Tarancón a través de la prensa del siglo XIX: Celebraciones

Tarancón a través de la prensa del siglo XIX: Celebraciones

(Artículo de Juan Peñalver Alcázar)

Que el caudal de información disponible en la red es abundantísimo es indudable y que podemos encontrar datos sobre cualquier tema es algo que a nadie se le escapa. Pero aun así, no deja de sorprender. En esta ocasión, he utilizado fundamentalmente el fondo disponible en la HEMEROTECA DIGITAL DE LA BNE tratando de localizar todas aquellas publicaciones que hasta 1900 contienen alguna referencia a Tarancón. Y como he dicho anteriormente, el resultado es apabullante: noticias políticas, anuncios de compra venta de viviendas, crónicas relacionadas con las guerras carlistas, nombramientos y ceses de personajes públicos, crónicas de sucesos como por ejemplo: en el número del 15/02/1881 de La Política dice “en la mañana del sábado último se hundió en Tarancón una pared de la iglesia, cayendo los escombros sobre una casa inmediata quedando ésta totalmente hundida. A pesar de los esfuerzos del vecindario, cuando removidos los escombros se encuentra la familia que habitaba la casa, compuesta de seis personas, todos era cadáveres” y noticias relacionadas con distintas festividades y celebraciones.

Hay que señalar que las descripciones de esas celebraciones, son en algunos casos como crónicas de vida social, influenciadas por el hecho de que frecuentemente existieran visitas del matrimonio Muñoz Borbón a Tarancón y por tanto hacen que el foco esté puesto en todo lo que rodeaba a la pareja. Sin embargo, a partir de 1860 las noticias de este ti`po son menos frecuentes. De hecho, si por ejemplo el entierro del padre de D. Fernando Muñoz (1849) sí que tuvo una crónica en los medios de la época, la inhumación del propio D. Fernando Muñoz en el panteón de la ermita pasó casi desapercibida, señalándose simplemente que “el día 24 se celebrará en Tarancón el funeral por el eterno descanso del sr Duque de Riánsares, al que asistió S.M la reina doña María Cristina” (número del 20/05/1876 de La Mañana)

 

Mercadillo del jueves:

A través de una publicación llamada El Mercurio de España y en concreto en su número de marzo de 1793, aparece la siguiente noticia: “Igualmente por otra Real Cédula de 8 de marzo del mismo se ha servido conceder a la Villa de Tarancón la facultad de celebrar mercado público los Jueves de cada semana, el que principiará el 4 de abril próximo” Así que el pasado día 4, sin saberlo cumplimos 232 años de mercado semanal.

 

Feria:

Otra publicación de 1793, en este caso tenía por título El Correo Mercantil de España y sus Indias, el número correspondiente al 27/06/1793. Indica, con una sola línea: Tarancon tiene la facultad de celebrar feria.

 

Y si saltamos un poco en el tiempo, hasta 1851 encontramos en el periódico La Nación (número del 18/09/1851) la siguiente crónica:

“Concurridísimas han estado las ferias de esta villa, habiendo contribuido poderosamente a la general animación y progresivo movimiento que se observa todos los años la presencia de varios ilustres personajes de esta corte, y con especialidad la de S. M la Reina madre y la del Excmo. Señor duque de Riánsares. Pero entre las fiestas con que Tarancón ha obsequiado a sus favorecedores, la que aquí como en todos los demás pueblos de España ha realzado más la pública alegría, ha sido sin disputa la magnífica corrida de toros que tuvo lugar en el día de ayer, y bien merece que la dediquemos, aunque profanos estas cortas líneas.

En general tuvimos lo que se llama una buena corrida, pues tanto el ganado como la cuadrilla satisfacieron completamente nuestros deseos.

Y no podía ser de otra manera tratándose de las acreditadas ganaderías de Gaviria y de la antiquísima cuanto, renombrada de Guendulain, que fueron las que se presentaron en el redondel.

