Tarancón a través del anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración (X): sanidad. Los médicos (II)

Tarancón a través del anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración (X): sanidad. Los médicos (II)

(Artículo de Juan Peñalver Alcázar)

En esta ocasión vamos a utilizar como hilo conductor una publicación de D. Rufino Alcázar y López que se presentó en el IX CONGRESO INTERNACIONAL DE HIGIENE Y DEMOGRAFIA celebrado en Madrid del 10 al 17 de abril de 1898 y disponible en la Real Academia Nacional de Medicina. Además de recoger los datos más relevantes que se publicaban en la prensa del momento en relación con las epidemias que afectaba a nuestro pueblo, en relación con ello recuperaremos un trabajo publicado por un médico de Tarancón en relación con la epidemia variolosa (o viruela)

Lo que D. Rufino Alcázar presentó fue una topografía médica, según JUAN CASCO SOLIS ver https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=51893 “las topografías médicas son estudios de lugares geográficos concretos y de sus poblaciones que se abordan desde una perspectiva higiénica-sanitaria y que comprenden por regla general, la descripción física del punto (…) y la del entorno biológico (flora y fauna), los antecedentes históricos, el temperamento físico y el carácter moral de sus habitantes, las costumbres, las condiciones de vida, los movimientos demográficos, las patologías dominantes y la distribución de las enfermedades”. No hay que olvidar que en el modo en el que se afrontaba la enfermedad desde el diagnóstico, pasando por el tratamiento hasta llegar al pronóstico fue fundamental un hecho y es que en 1878 aparece el concepto de microbio. Ahora, hoy día, enseguida decimos con toda naturalidad, “hay un virus” pero estos médicos como pasaba con los veterinarios, ni siquiera tenían el concepto de lo microscópico. Por eso se establece una época prebacteriana (1800 – 1885) y una época bacteriana (desde 1885) en el manejo de la enfermedad.

El trabajo de D. Rufino Alcázar nos permite conocer algunos detalles de la vida en Tarancón en aquellos años. Nos presenta un pueblo donde calcula habitan unos 1230 vecinos, distribuidos en unas 1150 casas y 89 cuevas habitadas ubicadas en dos barrios, las cuevas de la Carretera y las cuevas de Santa Ana. Donde el clima, se caracteriza por un tiempo muy lluvioso desde finales de octubre hasta mayo, seguido de escarchas que en su opinión son la causa de muchas enfermedades aguas de carácter inflamatorio y del agravamiento de las crónicas, con temperaturas que pasan de los 40ºC en verano hasta los -6ºC en invierno.

Las casas en Tarancón son predominantemente de piso bajo, destaca que sólo unas pocas tienen dos plantas, siendo la segunda la que se utiliza en invierno. En general poco higiénicas y cómodas. Techos bajos, pisos de yeso, con poca ventilación y poco soleadas. En su mayoría se trata de familias numerosas que en espacios reducidos conviven con animales domésticos “viviendo todos en amigable consorcio y revuelto montón”. Los desperdicios generados se acumulan o bien en la calle o en estercoleros adyacentes para hacer abono siendo focos de malos olores y “producen una fetidez insoportable a prueba del olfato más obtuso, teniendo además la mala costumbre de esponerlos en las calles y plazas en enormes montones por semanas y meses”

Para el suministro de agua se dispone de fuentes y lavaderos públicos, “estas son dos de escasas y gruesas aguas y el lavadero uno y pequeño, por tanto, es insuficiente a las necesidades del pueblo en tiempo normal y perjudicial en tiempo de epidemias; así que casi siempre está hecho un cenagal y la operación de lavado de ropa y muebles se hace en su mayoría a domicilio o en las diferentes huertas que hay en el término. Urge pues una reforma en este punto”. Siguiendo con la descripción del pueblo, dice “en general [las calles y plazas] son estrechas, tortuosas, llenas de ángulos y recodos de mal piso y mucho lodo cuando llueve a pesar de los esfuerzos y gastos que hace el ayuntamiento para remediarlo. Plazas sólo hay una que merezca tal nombre y es la de la Constitución, situada casi en el centro del pueblo, y plazuelas o mejor dicho ensanchamiento de calles, cuatro”

