Tenemos un problema

Tenemos un problema

(Artículo de Juan Peñalver Alcázar)

Hace pocos días coincidían casi de forma simultánea dos noticias a través de las redes sociales que hacían en ambos casos mención a dos sucesos que podrían parecer anecdóticos, casi de chiste pero que realmente son lamentables.

Por un lado, la Hermandad de Santa Quiteria notificaba que la leña que se había preparado para una actividad propia de estas fechas a celebrar en la Ermita de su barrio, había sido sustraída y, por otro lado, como digo, casi de forma paralela, se informaba que en uno de los belenes instalados en el antiguo Mercado había sufrido la sustracción de algunas figuras. Si a estas noticias, añadimos la que ya hace algunos meses se publicaba según la cual algunas de las flores plantadas en los parterres del Paseo de la Estación habían sido “retiradas” junto con el más que evidente problema de las deyecciones de los animales de compañía y el aún más grave de los atropellos en la vía pública; estamos en uno de esos momentos en los que hay que decir “Tarancón, tenemos un problema”

Un problema de civismo, de educación, de empatía…cada uno lo definirá como quiera, pero un problema.

Se puede discutir mucho acerca de la mayor o menor responsabilidad que las administraciones tienen en lo que a medidas de prevención (vigilancia y control) o incluso medidas sancionadoras se refiere, y es una responsabilidad de la que estas administraciones no pueden evadirse. Son ellas, en este caso nuestro Ayuntamiento, las que dentro del ámbito de sus competencias deben establecer las regulaciones necesarias y aplicar las herramientas disponibles para perseguir y en su caso sancionar; y existen algunas “malas prácticas” por parte de cada uno de nosotros como ciudadanos que merecen ser sancionadas…a veces por triste que suene no hay otra manera. Y en este sentido, en mi opinión, hay mucho que mejorar.

Pero, no es menos cierto que en última instancia el principal responsable es el propio ciudadano. Somos nosotros mismos los que con nuestra actitud hacemos posible o no, que el entorno en el que vivimos, nos relacionamos y nos desarrollamos sea mucho más agradable. Si las iniciativas particulares o municipales por tratar de mejorar nuestras calles, por tratar de crear un ambiente más festivo como ocurre en estos días, se encuentran con situaciones como las referidas al principio, conseguiremos que estas iniciativas no sólo fracasen, sino que no vuelvan a proponerse. Y además en el caso de las iniciativas municipales con un agravante, el coste que supone para las arcas municipales y que al final pagamos entre todos.

Cada ciudadano no puede, ni debe, estar vigilado por un agente de la autoridad en cada actividad que desarrolla. Debemos ser nosotros mismos los que, por un lado, fomentemos en casa actitudes cívicas y de respeto, y también los que, al menos, no aplaudamos actitudes poco respetuosas. Es curioso, como ahora que cualquier palabra o cualquier gesto es medido desde la óptica de lo políticamente correcto, por ejemplo, todos nos empeñamos en conseguir un lenguaje “inclusivo” (no hay mayor estupidez ni mayor memez) pero sin embargo algo tan simple como dar los buenos días pasa a un segundo plano.

Los comportamientos señalados al principio, por fortuna, no son una generalidad, pero deberían hacernos pensar. ¿Qué pueblo queremos? Y ¿Cómo lo queremos? la educación, el respeto, la convivencia son VALORES que deben ser fomentados y promocionados en todos los ámbitos. Unas mínimas normas de urbanidad, de cortesía si se quiere, deben ser establecidas y como digo fomentadas e inculcadas, en las casas, dentro de las familias. Estas “autorregulaciones” que nos imponemos para el trato con nuestros convecinos, esa capacidad de renunciar a “hacer lo que me da la gana” o como dice el anuncio “porque yo lo valgo” son necesarias para que no volvamos a la jungla.

 

FELIZ Y VENTUROSO AÑO 2024.