Los dos vichos con que abrió el palenque la primera, buenos mozos como los de su casta, y duros al hierro como los de su sangre, cumplieron con su deber, dando sendos batacazos a la gente de a caballo, y teniendo en buen cuidado a la de a pie. La de Gendulain, que pertenece hoy dia, al escelentísimo señor don Nazario Carriquiry, nos regaló cuatro toretes, que sea dicho de paso se escedieron así mismos. Pequeños como todos los navarros, y de corta edad, según nos pareció, dieron no obstante dieron más juego del que de ellos podía esperarse, y tanto como podía exigir el público menos indulgente. Duros, bravos, secos y codiciosos no dejaban un momento en reposo a los picadores, sin que volviesen una sola vez la cara, antes, al contrario, obedeciendo al engaño cuantas veces se les citaba, fueron a la muerte con la misma impavidez con que recibieron los primeros puyazos. El número de caballos que entre todos despacharon, si no nos es infiel la memoria, llegó a catorce, y hubieran sido más si los toros hubiesen tenido más poder. Sin ánimo de estendernos más, no podemos sin embargo prescindir de aconsejar al señor Carriquiry que, si desea competir con las ganaderías de más fama, y competir probablemente con ventaja, procure que sus toros se hagan de más libras, y que no se lidien al menos sino cuando tengan de cinco a seis años. Muévenos a darle este consejo, el deseo que tenemos de que no degenere esta diversión tan característica de nuestro país, pues causa lástima ver que, por un descuido, tal vez ageno del propietario, no lleguen los toros de Gendulain a ocupar el puesto que por su pura sangre están destinados”

 

En otra publicación de la época, El Heraldo (número del 17/09/1851) se lee:

“Hoy ha concluido la primera feria de este pueblo, una de las más importantes y concurridas sin duda de la provincia por varios motivos, y entre ellos por la acertadísima elección de los días en que se celebra. Son estos el 11, 12 y 13 del actual y como la de Ocaña que dista pocas leguas de esta villa concluye el 10, y la del Horcajo de donde sólo dista de aquella, dos horas, principia el 14, resulta que con precisión tienen que pasar por aquí todos los traficantes y los muchos curiosos a quienes atraen todos los años, de esta y de las provincias limítrofes, y aun de algunas distantes, aquellas dos antiguas y celebradas ferias.

La circunstancia feliz para este pueblo de encontrarse en él de temporada la augusta madre de nuestra Reina, ha dado a esta feria una ventaja más sobre la de las poblaciones inmediatas, y es la de una mayor animación y concurrencia de personas distinguidas. Un incidente ha ocurrido que referiré a Vds., porque ha llamado la atención, como una prueba sobre tantas otras, del tacto fino y delicado de aquella regia señora. Deseaba S. M. comprar alguna caballería a cada uno de los muleros o cabañeros; pero eran tantos los que había en la feria, que no era posible hacerlo; y no queriendo por otra parte desairar a unos prefiriendo a otros, hizo que cada dueño de muelas eligiese las dos mejores que tuviera y que las llevasen todas juntas debajo de los balcones de su palacio, donde eligió por sí misma entre ellas, con tanta inteligencia como imparcialidad, un magnífico tiro. Así han quedado todos muy complacidos.

Después de los negocios, las diversiones. Mañana tenemos corrida de toros y se espera aquí al señor Carriquiri dueño de ellos, con otros señores de la corte”

 

  • No volvemos a tener noticias, al menos en la prensa escrita, de celebraciones de festejos taurinos hasta los números del 8/09/1879 y 12/09/1879 en ambos casos de la publicación El Boletín de Loterías y de toros, en el primer caso: “El Oruga va a matar en Tarancón los días 9 y 10 tres toros cada tarde”. En el segundo caso: “El jueves y el viernes se han celebrado novilladas en Tarancón, estoqueando dos toros cada tarde el joven diestro Santos López “Pulguita”. El ganado fue malo”. Y de nuevo nada hasta 1896, cuando en el número del 10/09/1893 de El Heraldo se nos indica que el día 9 hubo festejo taurino en Tarancón, pero el redactor reconoce que no tiene más información del resultado de la corrida, pero destaca como anécdota que “por la mañana se escapó una de las reses, la que, entre otros percances rompió el brazo a un pastorcillo que en el campo cuidaba de un rebaño

También de 1851 (número del 15/09/1851) dice La Esperanza: “Con motivo de las fiestas de Tarancón han salido ayer para este pueblo varios personajes políticos, invitados por el duque de Riánsares. Entre ellos parece se cuentan el señor González Bravo y el general Lersundi”

 

En La España (número del 2/09/1852) se anuncia que Tarancón celebra feria los días 11 al 13 de septiembre.