Con esta descripción, tanto de las casas particulares como del entramado viario, no es de extrañar que cuando describe el estado de limpieza pública y privada, se lamente “ya venimos indicando el estado de policía tan lamentable en que se halla este pueblo y lo mucho que debe hacer el municipio para que alcance en esta rama de la higiene y salubridad pública el lugar que le corresponde, pues aunque tiene dos peones de villa para su aseo y limpieza, éstos se ocupan poco de ello, limitándose cuando más a arreglar algún mal paso o barrer tal o cual calle”. Es más duro aún en el siguiente párrafo: “este pueblo da triste idea de su estado higiénico, pues además de lo que ya hemos manifestado respecto del deplorable estado de sus calles convertidas en basureros y en la estación de las lluvias en inmensos lodazales. Y en las calles menos frecuentadas, aunque sean céntricas (vergüenza da decirlo, pero veracidad obliga) abundan las deyecciones humanas”

La conclusión de todo ello se resume en esta afirmación “y como resulta que la limpieza es la mitad de la salud, resulta que la de estos vecinos no es completa y cabal como debería serlo”.

Hay otro elemento que al médico le preocupa, y que está de plena actualidad. Destaca que el municipio dispone de trece molinos de aceite, fábricas de jabón, hornos, tahonas y que destaca por la fabricación de vinos, alcoholes y aguardiente…” cada uno de cuyos establecimientos contribuye a alterar el aire que respiramos”.

Según él, el taranconero de su época es de estatura pequeña, robusto, enjuto y de temperamento nervioso. “Pues al poner a los niños al trabajo antes que sus fuerzas físicas sean bastantes a soportar las rudas faenas que exige la agricultura hace que su desarrollo no sea cual debiera, que se vejez sea anticipada y la ruina fisiológica tan frecuente entre estos vecinos, pero en compensación de tales males, tienen la inapreciable ventaja de ser de buenas costumbres, dóciles y sobrios en el comer y beber, pues a pesar de abundar el vino y los aguardientes anisados, y de tenerlos siempre a su disposición, jamás se embriagan, son bebedores pero no borrachos”

La asistencia sanitaria a cargo del municipio, la beneficencia municipal se componía de dos médicos cirujanos, un farmacéutico y un practicante. Ocupándose de la asistencia de unas 370 familias pobres, así como de los enfermos transeúntes. Destacando que todos los años el presupuesto municipal consigna una cantidad de dinero para alimentos destinados a los enfermos pobres. “En esta localidad se vacuna a los pobres de la beneficencia municipal dos veces al año o más si amenaza alguna epidemia de viruelas mediante un bando público para que acudan las madres con sus hijos, los días y horas señalados al local destinado al efecto”. Pero no siempre fue así, fijémonos en el siguiente recorte extraído del número del 6/03/1868 de La Correspondencia de España, “el descuido con el que muchas familias y las autoridades locales sueles mirar la cuestión referente a la inoculación de la vacuna es causa de que con frecuencia se desarrollen epidemias variolosas como ha sucedido en diferentes puntos de España, entre ellos Palencia, Tarancón, Zafra, Huesca y Toledo. De espera es que se terminen y den a luz cuanto antes las disposiciones que sobre este asunto se consultan al Consejo de Sanidad del Reino”

