( Artículo de tutillo)
Estamos próximos a que se cumpla un año desde que las autoridades chinas notificaron por primera vez la detección de varios casos de neumonías atípicas de origen desconocido en humanos en la ciudad de Wuhan. Y en un par de meses, hará un año desde que la maldita enfermedad apareció en nuestro país y se convirtió, por desgracia, en el personaje principal de nuestra vida diaria.
Esta es una de las maneras de medir el tiempo transcurrido desde el inicio de la pandemia, pero hay otra forma y es que 70.000 muertos después, con centenares sino miles de personas que han perdido su trabajo o penden de un hilo hemos llegado a las Navidades de 2020. ¡Parece mentira!…
Hemos interiorizado las restricciones y los toques de queda. Hemos incorporado a nuestro lenguaje cotidiano términos como pandemia, incidencia acumulada, mutación, índice de transmisión y lo que es peor…hemos asumido que cada vez que amanece un día nuevo cerca de 300 personas han muerto en nuestro país.
Y la pregunta es ¿hemos aprendido algo, desde que comenzó la pandemia? Y sinceramente creo que no.
Sigo pensando que cuando esto pase, porque pasará, será obligación de los ciudadanos el pedir la máxima responsabilidad a las personas o a las administraciones que han dirigido o que han gestionado esta crisis, sobre todo porque si no se analiza con espíritu crítico los aciertos y errores (y son muchos los errores y las mentiras) de esta gestión nunca podremos mejorar y nunca seremos capaces de estar mejor preparados para la siguiente crisis. Y el primer análisis que se debe hacer, es si nuestros políticos han estado a la altura, y hablo de todos, porque todos ellos tienen responsabilidad en distintos niveles, local, autonómica y nacional. Y en este análisis, si de verdad queremos mejorar y de verdad queremos avanzar, el ciudadano deberá empezar a olvidar sus afinidades políticas y exigir eficacia, profesionalidad y conocimiento. ¿No es esto lo que exigimos cuando acudimos a un médico, a un arquitecto, a un dentista, a un maestro…¿por qué no lo hacemos con un político que gestiona nuestras vidas?
Pero, en esta crisis el papel individual del ciudadano es indiscutible. Sirva como ejemplo los accidentes de tráfico. Por muchas campañas de prevención, por muchos controles de alcoholemia que se efectúen, por muchos guardias civiles que estén en la carretera…el mamarnos en un bar antes de conducir es única y exclusivamente nuestra decisión. Somos nosotros los que decidimos cumplir o no las normas, los que valoramos si vamos a ser responsables, en definitiva somos nosotros los que valoramos si el esfuerzo y la responsabilidad individual merecen la pena. ¿Evitar 300 muertos diarios, no es aliciente suficiente para ser responsables?
En Tarancón, y este es un dato objetivo, hemos visto en directo las consecuencias de las mal llamadas no fiestas, ¡que fueron aplaudidas como ejemplares! Pasamos de 25 casos a 118 casos (ver gráfica)
Este aumento de los casos, se tradujo, todos lo recordaremos, en un endurecimiento de las medidas de restricción y lo que es peor que nuestra residencia de ancianos se viera afectada por la enfermedad. Por fortuna la situación ha mejorado con el transcurso de las semanas, pero está en nuestras manos en seguir esta tendencia o empeorarla. Y ¡ojo! empeorarla no es solamente que los números sean peores, estamos hablando de personas que enferman, que pueden morir. Pero habrá quien piense todavía, “bah, esto sólo afecta a los viejos, como mucho unos días en cama” ¡no se puede ser más inconsciente! Está en juego la salud pero también el porvenir de muchos negocios ¡no nos podemos permitir otro encierro! En Italia, a estas horas hay confinamiento completo en las vísperas de estas fiestas, en Países Bajos los hospitales ya no atiende a enfermos no urgentes por poner dos ejemplos. Quizás sea necesario una labor de información más directa hacia la población… ¿recuerdan los anuncios de las campañas de Tráfico? Y sobre todo llegado el caso una verdadera intención de hacer cumplir las normas por parte de la administración, con una verdadera presencia de la autoridad en los casos que sea necesario.
Un incremento de casos, altera de manera decisiva todos los eslabones de nuestro sistema sanitario, desde la Atención Primaria hasta las camas disponibles en UCI´s. Y obliga, con mayor o menor acierto, al endurecimiento de las medidas de control. Por desgracia es así, estamos ante una enfermedad que se transmite de manera muy favorable en condiciones de aglomeración y de contacto estrecho, las enfermedades de transmisión aerógena son así. Y conseguir que nuestra actividad cotidiana, de la que dependen numerosos comercios y negocios se mantenga depende de un equilibrio muy frágil. Puede que la enfermedad no nos afecte directamente, pero la ruina sí. Se habla poco de esto, pero busquen en internet “colas del hambre asociadas a COVID-19”.
Si queremos que el inicio de 2021 sea verdaderamente el inicio del fin de esta pesadilla y que poco a poco vayamos dejando atrás tanto dolor y sufrimiento, debemos ser plenamente conscientes de que la primera línea de defensa somos nosotros mismos.