 

Según La Nación (número del 10/08/1852): “Aun cuando S.M la reina desearía prolongar su estancia en S. Ildefonso durante todo setiembre, si continúa el tiempo como está, y que en La Granja es de verdadero invierno, parece seguro que, al fin de impedir cualquier daño en la excelente salud de la princesa, dejará la corte de La Granja del 26 al 28 de agosto. Para el 25 está señalada ya la apertura del ferrocarril de Langreo en Gijón, terminada la cual la reina madre y su familia saldrán para Tarancón, donde deben hallarse el 8 de setiembre, fiesta de la Virgen.”

De la llegada a Tarancón nos informa La España, en su número del 8/09/1852. “A la una y media de la tarde llegó S.M LA REINA MADRE acompañada de su esposo el duque de Riánsares, y del duque de San Carlos. Sus hijos, en compañía del médico de cámara don PEDRO RUBIO y del secretario particular de S.M don ANTONIO MARÍA RUBIO, lo habían verificado en la noche del 4, y hora de las doce de la misma.

El gobernador interino de la provincia, el comandante general de la misma, el juez de primera instancia, el alcalde corregidor, salieron a recibir a S.M a Belinchón, distante una legua. También lo verificó el inspector 1º de correos que se hallaba en esta, habiendo venido de Gijón preparando el viaje y postas para S.M

Al llegar a su palacio, recibió S.M en besamanos a todas las autoridades con su personal correspondiente y durante la ceremonia, la música del batallón de la Reina Gobernadora, tocaba piezas escogidas.

Dos arcos de esquisito gusto había preparado y vestido lujosamente el ayuntamiento. Uno a la entrada de la población y otro en la plaza Mayor habiendo colgado sus casas todos los vecinos, que con marcadas muestras de júbilo y alegría salieron a recibir y victorear a la augusta madre de nuestra REINA” 

 

Meriendas en la pradera de la ermita:

Crónica de El Heraldo (número del 16/01/1853):

“El 11 se celebró la función religiosa campestre en el santuario de la Virgen de Riánsares, cuya memoria recordarán siempre con placer los taranconenses, y pueblos inmediatos.

A las siete de la mañana se publicó un bando haciendo saber a todos los habitantes de aquí y de toda la comarca que quisieran ir a comer y a beber a la Virgen de Riánsares, pudieran hacerlo, llevando cuchara y orzuela. Como por encanto, a las dos horas, estaban ya pobladas de gente, las dos praderas, sembrados y tierras inmediatas al santuario y palacio. Los soldados del batallón de la Reina gobernadora se mezclaban fraternalmente con los paisanos, tomandp parte en el júbilo general.

A las doce llegó S. M acompañada de su esposo o señor duque de Riánsares, de su respetable madre, la señora condesa del Retamoso, del joven marino duque de Tarancón, del señor obispo y señor duque de San Carlos. El gobernador de la provincia, juez de primera instancia, alcalde corregidor, administradores de correos y rentas, con sus subalternos y otras personas notables, llegaron en carruajes, escoltados por centenares de personas que ya a caballo o en carros, ya a pie, formaban una cadena que no se interrumpió en todo el resto del día.

A las doce y media dio principio la función religiosa, que duró hasta las dos, hora en la que empezaron las diversiones. Un pueblo inmenso reunido, ya en familias, ya en secciones, se hallaba en grande conmoción, reinando pura alegría en todos los corazones. El señor dique de Riánsares, acompañado del señor obispo, gobernador, juez, alcalde corregidor, coronel de la Reina gobernadora, administradores de correo y de rentas, con otras personas notables, recorría todos los círculos, todos aquellos lugares, cuajados de honrados labradores; probaba y comía lo que ellos comían, manifestándose en todos los semblantes, la más estraordinaria satisfacción. Era el entusiasmo del amor del país, era el reflejo del sentimiento de gratitud y respeto a la mano bienhechora que tantos y tan continuos beneficios les prodiga; allí el pobre como el rico, el noble como el plebeyo, todos estaban reunidos y no tenían más que un solo pensamiento. Con admiración, respeto y gratitud, contemplaban a la augusta madre de nuestra reina, que acompañada de la condesa viuda del Retamoso, y teniendo a su lado al duque de Tarancón, patrono de la Virgen y objeto de la fiesta, presidia y dirigida esta preciosa romería desde el balcón principal de su palacio. A más de las diversiones ordinarias en las fiestas campestres, hubo carreras de borricos, cucañas, etc.