Con respecto a la Beneficencia, es interesante destacar una polémica de la que se hace eco La Iberia en su número del 2/04/1864, cuando publica lo siguiente: “según carta de Tarancón que tenemos a la vista, se trata allí de ventilar la cuestión, de si al jornalero que gana cinco reales de jornada – el día que trabaja – y si al vecino que no paga diez reales de contribución se les ha de dar asistencia de médico gratis en cumplimiento de la ley de sanidad. Esta cuestión ha dado motivo a órdenes y contraórdenes y a intrigas de todo género, llegando hasta llamar la atención del Gobierno. El origen de este asunto es la destitución de los médicos titulares de aquella villa, por el solo pecado de haber firmado la cartita que los electores dirijieron al digno general don Carlos Latorre [que en 1868 participó en el derrocamiento de Isabel II]. ¿Quién no conoce que un simple jornalero es pobre, como lo es igualmente el que no pasa de diez reales de contribución? Aquí lo que se quiere, es que los médicos titulares den su voto a la persona que el alcalde designe. ¡Y luego se dice que hay libertad en las elecciones! Por fortuna, y aun a costa de sus intereses, los médicos cumplen con su conciencia (…)”. Y la polémica tuvo que ser sonada, y además no de fácil resolución porque el 11/01/1865, en El Progreso Constitucional, se hace la siguiente apelación: “Desearíamos que los diarios ministeriales nos contesten a la siguiente pregunta: ¿En qué estado se halla el espediente del ayuntamiento de Tarancón, en solicitud de que la dirección general de beneficencia y sanidad declare quiénes pueden considerarse pobres para recibir la asistencia médica gratis?

Antes de abordar lo estrictamente sanitario. Algunos detalles más de cómo era nuestro pueblo. Por ejemplo, con respecto a la parroquia indica que en invierno es necesario cubrir el suelo de esteras para hacerla más abrigada, destaca la conveniencia de reabrir la puerta del Sur, tapiada en este momento, para mejorar la ventilación y acelerar la evacuación en caso de incendio, además aplaude que se cambiara el suelo por una nueva baldosa “ya que las sepulturas sobre las que se encontraba, hacían el suelo desigual”.  Se disponía de cinco escuelas públicas, dos para niñas, dos para niños y una de párvulos junto con la enseñanza primaria y gratuita para los niños pobres a cargo de las monjas ursulinas. Las escuelas de niños se ubican en edificios municipales, y el resto en casas particulares y estas le preocupaban especialmente “pues siendo sus pisos de yeso, y yeso malo, que por el roce constante se desgasta más, se levanta un polvo infernal que no sólo perjudica al menaje, deteriorándolo mucho sino que es muy nocivo a la salud de las niñas por ser el vehículo más apropiado para transmitir los gérmenes de las enfermedades infecciosas y contagiosas como las difterias, las viruelas y mejor aún las tuberculosis, por el desprendimiento y volatilización en la atmósfera de sus átomos o partículas, porque con estos se conduce fácilmente los microorganismos patógenos” y recomienda, y esto me ha resultado muy curioso, copiar las medidas tomadas en ¡Viena! para reducir las enfermedades catarrales e inflamatorias reduciendo cuanto sea posible el polvo en escuelas y calles.

En este momento, Tarancón dispone de teatro, cuartel de la Guardia Civil ocupado por 6 guardias y sus familias, mercado, matadero municipal ubicado entre las dos fuentes (está hablando del paraje de el Caño) y aislado de las casa vecinas “en él se sacrifican reses para el surtido de carnes de la población, bajo la inmediata vigilancia de un inteligente y solícito inspector, pagado de fondos municipales”, cárcel de partido (en esta época a pesar de haberse iniciado su construcción hacía cuarenta años ¡seguía sin concluir!) y cementerio municipal, del cual dice “dista de la población unos 500 a 550m en la misma dirección [se refiere a que está ubicado en la misma dirección que la cárcel, en el extremo norte de la población] y está situado detrás de una eminencia o altozano, que hace que los vientos que vienen por aquel punto pasen muy altos y no afecten a los moradores del pueblo, así que en 60 años o más que se hizo y a pesar de las epidemias por que hemos pasado, y el crecido número de enterramientos que ya se han hecho, jamás se ha notado su mala vecindad” uno de los elementos de este cementerio de los cuales se felicita nuestro autor es la nueva sala de autopsias construida el año anterior, sala “espaciosa y cómoda” según sus palabras.

