica su necrológica habida cuenta de que era sobrino de D. Francisco Sevilla que era suscriptor de este periódico.

***Sabemos que donó 1 peseta a la Asociación Benéfica para socorro a los presos y emigrados políticos republicanos según se indica en el número del 11/07/1890 de La República.

****El Diario médico-farmacéutico de 5/10/1885 recoge la noticia de que el pasado día 13 de junio, fue nombrado médico forense del Juzgado de Primera Instancia de Tarancón, por reunir las condiciones prescritas en el RD 13/05/1862.

Sin embargo, aunque en un principio el período temporal que yo había elegido era de 1881 a 1911 como consecuencia de varias casualidades a la hora de la búsqueda de información, he conseguido retroceder hasta inicios del siglo XIX y poder identificar a más médicos que ejercieron en Tarancón.

En el ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE ALBACETE existen varios legajos correspondientes a Tarancón, y a partir de uno de ellos sabemos que en el año 1811 a resultas de un Real Decreto emitido por el entonces rey usurpador José I Bonaparte se confeccionó una relación denominada Matrícula de todas las personas que en esta villa exercen oficio, comercio, industria, arte y profesión para pagar el derecho y patentes según ese Real Decreto en la clase de contribuyentes número 4 se encontraban los médicos, médicos – cirujanos o cirujanos latinos, por tanto en esa matrícula vamos a tener los datos de aquellos habitantes de Tarancón que ejercían la medicina o la cirugía, a saber: Manuel Martínez como cirujano y Rafael del Barrio como médico que debía pagar unos 300 reales de vellón, ya que Tarancón era considerada como una villa de 4ª categoría, villas o reales donde hubiera corregidor, alcalde mayor o juez de primera instancia.

Tenemos constancia de la existencia de un cirujano en Tarancón, en 1839, a través de una noticia publicada en El Mensajero (número del 13/10/1839). Noticia por otra parte curiosa, porque aparece en la columna de noticias breves y realmente no parece tener ninguna trascendencia, ya que no afecta a ningún personaje relevante (a simple vista), dice lo siguiente: “El mismo día, 10 de octubre, entró en el hospital general (nota: de Madrid) Ramón Mon, el cual con motivo de haberse caído de un andamio en la villa de Tarancón y recibido algunas heridas, había sido curado de ellas por el cirujano del pueblo, pero se le habían abierto de nuevo aquellas por hallarse cerradas en falso, y ha sido necesario conducirlo a dicho establecimiento piadoso para empezar de nuevo la curación.

A partir del número del 20/02/1848 de La Gaceta Médica órgano de la Confederación Médica Española se nos informa que en la Asamblea del 6/02/1848 “el secretario de gobierno leyó el acta de la junta anterior y fue aprobada. El de correspondencias dio cuenta de tres comunicaciones en que aparecen como nuevos representantes (…) a don Bartolomé López Girón por Tarancón”. Algunos meses más tarde, en agosto de ese mismo año y en la misma publicación se nos indica que ha solicitado su ingreso como profesor D. Julián García e Isidro, solicitud que fue confirmada el 11/03/1849.