A las siete de la noche, se dignó S. M la Reina madre, acompañada del señor duque de Riánsares y de su hijo el señor duque de Tarancón, recibir al ayuntamiento, que con la solemnidad debida presentó el título de patrono de la Virgen de Riánsares, al señor duque de Tarancón. El señor Domínguez, alcalde corregidor pronunció en el acto un breve discurso en que con mucha felicidad expresó los sentimientos de sus paisanos los taranconenses. El señor duque de Riánsares, con esa noble sencillez que le distingue, contestó que aceptaba su hijo con toda sinceridad la honorífica distinción del patronato de la Virgen de Riánsares, patrona de su pueblo, que para él era el primer escudo de su ducado; y que desde luego aseguraba que no le faltaría a la divina Imagen el culto con el que se le tributa y se debe a la Reina de los Ángeles. Al día siguiente bendijo el señor obispo, con asistencia de S.M la Reina madre, la iglesia de San Antón, que linda con la casa del señor conde de Retamoso, y es de su propiedad. Por la noche hubo los fuegos artificiales, que tenía dispuestos el gobernador de la provincia, los cuales, dirigidos por el polvorista Moreno, de San Clemente, gustaron mucho. Entre los más vistosos, hubo uno que presentó una fachada mosaica formando arcos góticos, y en el centro aparecía una corona real con otros adornos del mejor gusto y varios juguetes, concluyendo con dos castillos, que, haciéndose un nutrido fuego de luces de colores, producían un efecto semejante a un simulacro militar. S. M con su esposo, el señor duque de Riánsares, la señora condesa viuda del Retamoso, el señor duque de Tarancón y el señor duque de San Carlos, se dignó presenciar esta función desde el balcón de la casa de ayuntamiento, dispensando a la corporación municipal el honor de admitir un ligero refresco.

Hoy a la una ha salido S. M para la corte, con los señores duque de Riánsares, de Tarancón y de San Carlos, dejando como siempre, muestras de su regia munificencia”

 

Funciones religiosas:

Crónica de El Católico (número del 4/05/1843):

Esta crónica, que presenta un estilo hiperbólico muy destacado, exaltado incluso, nos permite además conocer algunos datos curiosos, como por ejemplo el hecho de que no había párroco desde hacía algunos años en el pueblo, y realmente debía existir necesidad de su presencia porque se nos dice que fueron muchas las personas que le visitaron cuando llegó, el empleo de las carracas durante el oficio de tinieblas, o la celebración del sermón durante el rito del Entierro de Cristo.

“NO todo ha de ser lástimas. Entre tantas amarguras, entre los innumerables desacatos que

nos revela diariamente la lectura de los periódicos, entre los lúgubres cuadros que nos presenta la historia de la impiedad, creo que hará un dulce contraste, y llenará de placer á los lectores del CATÓLICO el brevísimo que voy á hacer de la religiosidad de este pueblo cristiano, en el cual ni la proximidad á la corte, donde mas fácilmente conde el veneno de la irreligión, ni el estar en carretera, ni su mucha riqueza, ni otras causas que suelen serlo de corrupción, han podido estinguir ni debilitar el catolicismo y antigua piedad de sus habitantes.

