(Artículo de Juan Peñalver Alcázar)
Para empezar y con ánimo de dejar claro el perímetro dentro del cual me voy a mover en las próximas líneas, varias afirmaciones o precisiones importantes:
1º.- En ningún modo me considero un buen cristiano católico practicante, podría decirse que soy del montón. No cumplo como se debe el mandamiento de: Oír Misa entera los domingos y fiestas de guardar, y no realizar trabajos que lo impidan. Tengo la convicción de que hay determinados días en los que es necesario acudir a la Iglesia, pero, como digo no soy ningún ejemplo para nadie en este aspecto.
2º.- No pretendo que las próximas líneas sean una catequesis, cualquier cuestión de esta índole corresponde a los catequistas y en último término a los sacerdotes. Es decir, no pretendo debatir ninguna cuestión teológica acerca de la veracidad o no de lo que los textos evangélicos (canónicos o no) nos dicen sobre la Navidad. Creo que cada cual es libre en principio de creer o no, y en segundo lugar que la vivencia de la Fe tiene mucho de personal. Lo importante en definitiva es SER BUENA PERSONA.
3º.- Soy cristiano, y además católico, quizás no el mejor como ya he dicho, pero he nacido, me he criado, vivo y me impregna en todo lo que hago la cultura cristiana.
¿Por qué manifiesto esto? Porque en las últimas semanas, y reconozco que es un sentimiento nuevo para mí, he pasado de un estado de indiferencia, a otro de enfado viendo cómo se trata o como tratamos en general estas fiestas de Navidad. Insisto, esto no va de un sermón de espiritualidad vs materialismo, que se podría, esto va de CULTURA me atrevería a decir de CIVILIZACIÓN.
En estos días, todo es “la magia de la Navidad”, “elfos”, “hadas”, “papá Noel” o “Felices Fiestas (a secas)” y eso está muy bien, todo lo que haga que la gente sea feliz, esté contenta, le haga sonreír, está bien…nadie negará que es muy agradable salir a una calle iluminada, con bullicio y buen rollo como suele decirse; pero ¡ojo! Lo que estamos celebrando es una fiesta religiosa, que no tiene sentido sin ese componente. Y es una fiesta que es propia del mundo cristiano, porque lo que celebran los cristianos es el NACIMIENTO DE JESÚS o de CRISTO…a estas alturas ya seré un talibán o un carca o todo junto, pero es la realidad. Celebramos la Navidad porque vivimos en un espacio culturalmente cristiano. Los mahometanos, los judíos, los budistas, los hinduistas y cualquier otro credo no celebran la Navidad, o al menos estos días festivos no significan nada para ellos, más allá de lo festivo.
Pretender celebrar la Navidad, pensando que puede eliminarse el elemento religioso es hacerse trampas al solitario. ¿Qué dicen, por ejemplo, las letras de los villancicos?
NOCHE DE PAZ
Noche de paz, noche de amor
Todo duerme alrededor
Entre los astros que esparcen su luz
Bella, anunciando al niño Jesús
Brilla la estrella de paz
Brilla la estrella de amor
Noche de paz, noche de luz
Ha nacido Jesús
Pastorcillos que oíd anunciar
No temáis cuando entréis a adorar
Que ha nacido el amor
Que ha nacido el amor
Desde el pesebre del niño Jesús
La Tierra entera se llena de luz
Porque ha nacido Jesús
Entre canciones de amor
AY DEL CHIQUIRRITÍN
Ay del chiquirritín chiquirriquitín
Metidito entre pajas
Ay del chiquirritín chiquirriquitín
Queridin, queridito del alma
Por debajo del arco del portalico
Se descubre a María, José y al Niño
Ay del chiquirritín chiquirriquitín
Metidito entre pajas
Ay del chiquirritín chiquirriquitín
Queridin, queridito del alma
Entre un buey y una mula Dios ha nacido
Y en un pobre pesebre lo han recogido
¿Qué es lo más típico de cualquier hogar en estos días? Colocar el Belén. Más grandes, más pequeños, con figuras más o menos artísticas, con río o sin río a veces hasta con un caganet…pero todos, todos, todos, tendrán un portal con la Virgen María, San José y el Niño Jesús y pastores. Y en muchos de ellos se representará entre otros, el episodio que recoge el Evangelio de San Mateo, de la visita de los Reyes Magos…todo lo demás son licencias de los belenistas, heredadas dentro de una familia a lo largo de los años. Pero estos tres elementos, portal, pastores y Reyes tienen como fuente el Evangelio (San Mateo y San Lucas). Cuando ponemos un Belén, estamos escenificando pasajes que proceden de unos textos religiosos que significan “buena nueva” (como he dicho ya sean canónicos o no). Guste o no.