Para finalizar con este primer apartado, descriptivo, si quiere llamarse así de la población, D. Rufino destaca tres puntos. Que reflejan claramente cuál era el estado, imagino que extensible a otros muchos municipios de la España rural de este período y que en algunos casos no se han corregido hasta hace relativamente poco, yo todavía recuerdo cuando mis abuelos nos contaban las obras de instalación del alcantarillado en nuestra calle. El primer punto es el que dedica a obreros pobres hablando de su alimentación y su vivienda. Dice: “si entendemos por obreros, los individuos que están al servicio de las diferentes industrias y oficios que aquí se explotan, diremos que éstos son los menos y aunque sus jornales o emolumentos sean modestos ganan lo suficiente para tener un mediano pasar; pero si esta palabra la aplicamos a los que se dedican al cultivo de la tierra, que son los más, diremos que éstos en general la pasan menos que medianamente, en particular la clase jornalera, sobre todo en los grandes temporales de aguas y nieves del invierno, pues a pesar de que sus amos les facilitan trabajo la mayor parte del año, y cuando no, les auxilian con algunos adelantos en dinero o trigo, llamado empeño, para descontarlo después en la cuenta de la siega de cereales, en la recolección del verano, como la mayoría tiene bastante familia, si no pasan materialmente hambre, su alimentación es deficiente en esta época del año, y esto que algunos inviernos se les socorre también con raciones de pan por el Ayuntamiento, los particulares y las sociedades benéficas, entre las que se encuentran la de señoras, llamada San Vicente de Paul” la dieta de estas gentes consistía en pan, patatas (incluso crudas), judías, lentejas, harina de almortas en gachas (su abuso es la consecuencia de una enfermedad llamada latirismo) bacalao, sardinas saladas, espinacas, acelgas, calabaza, cebolla, ajos, pimientos picantes, guindillas y despojos (pulmones, hígado…). A lo ya indicado en la descripción inicial de las viviendas en Tarancón, añade ahora que eran estas personas las que ocupaban las cuevas que antes se mencionaban aportando otro comentario que no hace sino mostrar el grado de miseria en el que vivían “sus viviendas son las casillas más malas de la población o las cuevas, de donde se desprende un olorcillo sui generis que denuncia su miseria desde la puerta de entrada”. Con respecto a la disponibilidad de un alcantarillado, considera que será muy difícil su ejecución por la importante presencia de cuevas y bodegas en el casco urbano empleadas por supuesto para la conservación de los vinos fuente principal de riqueza del pueblo, tanto es así que en su opinión las bodegas “no deben inutilizarse y menos aún destruirse”. Y por último, este párrafo dedicado a os parques, que me parece hasta premonitorio “no hay aquí ninguno y plantaciones de árboles apenas, pues excepción de algunos que hay en las carreteras, caminos vecinales o alrededor del pueblo, sitios a los que se llaman paseos, sólo se ven diseminados en grupos algunos en el predio de las viñas o huertas, porque es tal el horror que estos vecinos han mostrado siempre al arbolado que los más años se reponen los pocos que hay y los más años también los destruyen, así que no logramos ni probablemente lograremos nunca tener arbolado, si el municipio no toma parte activa en las plantaciones y no castiga con mano firme su destrucción”