Hacia algunos años que estaba ausente el párroco de esta villa, y apenas en tanto tiempo se habia oido alguna vez la palabra divina. Pero el pueblo fiel estaba ansioso de oiría y levantaba sus manos al cielo pidiendo el pan celestial que sustenta las almas. Oyó el Señor el deseo de los fieles humildes, y no defraudó de la voluntad de sus labios al padre que anhelaba abrazar á sus hijos. A últimos del mes de febrero tuvimos la satisfacción de ver á nuestro amadísimo párroco, y apenas hasta ahora se ha cortado el hilo de las muchas personas que han ido á visitarle, sin distinción de clases, de opiniones y partidos. El ilustre ayuntamiento bien penetrado del espíritu religioso que anima á esta población, encargó á un instruido sacerdote esclaustrado la predicación del Evangelio los domingos por la mañana. El párroco ha predicado en los mismos dias y los viernes por la tarde, y siempre que ha habido algún motivo de concurrencia. En la semana de la Anunciación subió diez veces al pulpito. No me he propuesto hablar del celo y demás circunstancias recomendables de los sagrados oradores; pero ¿cómo no manifestar el gozo indecible, el placer inesplicable en que se halla el alma cristiana, y que parece que rebosa y se derrama por los labios de los predicadores evangélicos, al ver la iglesia que es grandísima llena de gente, escuchando todos con el mas profundo silencio, con la mayor compostura, con ansia imponderable, las palabras de vida que descienden desde la cátedra del Espíritu Santo, como agua mucho tiempo deseada sobre la tierra sedienta? ¿Cómo no sentirse arrebatado de un entusiasmo todo puro, espontáneo y divino al ver tantas almas pendientes de los labios del ministro de Jesucristo, y que, olvidando sus opiniones diversas, sus rencillas particulares se agrupan en torno del pulpito sagrado como los hijos alrededor de su padre, como los niños israelitas alrededor del divino Maestro? Y como si fueran mármoles permanecen quietos tanto tiempo sobre las duras y húmedas baldosas, y ocupada gran parte de la mañana en este devoto

ejercicio, vuelven ansiosos y sin cansancio á la tarde, y repiten lo mismo en cuantos dias y ocasiones se presentan. No, no se ha estinguido entre los españoles la antorcha de la fe; aun

queda fanatismo entre los manchegos: no han olvidado los fieles de Tarancon la doctrina católica que les inspiraron sus venerables párrocos y sacerdotes, la única que puede hacerles felices en su feraz terreno. Y ¿qué dirían los enemigos de la piedad si hubieran visto el 25 de marzo por la tarde después de la larga función de la iglesia, grupos de ciento y doscientas personas que iban por los caminos públicos rezando las cíen Ave Marías á la Reina de los ángeles, y las muchas personas que van todos los dias á rezar el Via-Crucis , y los niños de la escuela, que pasan de cuatrocientos, conducidos con el mayor orden por su digno maestro á oír la palabra de Dios,y esplicacion de la doctrina cristiana en el templo, y por el campo al Via-Crucis cantando las alabanzas de Jesucristo crucificado y las grandezas de la Religión? Pero donde mas ha descollado el catolicismo y piedad de estos habitantes ha sido en esta Semana Santa. Las funciones sagradas se han verificado con toda la pompa y magestad que permite la magnífica iglesia, con toda la reverencia, gravedad y detención que ha podido emplear el digno clero, que (y sea dicho de paso) casi en su totalidad trabaja de valde, aunque con la segura esperanza de un galardón eterno; con todo el silencio, atención y religiosidad que escede sin duda á cuanto se puede esperar de la reunión de miles de personas durante muchas horas. Es menester verlo para convencerse del poder de la Religión y de la sensatez que descubre un pueblo religioso. Centenares de muchachos (por ejemplo) armados con sus carracas durante las largas tinieblas, y sin moverse ni rechistar hasta el momento que el sacerdote hacia la señal en el coro: ¿quién contiene aquellos espíritus bulliciosos é inquietos? ¿quién sujeta á aquellas masas de hombres, mujeres y niños durante tantas horas sin hablar, sin moverse, sin alterar en lo mas mínimo la quietud? ¿y sin bandos de la autoridad, sin bayonetas, sin alguaciles, y solo por el resorte interior y divino de la Religión? Al ver aquella multitud que llenaba la iglesia y habia estado el viernes santo casi todo el dia en ella, escuchar como si estuviesen encantados al anochecer a un sacerdote joven del mismo pueblo que por la primera vez subía al púlpito en el patético sermón del Entierro de Cristo, que desempeñó con un fuego y una elocuencia cristiana superior a lo que podía esperarse, y entre las lágrimas y sollozos de las almas conmovidas, empezar el clero el tristísimo In exitu Israel ¿qué corazón que no sea de piedra no se enternece y derrite? (…)”

 

  • La siguiente ocasión en la que tendremos noticias del sermón del viernes santo, serán en 1893, y parece sacado de una película de Berlanga y desde luego tuvo que ser movido, nos cuenta La Justicia (número del 9/04/1893). “El párroco de Tarancón se negó el viernes pasado a predicar el sermón llamado allí del Entierro de Cristo, armándose con este motivo tal escándalo que se hizo necesaria la intervención de la guardia civil para echar de la iglesia al pueblo que quería sermonear al sacerdote”

