(Artículo de Jesús Millán Muñoz)
El de Portoplano, después del duermevela de la siesta, sentado o medio tumbado en el sillón, caído el libro entre sus manos, con un cierto desánimo en su mente-corazón-carne-alma, se decía, ante el espejo de si mismo, ¡tanto como he trabajado en el campo de la cultura, y, apenas, apenas a nadie, le interesa nada de lo que construyo o he edificado…!
– La escritura como la lluvia siempre moja, a veces, graniza, quién se expone a leer un texto u oír un sermón o una arenga se expone a mojarse o a romperse un trozo de cabeza con un trozo de hielo-piedra-pedrisco.
– Me hubiese gustado ocupar algún lugar en el mundo de la escritura o del arte plástico o de la filosofía o del artículo de opinión. Pero debo confesar que nunca he entrado en ese círculo, ni siquiera en el pasillo, siempre he estado fuera, siempre me han dejado fuera.
Pensará usted, que este deseo mío, es vanidad y soberbia, pero mire su conciencia, y respire dentro de sí, si usted, en su profesión y oficio y vocación y, en otros menesteres no habría querido ascender un poco más alto de su escalera particular…
– Cómo juzgamos, pongamos un caso, si todas las parejas o familias tuviesen diez hijos, quizás terminaríamos con nosotros mismos, si todas los enamorados que conviven no tuviesen ninguno, me temo que también nos extinguiríamos como especie. Por tanto, cualquier juicio o enunciado sobre cualquier tema, siempre estamos entre dos extremos, la realidad, es que no son dos, sino cuatro o seis o diez límites. De ahí, la enorme dificultad de la ponderación, más cuándo el supuesto lector, al que va a terminar un texto, no sabemos si impera en el razones o razón o emociones o irracionalidad o sentimientos en ese tema.
– Lo he dicho muchas veces, lo repetiré, en sociopolítica, deje de pensar, aunque lo entendemos la herida o trauma o injusticia que le hicieron a su abuelo o abuela, sino piense más bien, que esas injusticias no las tenga que sufrir su nieto o biznieta…
– Ante dos graves y grandes heridas y traumas, soportadas por diversos individuos, causados por diversos sectores de la sociedad, qué podemos decir. A mí, solo se me ocurre, poner la situación de la existencia de tal modo, para que no se repita otra vez los mismos acontecimientos.
– Duele pensar, que tomen el poder estratos sociales y líderes demasiado jóvenes, cuándo las hormonas todavía no las controlan de forma adecuada. Ese es el temor que he ido soportando en estos cuarenta años…
– En toda producción cultural, ésta debe aspirar a unir o hibridar o sintetizar la realidad y lo real, con la verdad-veracidad-bondad-bien-belleza-equidad-racionalidad-prudencia. Es decir, es imposible alcanzar esa alta meta. Pero debe intentarlo. Clásicamente, la ética y la estética deben ir a la par, como dos caballos de un carro…
– La realidad es que en una no-democracia, no puedes escribir todo, porque puedes terminar en la cárcel o en la multa, en una democracia, no puedes escribir todo, porque te pueden cercenar tu vida profesional. Cierto es que es mejor lo segundo que lo primero, pero no podemos engañarnos de la realidad. Dirán, que eso no le sucede a todos los pensantes y escritores y articulistas. Pero, hablen con ellos en privado, y, ya verán lo que les dicen…
Es cierto que puedes publicar en Internet, con más amplias libertades, pero posiblemente, solo te leerán diez o cien como mucho…
– Se les llena la boca de libertad, pero no se te ocurra quejarte de algo que hayan hecho, menos por carta, que te cerrarán todas las puertas y ventanas, que ellos controlen, y te dejarán fuera, que te mueras de frío y de hambre. Si es en el terreno de la cultura, no te citarán, en todos los artilugios culturales que ellos controlen, pueden hacer un diccionario de cazadores de moscas, y pueden incluir a cien, aunque tú lleves treinta años cazando moscas, jamás te incluirán en esa selección. Hasta que consiguen, que las nuevas generaciones, ni siquiera sepan, que llevas realizando obra cultural, en esa especialidad, es decir, cazar y amaestrar moscas diez o treinta o cincuenta años… ¡Hasta que tú mismo, cazador y recolectador de moscas, acabes dejando ese oficio, y lo que hayas hecho, se pierda, se destruya, porque nadie lo recuerda…!
No es solo el problema que no te incluyan como cazador de moscas, sino que también cazar pajaritos y tienes soluciones a problemas humanos y sociales, que también se perderán con tu presencia y tu existencia. Y, y esas soluciones tendrán que buscarlas y encontrarlas otros. Lo cual, si en algo son verdaderas, muchas personas se verán perjudicadas, por ejemplo, nuevas ideas para evitar accidentes de tráfico. Incluso, los que hacen el mal a esa persona, a ese cazador de moscas, pueden verse influidos porque las ideas sobre el tráfico, podrían haberle resultado positivas a sus nietos o biznietos…
– Se les llena el cerebro de la libertad de conciencia y de pensamiento y de expresión y de culto y de… ¡pero al final, su libertad es como una cabeza de un ogro de tres metros de diámetro, y la tuya es de diez centímetros de extensión…!