De 1852 la información nos la proporcionan dos periódicos, La Época (número 1068 del 17 de septiembre) y La España (número 1369 del 17 de septiembre). Dos médicos se nos dan a conocer, Felipe Azorín y Luis Díaz. Y lo sabemos porque en estos números se nos relata un asesinato que tuvo lugar en Tarancón. La crónica es propia de una novela policíaca, dice así: “Las fiestas y feria de Tarancón, tan animadas y brillantes este año con la presencia de S. M la reina madre, se han señalado por desgracia con una catástrofe hasta ahora inesplicable. En la noche del 12 de los corrientes y hora de las once de ella, dio parte el comisario de policía del dicho pueblo al gobernador interino de la provincia, D. Juan Balsalobre, y al juez de primera instancia de este partido, D. Antonio Villaragut, de hallarse en el umbral de la puerta de D. Martín Alcázar (nota: era este un tratante de granos importante) en cuya casa se celebraba baile, un hombre tendido y herido gravemente, que reconoció ser el oficial del gobierno político de Cuenca, y secretario en comisión, del gobernador durante su permanencia en Tarancón, D. José Luis Martínez, natural de dicho pueblo. Al momento se constituyeron en el sitio referido las autoridades, concurriendo también el promotor fiscal D. Julián Palomar, escribano D. Pedro María Segovia, y profesores de medicina y cirugía, don Felipe Azorín y don Luis Díaz. Mientras el juez, al lado de herido, que se hallaban privado de sentido, provehía a su curación, esperando un momento de lucidez y de despejo de su razón para que le revelase quien había sido el autor de las heridas, el gobernador de la provincia seguía el rastro de sangre que había en la calle, y que se perdía a cincuenta y tres pasos de la casa, y en la vuelta de la calle llamada del Celemín. El desgraciado Martínez falleció a los pocos momentos, sin que todos los medios y recursos, que la ciencia y práctica aconsejó, pudieran ni aliviar su situación, ni menos volverlo en sí y el habla que con tanto afán se esperaba, pues ni una palabra pudo conseguirse, sin dejar por eso el juez de requerirle repetidas veces quién había sido el agresor. Examinados todos los parages contiguos, tomadas declaraciones a más de cincuenta personas de las que habían asistido al baile, todo ha sido inútil para aclarar hasta ahora tan horrible crimen. La víctima era padre de familia con su esposa y dos hijos, y generalmente apreciado”. Hasta aquí la crónica de La Época, La España añade: “declarado cadáver por dos facultativos, y practicado por el juez con asistencia del escribano el reconocimiento del sitio en el que se cometió el delito para ver si se hallaba el instrumento y recuento de pasos, hasta donde se le encontró tendido, empezó el que bien puede llamarse voluminoso sumario, procediendo al examen con asistencia del promotor fiscal (…) el reconocimiento de la casa y sus efectos, como la declaración de todos los vecinos de la calle del Celemín, y reconocimiento también de sus casas, hasta en sus bodegas y tejados, por si se encontraba alguna arma teñida en sangre, alguna persona o algún efecto que pudiera guiar al juez al descubrimiento del autor o autores de tamaño atentado (…)”

En otro documento posterior, denominado Indicador de España y de sus posesiones ultramarinas correspondiente a 1864 aparecen dos nombres más: Rafael Ortiz y Antonio Richart y Fuertes. De este último, vamos a hablar un poco más, porque se vio envuelto en un contencioso administrativo un tanto curioso. En 1862, de acuerdo al número 249 de la Gaceta de Madrid, fue nombrado médico forense del Juzgado de Primera Instancia de Tarancón, dos años después según denuncia el periódico El progreso constitucional (número del 20/12/1864) y tras 23 años ejerciendo su cargo de subdelegado médico del partido de Tarancón es retirado del cargo y sustituido por D. Facundo Domínguez que es “primo del conde de Retamoso y secretario del gobierno civil de la provincia” esta denuncia consiguió su objetivo porque de nuevo en la Gaceta de Madrid (número 184, de 3/07/1865) se recoge la resolución de la Dirección de General de Sanidad dependiente entonces del Ministerio de la Gobernación, por la cual se restituye a D. Antonio Richart en su cargo. A partir de la resolución sabemos que todo se origina por una denuncia efectuada por un tal Lucas Sainz que se dirigió al Gobernador Provincial indicando la incompatibilidad de los cargos de médico forense y subdelegado médico. De esta denuncia, procede el nombramiento de su sustituto. El recurso planteado por D. Antonio, prosperó y recuperó su puesto. De este médico volveremos a tener noticia al hablar del cólera; ya en su recurso se hacía mención a la diligencia con la que había desempeñado su labor en situaciones de epidemia, de hecho, en la Gaceta de Madrid de 4/12/1910 número 338 en un epígrafe titulado Sobre pensiones a facultativos inutilizados en las epidemias y de las viudas y huérfanos se establece la concesión de una pensión de 750 pesetas a su viuda Dña. Petra González, D. Antonio Richart había fallecido el 26/08/1887.