De todo lo expuesto, el autor de la Memoria distingue dos causas que afectan a la salud de sus convecinos. Y las clasifica en PERMANENTES y aquí destaca sobre todo el estado de las viviendas ya que por su tamaño y por el número de ocupantes (personas y animales) “hacen que con más facilidad se vicie el aire, ya de suyo confinado por la dificultad de su renovación y he aquí por tanto el primero y principal factor de salubridad”. Y el otro grupo son las ACCIDENTALES como son, la falta de agua que afecta directamente a las prácticas de higiene personal, de hecho se lamenta que no se podrán inculcar dichas prácticas “mientras no se procure dotar a este pueblo de mayor y mejor cantidad y calidad de aguas potables, como principal elemento de salud y vida” y la acumulación de basuras, para lo cual recomienda “obligar a sus dueños a que desde el corral y de noche, los lleven directamente al campo a una distancia mínima que no baje de 1 Km, cubriéndolo además con una espesa capa de tierra”

¿Pero cuáles eran las enfermedades más frecuentes a las que debían atender estos médicos?

Epidemias aparte, los procesos digestivos en los niños de corta edad, especialmente las indigestiones “a causa sin duda de la perniciosa y arraigada costumbre que tienen aquí las madres de darles de comer a sus hijos desde los primeros días de su nacimiento una sopa o papilla compuesta de miga de pan, azúcar y no escasa cantidad de aceite, so pretexto de que quedan sosegados y duermen bieny en el caso de los adultos destaca anginas, enfriamientos, pleuroneumonía y reuma articular.

Con respecto a las epidemias, los datos que aporta son los siguientes:

AÑO ASISTENCIAS FALLECIDOS % ANUAL
1889 405 37 10.05
1890 435 38 11.05
1891 581 74 7.06
1892 423 37 11.05
1893 547 28 19.08

 

AÑO Difteria

(1)

Fiebres intermitentes

(2)

Tos ferina Gripe Sarampión Escarlatina Viruela

(3)

1889 40 16 11        
1890   17   26     11
1891 4       55   36
1892   43 14     11 11
1893   20          
TOTAL 44 96 25 26 55 11 58

(1)   “Su fuerza expansiva y difusiva se debilita con el tiempo y se recrudece periódicamente cada que vez que llovía de nuevo después de una sequía más o menos larga sobre todo en otoño o en invierno y en aquellas viviendas en que las familias tenían muchos niños o escaseaba la policía o se removían las basuras”

(2)   “No invadieron el año 1891 sin duda porque aquel año corrían bien las aguas y se habían sentado los cienos procedentes de la monda, o limpia del río y arroyo en años anteriores y ya vuelven de nuevo a producirse porque se encuentran próximamente igual a aquellos”

(3)   “En esta última epidemia como en las anteriores, fue siempre importada a esta localidad desde otros limítrofes donde reinaba epidémicamente, siendo las primeras invasiones en personas jóvenes de la vecindad o que habían tenido algún roce con los atacados. Que su fuerza expansiva y difusiva se ha hecho también más manifiesta en los sujetos jóvenes de residencia accidental; en los de la población sin vacunar y en las viviendas reducidas en que sus moradores estaban como hacinados” En este punto vuelve a insistir en la importancia de la vacunación, por una parte señalando que a pesar que individuos vacunados hayan podido verse afectados por la enfermedad lo han sido de manera más benigna y que el padecer los síntomas de la vacunación no es razón para no vacunarse y se lamenta de nuevo que “a pesar del celo que el Ayuntamiento despliega por que se vacunen gratis todos los años una o dos veces a los pobres de la beneficencia municipal, aún hay madres, aunque por fortuna las menos, que descuidan utilizar este importantísimo medio de preservación de una enfermedad tan temible por sus efectos y sus consecuencias. A los padres se les debe invitar o estimular por la persuasión de la necesidad que tienen de vacunar a sus hijos antes de la edad marcada para que ingresen en las escuelas públicas sin cuyo requisito no se les debe admitir con los demás niños y en el caso improbable de que hiciesen resistencias, se les encomienda el desempeño del servicio de las cargas municipales en consonancia a su posición, como justa reciprocidad a los daños o males que su imprudente conducta puede acarrear a sus convecinos”

La información que aporta D. Rufino sólo se refiere al quinquenio 1889 – 1893, pero si rastreamos la información que nos proporcionan los medios de comunicación de la época podemos obtener datos interesantes.

