(Artículo de Alfonso Bermejo García)
Antes de estado de alarma declarado a causa de la epidemia del coronavirus, miles de personas se arrellanaban en la mesa de operaciones de quirófanos de los hospitales a diario. Salvo excepciones, las listas de gente para ser operada eran muy extensas y el tiempo de espera se hacía demasiado largo.
Durante un periodo de tiempo, a fin de atender la avalancha de ciudadanos que diariamente ingresaba en los hospitales con síntomas de enfermedad de la covid-19 y al objeto de concentrar los recursos humanos y materiales sanitarios disponibles, los quirófanos han tenido que parar su actividad. Las operaciones programadas tuvieron que suspenderse y los enfermos que estaban a punto de entrar en quirófano, resignarse y seguir esperando pacientemente.
Ahora, en la desescalada, cuando los cirujanos, anestesistas, radiólogos, enfermeros, celadores, equipos de Unidad de Cuidados intensivos (UCI) y demás personal sanitario de los hospitales retornan al quehacer y los quirófanos, con las máximas medidas de seguridad para garantizar que son un área libre de la covid-19, vuelven a recibir enfermos, los equipos médicos dicen que los pacientes no están con el mismo ánimo y algunos se lo piensan dos veces.
Si por lo general tener que pasar por el quirófano resulta peliagudo, hacerlo después de un confinamiento, cuando estamos camino hacia lo que se ha denominado la nueva normalidad, parece que complica algo más la decisión a los pacientes.
Y es que desde el momento que a una persona le dicen que la operación es la única salida para recuperar la salud hasta que entra en el quirófano, suele comenzar a vivir una fase en la que experimenta fuerte tensión que puede llegar a comprometer su estado emocional.
Fruto del miedo al quirófano es frecuente que hasta el día de la operación el nivel de estrés y ansiedad no pare de crecer. Para algunas personas la angustia puede llegar a hacerse insoportable. Además suele ser normal que, además de la ansiedad y pensamientos negativos, en ese periodo de tiempo aparezcan también determinadas manifestaciones psicosomáticas (dolor de cabeza, aumento tensión arterial, palpitaciones, presión abdominal…) que aumentan la sensación de malestar y hacen que la persona se vuelva irritable, le cueste dormir o sea incapaz de concentrarse. Es lo que se llama trastornos por estrés preoperatorio.
¿Qué se puede hacer para controlar el estrés que produce el síndrome al quirófano? Pues bien, a las personas que en los días previos a tener que pasar por un quirófano sienten una angustia desmedida, la atención psicológica ofrece ayuda para atenuar el temor que sin descanso les asedia. Para estos casos la psicología ha integrado técnicas basadas en la meditación (MBSR – Mindfulness-Based Stress Reduction -, o REBAP – Reducción del Estrés Basado en la Atención Plena -) que se utilizan como herramientas para aprender a relacionarnos de manera directa con aquello que está ocurriendo en nuestra vida en el momento presente, de tal forma que , tomando conciencia de nuestra realidad, nos ofrece la oportunidad de hacer frente al estrés, malestar, enfermedad o desafíos de nuestra vida.
Confiar plenamente en los profesionales sanitarios y tener la completa seguridad que vamos a recuperar la salud, son también elementos clave que nos ayudaran a pasar por el quirófano despojados de temor y con una disposición positiva.
Al quirófano hay que tenerle respeto, pero no miedo.