Antes de comentar algunos datos referentes al padecimiento de distintas epidemias y algún caso clínico concreto, es preciso poner en contexto la actividad de todos estos médicos. En este siglo XIX, el 90% de la población vivía en pueblos como Tarancón, de pequeño tamaño, dedicados a tareas agrícolas o ganaderas. Esto es importante, porque si bien es cierto que el siglo XIX fue testigo de reformas, no todas ellas alcanzaron a estas pequeñas poblaciones. Desde 1808 se inician una serie de alteraciones en el régimen municipal con el intento de introducir los principios de la ideología liberal-burguesa mediante una serie de leyes de rango superior que armonizasen toda una serie de competencias municipales, como por ejemplo el que la población debía ser cuidada en su salud y que el municipio se encargaría de conseguir que ningún habitante tuviese problemas en ese sentido, el objetivo era mejorar las precarias condiciones higio-sanitarias de la población y controlar los brotes epidémicos y las enfermedades endémicas que padecía el país. En este sentido, los médicos eran contratados por los municipios, y de ello tenemos varios ejemplos en la prensa de esta época:

Boletín de medicina, cirugía y farmacia de 28/07/1836: “vacante la plaza de médico titular en la villa de Tarancón, provincia de Cuenca. La dotación consiste en 700 ducados anuales pagados por el ayuntamiento por trimestres. Los pretendientes dirigirán los memoriales francos de parte al secretario del ayuntamiento de la citada villa antes del quince de agosto próximo en cuyo día deberán proveerse dicha plaza”

Boletín de medicina, cirugía y farmacia de 25/05/1851, ojo con esta nota que se publica porque es una crítica a lo mal remunerado del cargo y ¡al encarecimiento de la vida en Tarancón! Posiblemente consecuencia de las habituales visitas de la familia real a nuestra localidad. “De Tarancón nos escriben rogando manifestemos que no obstante haberse anunciado como vacante el partido de médico de aquella villa, no lo está en realidad, pues no ha finalizado la contrata del profesor que la desempeña. A más de esto, nos comunican las siguientes noticias de aquel partido que conviene dar a conocer a los pretendientes: se compone la población de más de 1000 vecinos y cerca de 5000 almas, es sana por su posición topográfica, no escediendo los enfermos de 1 ½ por 100 en las circunstancias ordinarias, si bien algunas veces hay doble número, pero la asistencia es penosísima por lo estenso de la población, la dotación de 700 ducados mal pagados pues en ocasiones se pasan dos o más trimestres sin pagar al médico por este comúnmente el último que cobra: las casas cuestan de 600 a 1200 reales, los comestibles son tan caros como en la corte sucediendo que hasta el agua potable cuesta real y medio a dos cada carga. Literalmente el médico se halla en la necesidad de vestir con decencia por tener que presentarse a personas elevadas. Resulta por todo esto que un partido de 500 ducados es preferible al de Tarancón”

El Crisol de 20/04/1855: ya comenté el contencioso de D. Antonio Richart por su destitución, pero no fue el único, ya antes en este número se denuncia lo siguiente: “¿Será cierto que se ha nombrado en Tarancón subdelegado de medicina a un médico puro que no habita en la cabeza del partido, y que sin méritos de ninguna especie se le antepone a jóvenes médicos – cirujanos beneméritos, de brillantes antecedentes escolares y que han trabajado muchísimo en la epidemia colérica? Esperemos que, si esto es así, abandone el agraciado lo que no le corresponde y no haga que nos oigan los sordos.

El Imparcial de 19/12/1867:”se hallan vacantes la plaza de médico – cirujano de Tarancón con 4000 reales” Curiosidad, de esta vacante se hace eco el Gibraltar chronicle and comercial intelligencer de 2/01/1865 lo que indica que no fue fácil encontrar a dichos facultativos.