 

Gracias a una carta que el párroco Felipe Pastor dirige a la reina María Cristina, con motivo del intento de asesinato que sufrió en 1852, y que se publicó en medios como por ejemplo La Esperanza, conocemos el nombre de parte del clero de Tarancón: Felipe Pastor, cura párroco – Tiburcio Pobeda, presbítero – León Martínez, capellán de Riánsares – Tomás Moreno, presbítero – Agapito Solera, presbítero – Marcelino Melguizo, presbítero – Gregorio Requejo, presbítero – Victoriano de Horas, presbítero – Antonio Santander, subdiácono.”

 

Crónica de El Observador (número del 4/03/1850) que también reproduce El Pueblo (número del 5/03/1850)

“El jueves último tuvimos en esta villa (se refiere a Belinchón) al señor obispo de Cuenca que vino a administrar el sacramento de la confirmación, y desde aquí marchó a Tarancón con el mismo objeto y con el de consagrar como Basílica la iglesia de aquel pueblo; pues que según parece ha traído la concesión de S.S de hacer ocho basílicas en su diócesis. La mencionada consagración en Tarancón ha tenido lugar el domingo con la mayor solemnidad trayendo con anticipación de sus hermitas a la iglesia las vírgenes de Riánsares y de la Salud. Hubo misa pontifical y sermón, asistiendo a dicho acto religioso el ayuntamiento, el alcalde corregidor, el comandante militar, el tercio de la guardia civil, los empleados de correos, los del juzgado, los del telégrafo, el destacamento de granaderos, y la guardia civil de ambas armas; haciéndose después una procesión por este motivo por varias calles del pueblo que se habían antes enarenado.

El señor obispo y el señor gobernador de la provincia han estado alojados en el palacio de la señora de Muñoz, condesa viuda del Retamoso. Tarancón va mejorando notablemente de día en día tanto por las nuevas casas que van haciendo los de la familia afortunada, cuanto por la nueva carretera de Valencia, el mercado, las autoridades y la tropa que hay en el mismo, asegurándose al propio tiempo de que se tiene la idea de hacerla ciudad con el tiempo”

 

En la publicación El Pensamiento Español (número de 3/05/1869) se nos cuenta:

“EN DESAGRAVIO A DIOS Y A LA VIRGEN. Por las blasfemias proferidas en el Congreso de los Diputados.

10º TARANCÓN. – Iglesia parroquial. – Dos funciones con dicho objeto: una dedicada a la Santísima Trinidad, con misa solemne y trisagio, cantado con asistencia de todo el clero y otra a la siempre Virgen, la Inmaculada Madre de Dios, también con misa y salve por la tarde. – 30 Abril y 4º de Mayo.

 

Diez años después, en El Fénix (número del 28/03/1879) se recoge una carta del párroco D. Felipe Pastor al Obispo de Cuenca relatándole la celebración de Santas Misiones en Tarancón. A cargo de las mismas se encontraban dos sacerdotes de la Compañía de Jesús, los Reverendos Padres Miguel Mora y Félix Cristóbal de los cuales destaca “su sabiduría, acierto, celo y ejemplo de virtud y santidad”.

Se inauguraron las Misiones el día 6 de marzo con una procesión numerosísima donde no faltaron las autoridades y corporaciones eclesiástica, municipal, militar y guardia civil. Al término de la misma predicó el padre Mora desde el púlpito dejando “dejando asombrados y decididos a seguir asistiendo a sus miles de oyentes de todas las edades, clases, estados y condiciones”. En los doces días que duraron las Misiones, se pronunciaron según el párroco un total de 32 sermones y “más de dos exhortaciones privadas al clero”

Del padre Cristóbal destaca su claridad, los razonamientos efectuados, sus sencillos ejemplos y fácil oratoria. Del padre Mora destaca sobre todo su profunda sabiduría y energía. De la eficacia de estas Misiones destaca las cerca de 3000 confesiones y comuniones “que han coronado sus trabajos apostólicos”. La jornada de las mismas debía ser bastante intensa, porque señala que ya desde primera hora “desde la aurora” uno de los sacerdotes misioneros se encontraba en el altar y el otro en el púlpito explicando las ceremonias que se celebraban, a continuación, se llevaba a cabo una charla doctrinal. Luego a las 10 de la mañana se dirigían a los niños. Al anochecer rezo del Santo Rosario y nueva charla doctrinal a cargo del padre Cristóbal y sermón a cargo del padre Mora. El resto del día “con la corta excepción de la comida y rezo del oficio divino, andaban ocupados exclusivamente en el bien espiritual de todos y nada para sí mismos, todas las pasaban en el confesionario o al lado de los enfermos, impedidos y encarcelados”