“Yo no pongo Belén, yo pongo árbol de Navidad”. Perfecto, yo también en casa, y es un momento muy divertido y esperado, imagino que como en todas. Y lo que hacemos, tal y como lo hacemos, es el resultado de la adaptación que hizo San Bonifacio de una costumbre pagana en beneficio de su labor misionera en la antigua Germania, o sea que seguimos el ejemplo de un santo. “Yo no celebro los Reyes, me quedo con Papa Noel”, fantástico estas celebrando en una de sus versiones a San Nicolás de Bari, pero con los colores que una conocida marca de refrescos estandarizó.
En definitiva y a riesgo de ser pesado, las fiestas de Navidad son una fiesta religiosa propia del mundo cristiano. Y como he indicado anteriormente cada uno las celebra como quiere, pero por favor, no ocultemos su origen, no neguemos su significado. Porque en su origen, está el meollo de lo que ahora somos, incluso el laicismo por el cual defendemos el derecho a no introducir en nuestra vida cotidiana el elemento religioso es un producto del contexto cristiano en el que vivimos. Toda la evolución que se ha producido en el mundo occidental desde Roma hasta nuestros días es el resultado de un contexto cultural o civilizatorio que tiene como eje el cristianismo.
Todas las tensiones dialécticas que se han producido en Europa desde la Edad Media para discutir el encaje de lo religioso en la vida civil han sido posibles gracias a las características del cristianismo, esas tensiones no han tenido sitio por ejemplo en el mundo islámico. Pero es más, admitiendo incluso que la fecha del 25 de diciembre como día del nacimiento de Jesús es una fecha establecida ad hoc cuando el cristianismo se estableció como religión oficial del Imperio Romano, es decir, se aprovecharon las celebraciones “paganas” existentes entonces para encajar las celebraciones cristianas y que de ese modo la gente las entendiera y las asimilara mejor, y admitiendo incluso que ahora se hable de fiestas del solsticio de invierno o fiestas del Sol Invicto o Saturnales en lugar de Navidad, aun así de lo que se habla es de una fiesta religiosa, pagana desde nuestra óptica, pero religiosa porque se hacía en honor de una deidad. Porque al final de lo que se trata es que no se puede privar al hombre del sentido de lo trascendente. El hombre veía cómo en esta época del año, se producían cambios que no entendía o carecía de la explicación científica que ahora tenemos, cambios en la duración de los días, en la revitalización de la naturaleza y había que darle una explicación y había que darle a “alguien” o “algo” las gracias por ese cambio, por ese pasar de días oscuros y cortos y días cada vez más largos y con más luz.
En definitiva, celebremos la Navidad como queramos, como nos haga sentir mejor, como nos haga ser mejores con el vecino, creyendo o no que Dios ha nacido, acudiendo o no a misa la noche del 24 o el día de Navidad, pero no neguemos lo que es, expliquemos sin tapujos y sin miedos porqué estos días son festivos en nuestra comunidad, en nuestro mundo… nos haremos un gran favor porque nos ayudará a entender de dónde venimos y a dónde queremos llegar.