EPIDEMIA COLÉRICA:

Número del 2/10/1855 de Las Cortes, “De Tarancón nos escriben con fecha 28, dándonos cuenta de las amarguras porque ha pasado aquel pueblo con la invasión del cólera morbo. La epidemia se ha presentado esta vez con proporciones mucho más amenazadoras que el año 34, pero se ha sufrido su acometida con mucho más valor, han sido asistidos con celo y caridad todos los invadidos, a nadie ha abandonado la población y la municipalidad ha sabido colocarse a la altura de sus deberes y conquistas las simpatías y el reconocimiento de sus administrados”

Vuelve el cólera en 1885, haciéndose eco entre julio y agosto de 1885 diversas publicaciones, como El Noticiero, La Fe, La Unión, El Imparcial y La Época. De todos ellos sacamos los siguientes datos.

 

FECHA INVASIONES (nuevos contagios) DEFUNCIONES
26 y 27/07 8 3
28/07 2 2
29/07 8 2
30/07 17 2
31/07 7 2
1/08 40 6
2/08* 57 6
3/08 22 1
4/08 20 6
5/08** 18 6
6/08 18 2
8/08 15 2
21/08 6 0
Total*** 238 40

*con esta fecha aparece una noticia en La Correspondencia Imparcial que da idea del grado de alarma y miedo que esta enfermedad generaba en la población: “con motivo de la existencia del cólera en Tarancón y Torrubia del Campo, el alcalde de Fuente de Pedro Naharro ha impedido la entrada en la localidad del médico de la misma, que se había dirigido a la segunda de dichas poblaciones en busca de una hermana suya. Todos los criados del pueblo, armados de palos y hoces, se amotinaron también para impedir la entrada del referido médico que con su hermana fue trasladado al lazareto establecido en un molino de viento próximo al cementerio”

** se publica en La Época¸ que se va a conceder una ayuda de 1500 pesetas a Tarancón para hacer frente a la epidemia, posteriormente la cantidad se reducirá a 1000 pesetas, no me quedando claro si se tratará de una ayuda estatal o a partir de donativos particulares.

*** estos datos son refrendados con alguna corrección, por La Gaceta Médica en su número del 15/02 señalando un total de 231 invasiones (ojo, el 5.03% de la población) y un total de 40 defunciones (17.31% de la población)

EPIDEMIAS VARIOLOSAS:

La primera noticia es contradictoria, porque mientras que en el su número del 14/02/1868 El Noticiero de España señala que “van disminuyendo los casos de viruela que con tanta insistencia se han presentado en los pueblos de Zafra y Tarancón” (situación que por otra parte también es destacada por La Época el 17/02 y La Corona el 18/02) otros medios como La Correspondencia de España (21/02/1868) sin embargo dan noticias más positivas, recogiendo incluso que “uno de los facultativos de aquella población [Tarancón] nos escribe que en 4 mese sólo ha habido 20 defunciones de toda clase de enfermedades, número muy exiguo si se atiende a que aquel pueblo tiene más de 5000 habitantes”. No volvemos a tener noticias en los medios de la presencia de viruela en Tarancón hasta 1876, en concreto a través de el Diario oficial de avisos del 24 de julio cuando indica “en Tarancón se ha desarrollado la enfermedad de la viruela entre el vecindario”.

Es el momento de destacar una publicación aparecida en El Genio médico-quirúrgico el 7/10/1871 obra de D. Diego García López, subdelegado del partido de Tarancón y presidente de su Junta donde comparte algunas de sus conclusiones en relación con la viruela:

1.- Tipo de enfermedad: en su opinión es una enfermedad manifiestamente infectiva y por tanto contagiosa.