El Genio Médico-Quirúrgico de 22/09/1868: se anuncian dos plazas de médico-cirujanos “de Tarancón, provincia de Cuenca, con la dotación de 700 escudos cada uno. Las solicitudes hasta el 25 del corriente”

Ya no volvemos a encontrar anuncios de esta naturaleza hasta 1885, en concreto en el número del 10/11/1885 de El Diario Médico Farmacéutico: “vacante uno de los titulares de medicina y cirugía de Beneficencia de esta villa y son contrato legal la otra, dotada cada una con 1000 pesetas anuales por la asistencia de 300 familias pobres, al Ayuntamiento y  Junta Municipal de asociados que presido ha acordado anunciar las vacantes para que durante el plazo de 20 días, los aspirantes presenten en esta secretaría municipal solicitudes acompañadas de los títulos o testimonio de ellos, justificando ser doctores o licenciados en medicina y cirugía con arreglo al Reglamento de partidos médicos de 24 de octubre de 1873. Fdo: Leopoldo Rubio, alcalde presidente interino”. Apenas unos meses después, en febrero de 1886 la publicación El Día, recoge una nota muy escueta que dice: “Vacante una de las dos plazas de médico de Tarancón, dotada con 1125 pesetas” la dotación que ahora se ha incrementado, vuelve a bajar en la última notificación de vacante, la publicada el 1/06/1888 en El Resumen, ya que en esta última la plaza estaba dotada con 999 pesetas.

Con el ánimo de seguir poniendo en contexto toda esta información, baste decir que: en 1846, o sea de plena actualidad para nuestros protagonistas, se descubrió la anestesia, en 1940 es decir 100 años después de muchos de ellos se descubre la penicilina, no han pasado 100 años desde el descubrimiento de la vacuna de la viruela, la idea de que las enfermedades las causan microorganismos no aparece hasta 1864 y será en 1865 cuando empiece a hablarse de asepsia. Por eso me parece interesante recoger un caso clínico publicado en El Eco de las Ciencias Médicas el 14/04/1870.

El caso en cuestión está extraído del Parte correspondiente al mes de enero de 1870 elevado al señor director del Hospital de la Caridad por los profesores de cirugía de ese establecimiento. El nombre de la paciente es Josefa de la Osa, de 49 años, madre de cuatro hijos y natural de Tarancón, aunque residente en Madrid. De ella se indica que es de temperamento sanguíneo-nervioso, constitución pasiva y con estado de salud bueno. Lo que se cuenta es que mientras lavaba un chaleco se clavó la hebilla en el dedo pulgar de la mano derecha y después de seis días, o sea el 8 de septiembre, ingresa debido a una inflamación de afectaba a toda la mano y que no había remitido a pesar de todos los medios dispuestos. Ocupará la cama número 43 de la sala número 2.

De la exploración inicial se desprende que padece un flemón subaponeurótico de la región tenar de la mano derecha “que se halló por medio de profundas incisiones en la palma y dorso de la mano y aplicación de baños calientes”. Se inician una serie de curas metódicas durante 30 días, que parecía dar sus frutos, pero “estando próxima la cicatrización, la enferma hizo esfuerzos y movimientos con la mano cuyo borde cubital recibió un golpe fuerte que le ocasionó un gran dolor”. A resultas del mismo de nuevo se origina un flemón subaponeurótico en la región hipotenar, pero esta vez se extiende hasta la mitad de la cara palmar del antebrazo. De nuevo, el tratamiento consiste en incisiones en la mano y en el antebrazo durante otros 30 días al cabo de los cuales las heridas vuelven a cicatrizar. Pero en esta ocasión, se indica que existe una “exacerbación de los síntomas flogísticos” que junto con un exceso de régimen provocan una alteración del estado de la paciente, tanto es así que a primeros de diciembre se produce la destrucción de la cicatriz en la zona del antebrazo “apareciendo la forma ulcerosa de la gangrena de hospital” (nota: se trata de una fascitis necrosante y resumiendo mucho es producto de la infección causada por distintos tipos de microorganismos) que le provoca destrucción de los tejidos blandos y dejando al descubierto cúbito y radio desprovistos de periostio junto numerosas hemorragias y la consecuente anemia.