El martes 11 de marzo, se celebra comunión general para niños y niñas, sin faltar por supuesto la Misa y procesión con el Niño Jesús. El jueves día 13 de marzo, fue o debió ser sin duda el acto más intenso, ya que a partir de la predicación del padre Mora, “hermoso, dulce, cuanto enérgico e irresistible sermón contra las enemistades e injurias” y de la exposición del  Santísimo se provocó que el propio párroco se subiera al segundo púlpito de la parroquia a reclamar del perdón de los feligreses, que a esas alturas ya debían estar completamente impresionados porque según el párroco la gente comenzó a postrarse en el suelo, a llorar, a abrazarse unos a otros…

El domingo 16 de marzo, se cierran las Misiones, con comunión general de adultos, procesión general con las imágenes de María Santísima de Riánsares y María Santísima de la Salud, “alumbradas por más de cuatrocientas luces de las diferentes cofradías” seguida de un nuevo sermón y Te Deum.

El lunes 17 de marzo se despide a los misioneros. El párroco, espera a pesar de su avanzada edad poder volver a recibir a estos misioneros, y confía en que su labor sea fructífera, señalando como ejemplo de ellos que las “trescientas treinta jóvenes doncellas de las Congregaciones de Hijas de María fundadas por el padre Mora con sus confesiones y comuniones mensuales estimularán a las otras clases”

 

En al menos un par de publicaciones se ha hecho referencia a la Virgen de la Salud, la devoción debía ser importante porque en 1895 encontramos en La lectura dominical (número del 16/06/1895) la siguiente crónica: “Solemnes han sido los cultos con que los habitantes de Tarancón (Cuenca) han inaugurado el altar dedicado a la Virgen de la Salud en el antiguo convento de los Padres Franciscanos que hay confiado a la dirección de los Padres Jesuitas. El altar es precioso y ha sido costeado con las limosnas de pobres y ricos. El lunes de Pentecostés hubo por la mañana Misa solemne en la que el coro de jóvenes estudiantes del Colegio que la Compañía tiene en Uclés cantó con sumo gusto la gran Misa de Gounod. El panegírico estuvo a cargo del nuestro ilustre colaborado, el célebre literato P. Masriera que pronunció un hermoso sermón. Por la tarde después de la Reserva celebrose una lucidísima procesión que recorrió con la imagen de la Virgen las principales calles de la población. Los habitantes de Tarancón han demostrado elocuentemente con estas fiestas el fervoroso celo por la fe de que están animados”

 