2.- Como tratamiento recomienda: bebidas semiácidas, de pan, de arroz, caldos, sopas claras de ajo, sopas de cocido. Y en el caso de presentación de “saburra, opresión pletórica e inflamación hacia una o más entrañas” se adietará, purgará y sangrará, pero con precaución porque tras estos estados “existe un fondo específico cuya naturaleza malévola hiere hasta los componentes sólidos de la sangre para presentar muy luego la adinamia e inanición”.

3.- En cuanto al manejo del paciente y las condiciones que le rodean recomienda: ventilación de la habitación donde se encuentre, limpieza y aseo, muda frecuente de ropa, aplicación de lociones y baños sobre todo “cuando la piel de los variolosos se encuentra seca y en extremo urente y cuando con estos síntomas se ve que los centros nerviosos, como periféricos, han perdido o están propicios a perder sus sinergias, sus coherentes acciones compensatrices, cuyo estado atáxico, sucede por desgracia, con demasiada frecuencia”. En el caso de presentarse complicaciones como por ejemplo hemorragias por el ano o diarreas, recomienda que junto a los baños y lociones se administre limonada sulfúrica junto a las tisanas de arroz y pan en el caso de las hemorragias y opio en el caso de las diarreas. En este manejo del paciente se debe procurar no mantenerlo en posición supina de manera constante, sino cambiarlos de posición periódicamente para evitar lo que él llama “hiperemia hipostática” de hecho su indicación es “debe imprimirse a los enfermos moderadamente, sacudimientos repetidos que agiten los líquidos en general y la sangre más o menos estancada”

4.- Muestra cierto descreimiento o desconfianza hacia una serie de tratamientos que, él reconoce son los empleados de manera rutinaria, pero que a él no le funcionan, por ejemplo: alcanfor, emplasto de vigo con mercurio en forma de careta, tintura de yodo junto con yoduro potásico, lociones yoduradas, vejigatorios, cauterización con nitrato de plata, pomada mercurial entre otros. Sin embargo, él se decanta por el empleo de agujas de sutura para pinchar las pústulas que, en el caso de las localizadas en los órganos de la visión, cauteriza con nitrato de plata.

5.- Concluye que el único modo de evitar la enfermedad es la vacunación y revacunación y en su defecto “huir muchas leguas del foco contagioso” siendo la pauta de vacunación que él recomienda la siguiente: obligatoriamente todos los años, todos los niños una dosis – si se presenta una situación de epidemia, segunda y hasta tercera dosis para los niños que hayan enfermado a pesar de estar vacunados o niños sanos con primovacunación – la revacunación es especialmente importante en niños mayores de 8 años, porque considera que son los responsables de la diseminación de la enfermedad cuando esta aparece – también debe revacunarse a los adultos, porque su experiencia le ha mostrado que adultos que superan la enfermedad, lejos de estar libres de ella “fue presa de ellas por segunda y de ésta morir lastimosamente a la edad de 51 años”. Dedica una crítica comedida pero severa hacia aquellos compañeros de profesión que recelan de la vacunación “presumo que se hallan en un lamentable error y prueban: ó que están seducidos todavía por las doctrinas sistemáticas y datos insuficientes como incompletos (…) ó que no se han detenido a fijar su ilustrada atención para apreciar la inocencia de aquellas inoculaciones profilácticas, la inmunidad de que gozan los sometidos a ellas”

 