El día 2 de enero, se decide la amputación del brazo derecho “por el método circular”. El día 3 de enero “sintió la enferma un frío glacial tembloroso que no se percibía tocando la piel, pero el cual cedió a la administración de antiespasmódicos excitantes”. Finalmente, el día 4 fallecía la paciente, según el parte como consecuencia de un decaimiento de su ánimo a resultas de un accidente en la enfermería que la sobrecogió (¿?)

Voy a terminar esta primera entrega dedicada a los médicos (es el único modo de poder recoger toda la información disponible, y sobre todo porque creo que es interesante mostrar las consecuencias de algunas de las epidemias sufridas, así como la actividad más académica de algunos de nuestros médicos) con algunos datos, relativos a dos de los médicos que aparecen indicado al principio, ya que además son parte de mi familia. Me refiero a D. Loreto Alcázar y López y D. Rufino Alcázar y López.

Del primero la información disponible se obtiene a partir de su expediente, que se encuentra en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cádiz. Entre los documentos que conforman el expediente, se encuentra una copia de su partida de bautismo. Nació el 10/12/1843 y fue bautizado en Tarancón tres días después, un dato muy interesante es que su padre D. Eustaquio Alcázar Anguita aparece identificado como cirujano en esa partida ¿sería el cirujano que atendió a Ramón Mon, de su caída de un andamio? y por la breve información disponible en el Archivo Histórico Nacional, sabemos que estudió en el Real Colegio de Medicina y Cirugía San Carlos como discípulo romancista. D. Loreto, estudió en Sevilla (curso 1866 – 1868) como preparatorio para acceder a los estudios de Medicina, en esos años cursó: psicología, matemáticas, geografía, historia, historia de España, física y química, lógica e historia natural. Posteriormente, cursó el primer año de Medicina en Cádiz (1868 – 1869) con asignaturas como: anatomía, disección, osteología, física y química e historia natural. Al contrario que Rufino, no he localizado referencias a su actividad como médico, pero sí aparece como firmante de una carta en defensa de una vecina de Tarancón, y me parece interesante contar cuál fue la razón de esa carta, porque es un claro ejemplo de la tensión que se vivía a finales del siglo XIX entre liberales y conservadores (entendiendo con este término a aquellos elementos más reaccionarios y más afines a los modos del Antiguo Régimen).

