Son más que piedras (y 2)

Son más que piedras (y 2)

(Artículo de Tutillo)

Hace ya bastantes meses que en ese mismo medio participé mi opinión acerca de la importancia de preservar el patrimonio de nuestro pueblo, no sólo desde su vertiente artística sino también desde el punto de vista de su significado en cuanto a las emociones y vivencias de los taranconeros.

Hoy, vuelvo a recuperar este asunto. La “culpa” la tiene el hecho de haber encontrado en un conocido bar de nuestra localidad una serie de fotos de lugares de nuestro pueblo que o bien directamente ya no existen o bien se encuentran profundamente transformados. La Casa de Piedra, siendo ya el Colegio Melchor Cano; la fachada del bar Sol, con algunos de sus camareros en la puerta; una perspectiva de la actual Avenida Juan Carlos I; una panorámica del Caño, donde además se aprecia por ejemplo el uso como lavadero del pilón del caño gordo y una foto de la antigua fábrica de harinas de la Concordia.

Y es esta última foto la responsable de volver a recuperar este tema. Porque yo recuerdo perfectamente la imagen de ese edificio en el Paseo de la Estación e inevitablemente he pensado en la otra fábrica de harinas, todavía en pie, que es la Viuda de Serrano.

Desde mi punto de vista, creo que sería una enorme tragedia la pérdida de este edificio, del mismo modo que para otros taranconeros sería una enorme tragedia la pérdida de otros edificios…y ahí es donde me gustaría llegar. Puede que nuestro pueblo no disponga de grandes monumentos o construcciones que sean referentes artísticos, pero el valor de lo poco que tenemos o que perdura tiene para cada uno de nosotros supera ese valor artístico. Con lo cual, creo que debería hacerse todo lo posible para que esos espacios o esos edificios no se perdieran.

Para mí la fábrica de la Viuda de Serrano, supone por ejemplo recordar cómo desde la ventana de casa de mis padres, cuando vivíamos encima del Estanco, veía el trasiego de sacos de harina mediante una cinta sin fin desde un camión estacionado en el patio…y eran horas muertas viendo esa operación. O por ejemplo cuando mi abuelo decidía que era hora de renovar o trasegar el vino de algunos de sus tonelillos, operación que suponía primero recopilar y enjuagar todas las botellas de cristal posibles (algunas de ellas, con unos posos que indicaban que no era la primera vez que servían a este propósito) y a continuación con la cuartilla a la fábrica. Primera parada, en la oficina, y allí estaban Alfredo y Eladio (al menos son las personas que yo recuerdo, no soy capaz de recordar si llegué a conocer a Francisco y a Raimundo)…la esterilla de la entrada, de alambre y el interior de la oficina, muy lejos de los actuales diseños, sirva como ejemplo cualquier oficina bancaria, montones de papeles, archivadores, ¡máquinas de escribir!, ¡ceniceros!, tinteros, reglas y un olorcillo a papel y tinta bastante peculiar…allí la primera cascailla de asuntos y personajes que ni mi hermano ni yo comprendíamos. Alfredo, impecablemente peinado, Eladio tan enorme a nuestros ojos. Segunda parada, la habitación de la báscula, en la lado derecho del patio y por último a por el vino, de la mano de Serafín…a veces en la conversación se escapaba algún taco, algún aparente comentario “ofensivo” que terminaba siempre en algún chascarrillo que sabe Dios cuál sería su origen…recuerdo esos conos tan enormes llenos de vivo…y vuelta a casa para terminar oliendo a mosto, uva…

No entraré en la descripción de la fachada de la fábrica ni tampoco de su maquinaria, hay otros más preparados que yo para hacerlo…pero creo que no se le ha dado el valor que merece. En estos tiempos que tan de moda está el recuperar viejas costumbres, los museos etnográficos y demás, bien podría ser una solución a este edificio…sirva como ejemplo una fábrica similar ubicada en un pueblo de Extremadura, Villafranca de los Barros para más señas y que ha sido reconvertida en un espacio cultural… ¡cultura!…se nos llena mucho la boca con la cultura pero qué poco se valora la importancia de una serie de usos y costumbres ya perdidos pero que tanto han servido para configurar nuestra vida actual y que por tanto podríamos entender como cultura. ¿No deberían aprender nuestros hijos de dónde viene la harina del pan? ¿O que no siempre hubo lavadoras en casa? ¿O el valor que tiene el esfuerzo manual que las gentes del campo desarrollaron durante tantos años? En este sentido, en la población de  Cañete, hay un itinerario fotográfico de antiguas costumbres desarrolladas en el pueblo, muy interesante.

Es cierto que es un edificio de titularidad privada, pero ni unos ni otros deberían permitir su desaparición.

Tenemos por desgracia muy poco que conservar, y cada vez menos, pero todavía hay edificios dignos de conservar y que en las circunstancias actuales en las que vivimos, con esta maldita pandemia que nos obliga a reconfigurar todo lo que hasta ahora dábamos por hecho y que nos exige en ocasiones soluciones imaginativas, podrían servir para suplir la carencia de espacios o para conseguir esos espacios tan necesarios ahora para garantizar servicios, distancias se seguridad, etc…¡qué servicio tan increíble podría darnos el edificio de los Somascos! Cuántas clases, habitaciones, salas se conseguirían…

Creo que fue una muy buena noticia, por ejemplo aquella que se publicó anunciando la rehabilitación y reforma de nuestra estación de ferrocarril y ese podría ser un buen comienzo para otras futuras actuaciones.

En fin, que con un poco de autocrítica, de imaginación y de buena voluntad todavía puede conseguirse un pueblo más agradable y más amable para todos sus vecinos. Porque lo dicho, para mí al menos, en algunos casos no son sólo piedras lo que en ocasiones se amontona en un solar.