Una última consideración con respecto a la figura de D. Rufino Alcázar. Además de su Topografía de Tarancón, es el autor de otra comunicación, publicada en El Criterio Médico el 30/09/1887 titulada, ojo, HOMEOPATÍA POR CONVICCIÓN. Nos cuenta que en 1877 tuvo que atender al caso de una niña, cuyos padres eran firmes defensores de la homeopatía, él mismo indica que a pesar de todo no había manera de “hacerles entrar en el uso y en la tradicional y galénica terapéutica de nuestros purgantes, sangría, cataplasmas y jaropes” pero él insistió y consiguió que sus padres aceptaran sus métodos, pero la niña falleció. De modo, que, ante la desesperación generada por este hecho, se propuso estudiar el método homeopático, adquiriendo unas grajeas llamadas policrestos. Reconoce que con el tiempo su interés desapareció volviendo “otra vez a la rutinaria y cómoda sangría, sanguijuelas y untajos con que frecuentemente se embadurna la piel de los enfermos”. Pero un día acudió a su consulta una mujer aquejada de dolor de muelas, en principio estuvo tentado de “salir con la muletilla de siempre, ¡sáquesela usted!” pero decidió probar con uno de esos policrestos, además consideró que siendo una dolencia que no comprometía la vida de la paciente, podía servirle de experimento. La sorpresa fue que la señora mejoró, y esta situación volvió a repetirse hasta unas treinta veces en los siguientes seis meses, corriéndose la voz ya que “me buscaban con interés creciente para que les diese las bolillas que yo mandaba para el dolor de muelas” … de mod que ante estos éxitos iniciales decidió probar con patologías más severas como erisepelas, pleuresías y pleuroneumonías. Reconoce que no fue fácil hacer público, sobre todo entre sus compañeros, el uso de estas terapias, “sabedores estos de mi conducta en el ejercicio de la profesión, se volvieron y armaron contra mí, hiriendo mi honradez y noble deseo de aprender e inquirir verdades (…) siempre y en todas ocasiones procuraron hacer befa y escarnio de mi fe entonces naciente y de mi credulidad en una doctrina ya juzgada por el tiempo y la opinión pública como una farsa indigna de hombres serios” a pesar de todo sigue estudiando, consigue las obras más significativas sobre la materia en esa época, reafirmándose en las virtudes de la homeopatía. Pero reconoce que “es impracticable en la población rural, al menos que el práctico tenga un buen patrimonio con que hacer frente a las necesidades de la vida, ó la abnegación bastante de morirse de hambre” A pesar de todo, la homeopatía no debió ser sino otro campo más en el que este hombre trató de mejorar sus conocimientos, y realmente se muestra muy activo sobre todo en el campo de la higiene, porque sabemos que uno de sus trabajos recibió una mención honorífica por parte de la Sociedad Española de Higiene en 1888.

 

De todo lo anterior, y esto es una opinión, a partir de la información y testimonios que nos aportan los médicos de la época los miedos e incertidumbres que nos trasladan no están tan lejos de la situación que vivimos hace unos pocos años con el COVID-19. Sin embargo, hay algo que me ha parecido curioso o tal vez incluso triste. Aquellos sanitarios hacían lo indecible por enfrentarse a enfermedades que en algunos casos ni siquiera sabían nombrar fiaban todo a su pericia, su propia experiencia y a las novedades científicas que con cuenta gotas les llegaban. Y quizás la cercanía con la muerte les hacía poner en valor las mejoras y los avances que en su época se iban produciendo, nos hablaba D. Rufino de la importancia por ejemplo de una buena alimentación o de la formación o de las vacunas. Y parece increíble que ahora con toda la información que existe, con todos los medios a nuestro alcance, con una Ciencia que avanza a cada minuto sea ahora cuando más se cuestiona el criterio profesional, cuando más vigor tienen pensamientos que, esos médicos liberales del XIX encontraron dentro de los sectores más reaccionarios de su época, ponen en juicio datos objetivos que nos da la Ciencia. ¡Cuánto habría dado doña Josefa (la que murió por una herida en un dedo tras casi 3 meses de ingreso) por un antibiótico! No estamos aquí por instagramers, youtubers, ni predicadores de RRSS con sus mensajes vacíos… estamos aquí gracias a todos estos sanitarios que trataron de mejorar la vida de sus paisanos con Ciencia.