Según parece en algún momento de enero / febrero de 1888, María Velasco de Tarancón, escribió al periódico Las Dominicales del Libre Pensamiento una nota de adhesión a la escritora Dña. Rosario Acuña. Y esto no debió caer nada bien en determinados sectores de Tarancón, porque en el número del 22/02/1888 de El Cruzado se lanza un primer ataque o casi mejor dicho una burla a esta chica de 23 años, burla en forma de versos y a la que dedican el apodo de mariquita. Irónicamente señalan que cómo puede ser posible que ella en su escrito hable de “pueblo jesuítico” cuando Tarancón estaba tan bien visto en la prensa liberal. A esta burla contesta el 10/03/1888 el periódico Las Dominicales del Libre Pensamiento, señalando que han aparecido en el pueblo pasquines anónimos contra María Velasco y haciendo una primera defensa de ella y de su escrito. El tono se va a endurecer incluso con bulos, y así en el número del 15/03/1888 de El Cruzado, se recoge una supuesta historia que implicaba a María Velasco y a una madre que acudió buscando alojamiento en la posada que regentaba su familia. En esta historia se cuenta que esta buena mujer es expulsada de la posada en medio de una “fiesta” que se había organizado en la misma, “y a poco la mesonera y los laicos que la acompañaban armaron una juerga por todo lo alto y por todo lo bajo, que ni en Mavill (…) baile de algodón con vistas de hilo”. Esta supuesta historia es lo que provoca la carta de respuesta publicada el 31/03/1888 y firmada por: Canuto Alonso (abogado), Isidro Alonso, Esteban López, Paulino Domínguez, Luis Montalbo (guarnicionero), Miguel Barrios, Lorenzo García Alhambra, Ramón Jiménez, Luis Fernández (cirujano), José de Cézar y Moya, Manuel Alonso Guisasola (abogado), Manuel Marín (comerciante), Mariano Yunta (artista), Santiago Cuenca (guarnicionero), Joaquín Castella, Elías López Brea, Félix Pastor, Enrique Solá, Eduardo Añona (abogado), Sandalio Muñoz, Antonio de la Puente Carnicero, Emilio de Arcos (comerciante), D. Manzanares y Gallego, Loreto Alcázar (médico), Dionisio Montalvo, Eusebio Barrios, Félix Fernández, Justo Ortiz, Manuel Ávila, Ceferino Alcázar, José Bono, Joaquín Herrera, Damián Martín (mesonero), Antonio Párraga, Florencio Ramírez (aperador), Pedro Ramírez, Lucas Ramírez, Esteban Domínguez, Federico Martínez y Ildefonso Vidal y Cano. Carta que se revuelve contra las sucias, infamias y calumnias que se han vertido contra María Velasco a la que califican de muy estimada por toda la villa y perteneciente a una familia católica. Señalando que “ese relato calumnioso mancha también el buen nombre de esta población” desmintiendo el relato “como calumnioso y consignan esta protesta en defensa de la joven María Velasco y de las buenas costumbres de esta población”. A la carta se sigue una crítica feroz por parte del periodista contra los promotores de la acusación y contra el rancio clericalismo que azota España. El 4/04/1888 llega la respuesta de El Cruzado, donde habla de las “aficiones de Mariquita Velasco a las estúpidas teorías libre pensadoras” y se reafirman en su publicación del pasado marzo. La polémica continuará con nuevas publicaciones el 11/04 y el 18/04 por parte de El Cruzado y el 6/05 por parte de Las Dominicales.

Del segundo diremos, que estuvo al cargo de la asistencia médica de los militares estacionados en Tarancón, y esto lo sabemos porque en La Gaceta de Sanidad Militar. Periódico Científico y Oficial del Cuerpo de Sanidad del Ejército Español (número 167, del 10/12/1881) se publica la mención a la Real Orden de 23/11/1881 por la que se resuelven los devengos correspondientes a la asistencia que prestó a los cuadros de Reserva y Depósito de Tarancón. A parte de su faceta como médico, de la que hablaré en la segunda parte, debía tener inquietudes políticas importantes porque en el número del 4/01/1886 de El Resumen¸ y dentro del artículo titulado La izquierda en las provincias aparece como presidente efectivo del Comité de Tarancón, del partido que por entonces presidía D. Manuel Becerra y que se llamaba Izquierda Dinástica, aunque luego se fusionó con el Partido Liberal de Sagasta. Formaban parte de este comité: Eladio Domínguez y Francisco Lamelas como vicepresidentes; Elías López Brea, José Cruz, Rufino Gómez, Manuel Rigada, Nicomedes de la Osa, Enrique Fernández, Leandro Sánchez, Domingo Parra y Manuel Solera como vocales; Gregorio Domínguez como secretario.

NOTA 1: sistema monetario hasta 1864

2 reales: ½ peseta

4 reales: 1 peseta

10 reales: ½ duro o escudo

20 reales: 1 duro

 

NOTA 2: sistema monetario con la reforma de 1864

 

2 escudos: 1 duro

1 escudo: ½ duro

40 céntimos: 1 peseta

20 céntimos: ½ peseta

10 céntimos: 1 real