Con fecha 14/03/1897 se anuncia en La Lectura dominical que: “El 18 del actual se inaugurará en Tarancón las obras de la nueva iglesia de las Religiosas Ursulinas, precioso templo que será costeado con generosa esplendidez por los Sres. Sevilla” (la obra se calculó en su época en 10.000 duros) indicando que “merece el aplauso entusiasta de todos los que de veras aman a Dios” de esta noticia también se hace eco El Heraldo, donde nos indica que entre los asistentes a la ceremonia, además de don Francisco Sevilla y su mujer doña Emilia Álvarez, estuvieron los obispos de Cuenca y Milego. Pero donde más detalles podemos encontrar es en la crónica que Pedro Albacete, para el periódico El Correo Español publica en su número del 1/04/1897, en ella se nombra no sólo a los patronos de la obra, sino también a su hija “la angelical señora su hija doña María de los Milagros” identifica al resto de autoridades, D. Pelayo Conde, obispo de Cuenca, Padre Laviña, obispo de Milevo y el cura párroco de Tarancón, D. Antonio Cantillo. Se indica que la ceremonia comenzó a las tres de la tarde con un repique de campanas desde la capilla ubicada en el convento de las Ursulinas donde se reunió toda la comitiva. Dice: “bajamos a la gran fosa que mide 16 pies de profundidad por 30 y tantos de cuadrado lineal y allí nos hallamos con una improvisada y capaz capilla, su modesto altar, dos adamascados reclinatorios y alfombrado aquel tosco y desigual solar” se enterraron como memoria del acto un pergamino, una moneda de plata y una cruz de madera. Después de la ceremonia se volvió a la capilla de donde había partido la comitiva y allí “salimos a tomar el refresco preparado al efecto y que tomamos según el tiempo cuaresmal lo permite” para terminar hace un breve relato de la llegada de esta comunidad religiosa a Tarancón, indicando cómo fue hace diez años cuando 6 monjas llegaron prácticamente sin nada al pueblo y ahora disponen de “una espaciosa casa-convento, con colegio con 200 educandas internas y externas, y San José, les depara en la víspera de su día cuanto necesitaban: una bonita iglesia” en el mismo solar según el cronista donde se ubicaba la casa de Melchor Cano. De la evolución de las obras de este nuevo templo, nos informan en el número del 26/11/1897 de La Lealtad indicando de la colocación de tuberías y cañerías de plomo, así como del inicio de la fundición de las campanas. Y de nuevo es La Lealtad en su número del 21/01/1898 quien nos da más datos interesantes: “Estos días pasamos por la calle del Desengaño y pudimos admirar en los escaparates del señor Font tres preciosas imágenes destinadas a la Capilla que se construye en Tarancón a espensas de nuestro buen amigo D. Francisco Sevilla, rico propietario de aquella villa. Es una San Francisco de Sales, con una pluma y casa iglesia, que significa fundador, otra Santa Emilia, con la palma del martirio y el Sagrado Corazón de Jesús. Tanto el modelado cuanto la pintura de las imágenes, no pueden ser más perfectos y han de llamar sobremanera la atención de cuantos admiren tan perfectos trabajos”

De la bendición del edificio terminado, da cuenta una breve crónica que recoge El Correo Español en su número del 7/06/1899. Relata en primer lugar lo más característico del edificio, su cúpula, su esbelta espadaña donde se localizan dos campanas y sus vistosísimos altares con sus imágenes. El acto, realmente se desarrolló en dos jornadas. El 1 de junio, tuvo lugar la bendición, a las cinco de la tarde presidida por el “Excmo Prelado que se dirigió bajo palio a la puerta de la nueva iglesia” rezo del Misere, de la letanía junto con un importante acompañamiento musical a cargo de la música de capilla de la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid que interpretó un Ave María. El día 3, a las ocho de la mañana y con un nutrido público, se oficia por parte del señor Obispo misa donde destaca “un religioso silencio impone aquella preciosa armonía de voces y de instrumentos que tanto gusto musical nos dejan” el sermón corrió a cargo del cura párroco D. Antonio Cantillo. Por la tarde continua el acto religioso con rezo del Rosario, Te Deum y canto de la Salve y finaliza con un banquete organizado por los patronos de la obra, los Sres. Sevilla.

 

Pero no sólo se bendecían imágenes y/o edificios religiosos, sino también nuevas instalaciones e industrias, como por ejemplo el alumbrado eléctrico y un molino harinero. En ese mismo número de La Lealtad se informa que con presencia del alcalde (en aquel momento D. Enrique Solá y Montedroso), autoridades locales, autoridades de Cuenca y amenizado por la Banda Municipal se llevó a cabo el acto de bendición de la puesta en marcha de dicho alumbrado, “el motor eléctrico está instalado en un molino movido a vapor, construido recientemente, y los empresarios del dinamo son los señores Galindo y Gil, que lo son también de la ciudad de Priego” En el discurso efectuado por el cura párroco “se hizo resaltar el adelanto y los beneficios que han de producir a la localidad la apertura de la fábrica harinera y la inauguración de la red eléctrica” todo el acto se cerró con un banquete con unos 200 comensales seguido de baile y “función dramática” con participación de “lo más selecto de esta juventud femenina” En otro medio El Liberal, se precisa que el acto comenzó a las seis de la tarde y que el alumbrado es público y particular.

Pero si queremos información más precisa de cómo era este primer alumbrado hay que acudir a la publicación Industria e invenciones en su número del 5/03/1898 “el alumbrado público comprende 70 lámparas de 16 bujías y 68 lámparas de 10, dividiéndose Tarancón en seis secciones cada una con su circuito, compuesto de tres cables aéreos colocados en postes de madera”